Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   El país como espectáculo     
 
 Ya.    08/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

El país como espectáculo

Don Manuel Fraga Iribarne escribe en "ABC": "Por el país se va extendiendo el progresismo. Todo lo

nuevo empieza a paracer bueno, sólo por serlo; todo lo establecido, sólo por estarlo, empieza a juzgarse

sospechoso. Vivimos en una época en la que la palabra "establishment", "establecimiento", se ha

convertido en una mala palabra. Los santos barrocos son echados de las iglesias, todo el mundo quiere

pintar abstracto, y en materia económica y política todo son "alternativas" y "nuevos modelos". El hecho

de que muchos de esos,"modelos" no sean tan "nuevos" y estén funcionando ya en Rusia o en Cuba es se

cundario. Lo cierto es que el modernismo, el pretender que todo tiene que ser renovado a la vez, es una

herejía, bien definida por los papas de comienzo de este siglo. Es claro que no defiendo la tesis contraria

de que todo lo nuevo es sospechoso; señalo el riesgo de un progresismo ilimitado.

La segunda cosa que observa el espectador es el triunfo comunista en la ocultación de sus debilidades y

en la denuncia de los problemas de sus contrarios. La verdad desnuda es que el comunismo ha sometido

por métodos violentos a un gran número de naciones; que si alguna intentó salir del cepo, como Hungría o

Alemania oriental, es sometida por los tanques rusos; que si se propone simplemente evolucionar hacia

una versión más humana y democrática del socialismo, como la Checoslovaquia de Dubcek, los tanques

intervienen también. Se dice entonces: pero eso ocurre en la Europa del Este; admiremos, en cambio, el

"eurocomunismo" de Italia y de Francia. Lo cierto es que el comunismo, donde no puede, se viste con la

piel del cordero; donde puede llega siempre a los mismos sistemas. En eso no se diferencian Rusia ,y

China, Polonia y Yugoslavia, Albania y Cuba; en todas partes existe un partido único, un control rígido

de los medios de´ información, y, lo más importante, no se puede salir del. paraíso artificial. El muro de

Berlín y los demás muros del "telón de acero" ahí están: no es posible marcharse, que es la libertad

humana final y más importante."

Una tercera observación del espectador es la insensibilidad ante las leyes económicas. Se propende a

creer que no están ahí tan reales como la ley de la gravedad. Todos sabemos que, salvo que vivamos

como los monos en la selva, para tener riqueza hay que trabajar. Las casa, los coches, los pasteles, hay

que hacerlos; si no se trabaja y no se ahorra no se puede vivir civilizadamente. Por otra parte, si se trabaja

menos, se produce menos; si uno vive a crédito, más pronto o más tarde hay que pagar. Todo esto son

verdades elementales. Sin embargo, da la sensación de que las olvidamos a diario.

Nos han subido el precio de la energía; tendríamos que trabajar más o consumir menos. Hemos decidido

lo contrarío. Ya sé que algunos piensan que mientras algunos vivan de la riqueza heredada y de sus

rentas, hay que seguir reclamando. El .sistema económicosocial necesita, ciertamente, reformas, pero eso

no destruye los anteriores razonamientos. La única forma de reformar el sistema es empezando por no

destrozarlo. El país no puede aguantar mucho tiempo en el actual ritmo de inflación y de déficit; es decir,

viviendo por encima de sus medios. En definitiva, tenemos que trabajar más, y en algunas cosas consumir

menos. Todo lo demás es hacer la conocida política del avestruz.

El mal estudiante, el clérigo díscolo, el funcionario que no cumple, critican la autoridad que les llama al

orden. Es necesario aclarar que las sociedades no pueden vivir sin un orden que les dé estabilidad, una ley

que se haga cumplir y una autoridad vigilante.

La democracia no consiste en que cada uno haga lo que le dé la gana; es un método para designar a los

gobernantes. No es aplicable a todos los tipos de autoridad: es ridículo que los alumnos elijan al profesor,

y la elección de los jueces ha dado lugar a resultados muy mediocres en los Estados Unidos.

El espectador (preocupado pon todo ello) se encuentra que en un país donde, gracias a Dios, todo el

mundo tiene mucho que conservar, nadie admite ser "conservador"; que no se levanta ninguna voz clara

para condenar la explotación comercial de la pornografía, y que el "destape" se presenta como un

progreso, justamente cuando, al mismo tiempo, se quiere dignificar a la mujer; con que se pretende, según

una vieja práctica celtibérica, pasar de un extremo a otro, al "opósito por diámetro" (que decía San

Ignacio) en un punto tan delicado como la moral sexual y en otros muchos puntos.

Hay dos públicos contemplando el proceso. Uno es el público de los medios de información, de ciertos

círculos internacionales, que mantienen una idea de que todo era malo, que todos los cambios son buenos,

y que cuanto más radicales y más rápidos, mejor. Hay otro público, que es el buen pueblo español, con su

larga experiencia, con su honrado instinto, ron su buen sentido, con algo de sorna también. Pienso que

hay que tener muy en cuenta a este público, más permanente, que sabe lo mucho que se juega en el

resultado, que eon razón desconfía de las improvisaciones de los exquisitos. Porque intuye que todos los

errores, todas las exageraciones, todas las improvisaciones, todas las prosas, es él quien va a acabar

pagándolas al final.

No es que carezca de importancia ver a una corporación pedir la amnistía total para los mismos que hace

pocos meses asesinaron a su ilustre presidente; o que determinadas publicaciones se hayan permitido

frases e incluso chistes de mal gusto sobre Antonio Oriol, mientras su vida está en peligro; o que Un día

se produzca una manifestación de guardias; o que Santiago Carrillo se pueda dar un paseo hasta

Paracuellos con sus guardaespaldas. Pero, repito, esa es la anécdota. Lo importante es lo otro: las ideas

básicas .sobre las que se desplaza la vida social."

 

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