Autor: Miquelarena y Regueiro, Jacinto. 
   Hoy regreserá a Londres Harold Macmillan  :   
 Son muchos los que piensan que hoy la reunificación alemana no le interesa a nadie. 
 ABC.    24/03/1959.  Página: 35. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

HOY REGRESARA A LONDRES HAROLD MACMILLAN

Son muchos los que piensan que hoy la reunificación alemana no le interesa a nadie

Londres 23. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) Después del acuerdo entre el presidente

Eisenhower y el primer ministro de Inglaterra sobre la conferencia de altura es evidente que la visita de

Macmillan a Nikila Kruschef da dividendos, no obstante el escepticismo desdeñoso de algunos

occidentales durante aquellos días y de la mar de fondo que se registraba en Washington. Macmillan creía

en su misión de descubierta y afrontó los riesgos de la impopularidad en los sectores del Oeste que le

atribuyeron el propósito de ir cediendo posiciones "a la Chamberlain". Vaticinar el futuro a base de

precedentes ´convertidos en dogmas y en lugares comunes no sólo puede figurar entre los más graves

errores da la política, sino también entre sus grandes desventuras. "La Historia—ha escrito alguien—es el

arte de vaticinar el pasado. Y la Historia no ha tenido tiempo aún, ni perspectivas, para juzgar el episodio

de Munich. Mientras tanto, el episodio de Munich continúa levantando impertinencias entre los ligeros o

los irresponsables. Este es, sin embargo, el momento más difícil para Macmillan. Debe reducir a lo

imprescindible la importancia de su viaje a Moscú. Son dos las rosones, por lo menos. En primer término

conviene que a los aliados de Inglaterra no se los fuerce a reconocer la mayor habilidad del Foreign

Office en el trámite liada la posible solución de un conflicto internacional grave; en las circunstancias de

hoy no sería inteligente subrayar la excesiva inclinación patriótica de la diplomacia francesa en la IV.

República, ni la tradicional y persistente inhabilidad de los alemanes para maniobrar en las Cancillerías,

ni la insensibilidad de la Secretaría de Estada más alejada de Europa, física y espiritualmente, de lo que

cree Washington. En segundo término queda la incógnita de Kruschef; la última palabra, que siempre es

la penúltima, de este monstruo de la versatilidad.

Lo que sabe Londres hasta ahora—o lo que supone—es que Macmillan, en Camp David, donde él y el

presidente Eisenhower se aislaron del mundo para otearlo mejor, desarrollaba su tesis partiendo, no de lo

que el Occidente puede hacer en busca de una solución al conflicto de Berlín y del futuro de Alemania,

sino de lo que "no" debe hacer en ningún caso. Cortaba así el camino de los recelos gratuitos. El Oeste

"no" debe retirarse del Berlín occidental porque lo entregaría inerme a su propia suerte. El Oeste "no"

puede aceptar el vacío que propone Rusia como zona neutra y libre en el centra de Europa, donde un

levantamiento del Berlín rusificado contra el resto de la ciudad sería más probable que en las

circunstancias de hoy. Conviene que el Oeste "no´´ admita, tampoco la retirada de tropas extranjeras, en

mayor o menor grado, si se teme que esta proposición conspira contra el equilibrio del poder entre las

naciones ocupantes. El Oeste, por último, "no" debe renunciar a la fórmula de la reunificación de

Alemania por la vía electoral libre, y "no" puede incurrir en el riesgo de ceder la protección de Berlín a

destacamentos del OTAN sin armas nucleares que compensen la superioridad numérica del ejército rojo.

Es difícil creer que los Estados Unidos no se sienten, a gusto en la amplia plataforma, de coincidencias

preparada por Mr. Macmillan. El más importante sacrificio puede ser la pérdida, hasta más adelante, de la

reunificación alemana, y Londres parece estar seguro de que el doctor Adenauer no pondrá ningún reparo

a la tendencia general de que Alemania continúe dividida. Aun que lo lamente, "Nadie—ha dicho

Kruschef también—quiere ahora la ramificación alemana; nadie, en absoluto."

Mañana regresará a Londres Mr. Macmillan. Le espera una fecha: la de las elecciones generales, no

decidida aún. Pendiente de "ese día" para proyectar sus sagradas vacaciones, media Inglaterra queda

maniatada, por las dudas del primer ministro y le retira, cuando menos, su simpatía.

J. MIQUELARENA.

 

< Volver