Hay que evitar la destrucción de África  :   
 África es complemento de Europa, imprescindible para su defensa, soporte necesario de su economía. 
 ABC.    31/05/1959.  Página: 83-86. Páginas: 4. Párrafos: 40. 

ABC. DOMINGO 31 DE MAYO DE 1959. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 83

«HAY QUE EVITAR LA DESTRUCCION DE ÁFRICA»

"ÁFRICA ES COMPLEMENTO DE EUROPA. IMPRESCINDIBLE PARA SU DEFENSA, SOPORTE

NECESARIO DE SU ECONOMÍA"

Texto íntegro del interesante discurso pronunciado por el Dr. Oliveira Salazar ante los dirigentes de la

Unión Nacional

El Dr. Oliveira Salazar, presidente de la Comisión Central de la Unión Nacional, pronunció hace días un

importante, discurso ante los presidentes de las Comisiones de Distrito del partido.

El jefe del Gobierno portugués analizo algunos aspectos de la actual situación internacional, consagrando

claros y concisos párrafos a la presencia de España, y de Portugal en la presente coyuntura.

Por su extraordinario interés reproducimos Íntegramente a continuación el discurso del Dr. Oliveira

Salazar:

"Señores míos: Consideré que podría ser útil aprovechar la presencia en Lisboa de los presidentes de las

Comisiones de Distrito de la Unión Nacional para decirles unas palabras sobre el momento político y

sobre algunos problemas de gobierno.

I. De política o, mejor, de la pequeña política doméstica, hablaré poco, porque los meses que hemos

pasado de agitación, exacerbación de pasiones e incitaciones a la sublevación y al desorden social han

debido ser suficientes para convencer a la mayoría de su esterilidad o de sus riesgos. Si el Gobierno se

estancase dejándose desviar de sus planes de acción, y las instituciones flaquearan en su estructura y en su

labor normal, y las autoridades no estuvieran atentas en 1a defensa del orden y del trabajo, y todos nos

hundiéramos en discusiones sin fin en los términos que nos han sido presentados, se vería cómo bajo

todos los aspectos se resentía la vida nacional: perdidas las seguridades sobre lo que hemos intentado, le

sucedería a la nación que se deja minar por la duda respecto a sus propios intereses y destino, y por este

mismo hecho se vería disminuida.

La serenidad con que el Gobierno se ha encarado con los sucesos de los últimos tiempos, incluso con los

más desagradables, prueba, en primer lograr, la seguridad de los principios Que defiende, y después, la

fuerza de que dispone para sustentarlos.

Con relación a los dos campos en que tales divergencias acostumbran a aclararse y decidirse—y se

intentaron esclarecer y decidir—, no quedará duda alguna respecto del lado en que quedó, la victoria.

Ello no significa que estén vencidas todas las dificultades. Hace ya mucha tiempo el Gobierno fue

prevenido de que en este año de 1959 se desencadenaría internacionalmente y contra los dos Estados de la

Península, una campana de la mayor amplitud y violencia. Que, en cuanto a nosotros, tal campaña se haya

aprovechado de acontecimientos internos o que en parte los haya preparado y dirigido, poco importa al

caso.

La hemos visto desenvolverse en numerosos órganos comunistas de la Prensa mundial, en los que le son

afines c incluso en aquellos en que, a pesar de tantos ejemplos poco animadores, hacen del comunismo su

seguro de vida.

VÍNCULOS SUBTERRÁNEOS Y PODEROSOS

He seguido con curiosidad el fenómeno. Un cualquiera, sin valor personal alguno ni categoría política,

coge aquí un motivo, y lo deformado o inventado, injurioso o infamante pava su propio país aparece

publicado en los mismos términos y con idénticas ilaciones en gran parte de ese mundo. Por lo tanto,

existen vínculos subterráneos y ciertamente poderosos que explican y aprovechan estos coincidencias y

complicidades. Abarcan áreas muy vastas de las sociedades modernas, y, exceptuando la parte que en la

acción se debe al comunismo, siempre despierto y activo, me inclino a admitir que son generalmente

extrañas a la actividad normal de los Estados. Con la misma sinceridad tengo que afirmar que esos

mismos me parecen cometer en este caso serios pecados de omisión.

Existen personas sencillas que piensan así: Nosotros constituimos una modesta nación que no disfruta de

índices elevados de riqueza, de producción o de niveles de vida, pero tiene sus cuentas al día, mantiene

libre el comercio internacional y los cambios con todas las naciones, asegura, el valor de la moneda y

sustenta con suficiencia su población. No pretende imponer sus ideas o instituciones políticas, no crea

dificultades a la vida ajena, no perturba la paz y colabora con lealtad en los organismos internacionales.

Ningún Estado tiene contra nosotros reivindicaciones, quejas fundamentadas, pretensiones a las que por

justicia debamos satisfacción. Trabajamos duramente y procuramos progresar lo más posible, sin buscar

abusivamente auxilios extraños, para elevar a nuestro pueblo y sin perjuicio de la solidaridad que nos une

´a los demás. Cualquier extranjero nos puede visitar, recorrer libremente el país, ver, indagar, informarse,

hacer por sí mismo una idea correcta sobre nuestra vida, y, si éste está libre de prejuicios, no debería

dejarse contaminar en sus conclusiones por los odios políticos que se dan en todos los países, y tampoco

recurrir ¡t ellos; mucho menos, aceptarlos y considerarlos expresiones objetivas de la vida ajena.

Entonces, ¿cuál es la razón de estas campañas, que, a primera vista, aparecen desprovistas de sinceridad y

de verdad?

Es ingenua esta manera de pensar en los tiempos de hoy y en lo que se refiere al caso portugués. En la

base de nuestra vida colectiva, tal como la comprendemos, la organizamos y pretendemos vivirla, existe

un fuerte substrato ideológico del que dimana, que la explica y sostiene, y sostiene incluso en gran

medida la propia realidad geográfica que es la nación portuguesa. Tocamos así un punto esencial para la

comprensión del asunto: este abrazo mortal que se dibuja y que cada vez más afecta a Occidente no puede

cerrarse sin que la Península quede envuelta en él y queden deshechos todos los valores de cohesión y

creación de los respectivos pueblos—de cohesión para que se mantuvieran íntegros, de creación para que

se proyectaran en el futuro— Quien pensara que se traía de preferencias por dosis mayores o menores de

democracia o de liberalismo, de cambios de gobernantes, del interés de clases todavía en mala situación o

injustamente tratadas, no ve la cuestión en toda su amplitud. Esos pueden ser los medios, no son los fines.

Lo que se intenta es desintegrar los valores eficientes de una civilización y liberalizar posiciones

esenciales pura avances necesarios en otras direcciones.

LAS FUERZAS PSICOLÓGICAS SUSTITUYEN A LAS ARMAS

Me gustaría cerrar este capítulo con una frase del Evangelio: "Quien tenga oídos para oír, que oiga", pero

no puedo concluirlo sin llamar la atención sobre lo siguiente: Este tipo de guerras llamadas psicológicas

sustituyen hoy a las luchas armadas, pero solamente pueden conseguir los mismos objetivos sí la nación

no tiene templados los nervios como es necesario. No digo que no sean también necesarias las armas,

pero es necesario empezar por tener un ánimo fuerte, seguro de su verdad; quiero decir, una doctrina, una

conciencia, la decisión de no dejarse vencer. Acostumbrados como nación, desde hace siglos, a mandar en

nuestra casa, no consideramos que fuesen oportunas las interferencias extrañas que apoyan a los

elementos antinacionales del interior. ¡Resistir! ¡Resistir! Y no es necesario nada más para que amaine la

tempestad y se nos haga justicia.

II. Uno de, los sucesos de los últimos meses—y vamos a olvidar otros semejantes, un poco extraños—,

uno de esos sucesos merece, por su importancia, referencia especial. Aludo a las dificultades que

pretendieron crearnos con Brasil a propósito de un más que simulado refugio político. Haré notar

especialmente dos cosas: una, la ligereza con que conocidos sectores procuran transplantar al campo de

las relaciones internacionales sus irreductibilidades en política interior y hacen llamadas a Gobiernos,

extranjeros para que los coloquen en el Poder; otra, la idea de que por ese camino suscitaban un conflicto

entre Portugal y Brasil, como si el afecto que liga a los dos pueblos les permitiera mantener alguna

esperanza. Se suponían, como dije, el afecto de hermanos, y también grandes intereses recíprocos.

Cuando reflexiono sobre la grandeza pujante y el futuro del Brasil, como los de la mayor parte de los

países de la América Central y del Sur de los que el Brasil puede ser una especie de consejero y guía, me

parece lo siguiente: el mayor mercado de la producción de estos países es y continuará siendo, por el

poder económico y la proximidad territorial, la América del Norte. Aparte de las dificultades que surjan

de vez en cuando relativas a los precios de las materias primas y artículos de primera necesidad

procedentes de Centro y Sudamérica, dificultades que no pueden ser resueltas si no es en el plano de lo

mundial en virtud de la competencia comercial y política existente, corresponde, naturalmente, a los

Estados Unidos dar el principal apoyo económico y financiero a toda aquella área. En el estado actual de

la economía de esas naciones, e incluso atenuada la presión existente en el sentido de rápida e intensa,

industrialización, la mayor fuente de capitales y las mayores posibilidades de absorción de los productos

están, por el momento, en la América del Norte y no en otras partes, aunque Europa esté lejos de

desinteresarse de aquellos mercados.

FORMACION LATINA DE LOS PAÍSES AMERICANOS

Sin embargo, sucede que, si económicamente se puede decir que la supremacía corresponde allí a los

Estados Unidos, la formación espiritual, la religión, la lengua de aquellos países es latina y, más

exactamente, portuguesa, en cuanto a uno; español, en cuanto a los demás. Si el alma con relación a los

pueblos vale algo, y si la formación se liga a la sangre que corre por las venas, existe así un vasto sector

de relaciones que habrá de establecerse en otro sentido, y éste es el de la Península Ibérica, puente

obligado de paso para la restante latinidad. Sin perjuicio de un mercado común, si llega a ser establecido,

y de las más estrechas relaciones políticas en el continente americano, ni Brasil ni las Repúblicas

sudamericanas desearán tan pronto—y sería una pena que un día lo hagan—desligarse de sus orígenes,

olvidarlos o menospreciarlos. Y, dada la tendencia y necesidad de la formación de grandes bloques, unos

de intereses económicos, otros de afinidades espirituales, nada se impone más claramente que el

planteamiento de una larga política iberoamericana que además está delineada triangularmente en la

comunidad luso-brasileña en el bloque peninsular, en las íntimas relaciones de España con las Repúblicas

sudamericanas.

Para ceñirnos a lo que especialmente nos atañe, puede ser que haya algunos portugueses y también

algunos brasileños no perfectamente conscientes del valor de esa política; pero aquellos que elaboraron en

el Brasil el tratado que creó 1a comunidad—porque veo en ello la primera fórmula—, ésos sabían bien

que estaba abierta ante los dos pueblos una larga acción si, prestándose un mutuo apoyo, querían

dedicarse a ella.

En cuanto al Brasil, me parece que, mantenida como debe ser la unidad política, refrescada la sangre con

la incorporación de elementos demográficos idénticos a los dominantes en su población, consolidada la

formación espiritual que proviene de sus orígenes, se crean las condiciones para un desenvolvimiento quo

no tiene limites. Y por lo que afecta a Portugal, ¿qué interesa Portugal al Brasil?

Cuando se mira la inmensa costa brasileña y se valora su peso y dominio potencial en el Atlántico Sur, ha

de comprenderse que no es el Portugal continental solamente el que puede bastar para asegurar la vida y

la expansión del Brasil, sino el Portugal que comprende la vasta extensión de sus costas africanas, sus

puertos y bases, su presencia y su peso en el continente negro. Sólo así surge ante nosotros un vasto

espacio marítimo en que el ascendente luso-brasileño es innegable por las extensiones terrestres que lo

delimitan y los medios defensivos de que dispone. Pero es evidente que cualquier clase de reticencias en

relación con el Portugal ultramarino no puede encuadrarse ya en esta construcción.

Hay ideas que necesitan tiempo para madurar en la conciencia de los pueblos, para que pesen su alcance y

vara que pueda verse hasta dónde llegan sus consecuencias. Cuando recuerdo que hace años que venimos

ocupándonos de las minucias de la concordancia ortográfica y que muchos problemas culturales, jurídicos

o económicos todavía no han .podido ser resueltos a pensar de la innegable buena voluntad de todos, ha

de reconocerse que o se les presta la conveniente base política o no conseguirá para ellos una solución

válida.

A ÁFRICA LE PRENDEN FUEGO DESDE FUERA

III. Las últimas consideraciones me llevan a afrontar, aunque sea brevísimamente, los problemas de

África. Literal-mente, África arde; arde incluso en las fronteras portuguesas, ¿Y por qué arde

África? No pensemos que es por combustión interna, por la fatalidad de un movimiento histórico que

arrastre a sus poblaciones a la rebeldía, a la subversión, a la forzada dispersión e independencia; arde

porque le prenden fuego desde fuera. (En la época de calamidades en que vivimos parece que ya nadie

tiene reparos en aceptar la acción subversiva de ciertos Estados que, al mismo tiempo, se dicen pacíficos

y pretenden vivir en paz con los demás en la comunidad internacional. Todo se da cuenta como

contribución a la formación de un nuevo mundo.

Al referirme a África no hablo de los Estados norteafricanos ni de los que tienen independencia desde

antiguo, como Etiopía, que son un problema aparte. Me refiero al África del sur del Ecuador cuya

soberanía ha sido confiada a les Estados europeos.

Los problemas que se suscitan pueden enumerarse así:

Primero. - Repetiré una vieja idea, generalizada hoy, según parece: África es el complemento de Europa,

imprescindible para su defensa, soporte necesario de su economía. Esto quiere decir que gran parta de la

potencia europea puede perderse con los territorios africanos o, lo que es lo mismo, que Europa pueda ser

vencida en África.

Segundo. La economía, la instrucción, la organización administrativa de muchos de esos pueblos

africanos están progresando con seguridad. Pero poniendo a un lado el alto valor intelectual de algunos

dirigentes que se han rebelado, esos pueblos no presentan, teniendo en cuenta la población nativa, ni

cuadros, ni técnicos suficientes y no disponen de capacidad económica propia para sostener una

independencia solvente o progresiva.

Esto significa, en tercer lugar, que esos pueblos, en ,el caso de no contar con el posible apoyo de las

antiguas naciones soberanas, tienen ante sí sólo dos alternativas: la regresión o la sumisión a nuevos

dominadores.

Económica y políticamente, el problema envuelva las más graves consecuencias. Como los capitales

privados no se sentirán atraídos por situaciones precarias e inestables, y los fondos internacionales

gratuitos serán naturalmente, escasos, esos nuevos Estados pueden sentir la tentación, de resolver las

dificultades recurriendo a la solidarización general de los medios de producción y al trabajo esclavo. Y

aunque las condiciones sean muy diferentes de Rusia y de China, en que quizá habrán de inspirarse,

podrán in-tentar los mismos procedimientos. Entonces a la regresión y a la sumisión a otros dominadores

habremos de añadir, al menos corno perspectiva posible, un África comunista con las consecuencias

políticas que de ahí de derivarían.

El papel que los Estados comunistas han desempeñado en esta campaña de África no precisaría más que

una referencia al primer punto citado anteriormente para ser explicable. Todo In que sea disminuir,

debilitar, desintegrar las fuerzas de Occidente está dentro de sus objetivos e intereses inmediatos. Pero si,

como hemos visto, pueden utilizar el nuevo estado de cosas para instalar sus poderosos medios de acción,

fomentar otras desintegraciones, dominar hasta donde sea posible la economía y la dirección política, el

comunismo puede extender de hecho su dominio y crear nuevas formas y zonas de colonización.

WASHINGTON DEBE DEFINIR SU POLÍTICA AFRICANA

Es una pena que, teniendo Rusia y los diversos Estados asiáticos una política con respecto a África, los

Estados ´Unidos no se hayan encofrado en condiciones de definir la suya, tan claramente como ellos,

porque no es política seguir los acontecimientos, sino evitarlos o dirigirlos. Esta definición, en caso de no

oponerse a la de la Europa occidental, a la que los Estados Unidos están aliados, seria, por sí misma un

factor decisivo de tranquilidad en el continente africano. Y, en el caso de ser posible que mediante esta

definición los Estados Unidos molestarán a algunos, pondré de relieve que, para los pueblos como para

los individuos, hay, momentos en la vida en que es necesario elegir.

Estas reflexiones son para nosotros. No creemos que convenzáis a los agitadores adoctrinados, para los

cuales cualquier independencia, incluso nominal, es de una importancia tal que supera a todos los bienes

de la tierra. No tiene que respetarse cuando es infundado, pero tiene que reconocerse la fuerza de ese

idealismo, si es ayudado, desde fuera, como lo es, y no contrariado desde dentro, como debe ser.

Tal como están las cosas, en la actualidad, los problemas de cierto número de países con

responsabilidades en África no son solamente los de la dirección de una economía lo más próspera

posible, los de la educación del pueblo llamado a participar juntamente en las riquezas del país, los de la

administración de los intereses colectivos, los relativos a la integración en fuertes grupos políticos que

constituyen por sí solos una garantía de continuidad de los progresos conquistado». No. De lo que se

traía, y con carácter inmediato, es de salvar a África del ataque combinado de esos intereses a que me he

referido y evitar su destrucción a través de fórmulas que sabemos le serían. fatales. Para facilitar la acción

es necesario que apliquemos una política sincronizada en los territorios del África Central y Meridional.

En la campaña de descrédito a que aludí al principio de mis palabras, es evidente que el Portugal de

Ultramar también ha sido tratado con especial amargura.

Nuestra pretendida incapacidad colonizadora, la deficiencia de capitales, la falta de dinamismo en la

producción, la lentitud de difusión, «le la enseñanza, los salarios bajos, la deficiencia de las medidas

sanitarias y muchas cosas parecidas se leen actualmente no sólo en las críticas ligeras de la Prensa diaria,

sino en discursos formales, conferencias, tesis universitarias y Memorias de Institutos internacionales. La

generalización indebida de los casos individuales que nosotros mismos denunciamos para escarmiento de

las autoridades subalternas o de los particulares responsables, es uno de los métodos seguidos; las

comparaciones estadísticas, no aconsejables por la disparidad de condiciones y de los elementos

confrontados, es otro. Ninguno de !os estudios que pude compulsar, ni traía de cierto aspecto de la vida

ultramarina portuguesa, ni le atribuye significado alguno.

Ese aspecto es el siguiente:

Nunca hemos pensado en negar el atraso relativo de algunas regiones ni las deficiencias de algunos

servicios. Es evidente la insuficiencia de las carreteras y de los puentes, de los hospitales y de las

escuelas, y hasta de los elementos de la Policía y de las fuerzas armadas. ¿Por qué milagro, entonces, se

mantiene la paz desde Timor a Cabo Verde y todos pueden observar la tranquilidad con que viven las

poblaciones fin estos territorios? ¿Por qué es posible atravesar de cabo a rabo Angola y Mozambique,

contando siempre con la buena disposición del nativo y su fraterna ayuda, fundamentada en su

portuguesismo? ¿Por qué dice el nativo de Angola o Mozambique que se concentra en cualquier país

extranjero, que es portugués? ¿Y por qué. sin haber salido nunca de su tierra natal, sabe que es portugués

y que aquello también es Portugal?

Estos hechos demuestran que no se trata de pretender reducir a índices económicos toda la obra

colonizadora; significa que hay una obra de comprensión y efectividad humana que, a través de los

tiempos y de las generaciones, va creando una convivencia interrancial de valor inapreciable, convivencia

que es el fundamento sobre el que es posible resolver los problemas africanos y sin el que ninguna

solución es posible. Y ésa es nuestra convicción, y más que convicción, esa es nuestra manera de ser; y es

por esa razón por la que, aunque los valores espirituales sean despreciados por una civilización que

pretende vaciarse de su contenido, nosotros seguimos contando con ellos.

También tenemos que contar con las circunstancias exteriores, si fueran capaces de alterar la calma de la

población, y el orden y el trabajo en las regiones ultramarinas deL territorio nacional. Contra estas

circunstancias tenemos que luchar con todos los medios apropiados.

Al final de la guerra teníamos fuerzas de alguna importancia en Angola y Mozambique. Nunca me

consolé del hecho de que fueran evacuadas. Mi empeño, que las circunstancias del momento un dejaron

cumplirse, era que pasasen muchos miles de jóvenes portugueses por aquellas tierras. Mucho: hubieran

arraigado allí, aumentando con 1a población activa las posibilidades de defensa de una parte importante

de la oficialidad, que hubiera podido comenzar su formación en territorios que debemos al sudor de los

colonizadores y al heroísmo de los conquista dores. Bajo la influencia de la grandeza

de estos territorios y de sus poblaciones volverían más grandes y, si es posible mayor número de

portugueses.

Estamos considerando las posibilidades de solución de estos problemas de acuerdo con las condiciones

actuales y las necesidades del momento. Aunque es cierto que la defensa más eficaz es la confianza

recíproca y la solidaridad de las poblaciones del mundo portugués, actualmente tenemos que estar

presentes como siempre, y ahora más vigilantes que nunca. El carácter de los acontecimientos recientes y

vecinos puede haber destruido algunas ilusiones, pero dejó incólume un hecho que podemos considerar

permanente en nuestra historia ultramarina: en ausencia de influencias extrañas, los portugueses de

cualquier raza y color no acostumbran a desviarse y siguen en paz su camino.

DIFICULTADES ECONOMICAS DE PORTUGAL

IV. El tiempo que me había destinado está finalizando, y por eso no profundizaré en un punto que tenía

intención de tratar. El momento económico que atravesamos presenta tanto en el orden nacional como en

el internacional, dificultades que nos preocupan, y hubiera sido necesario referirnos a ellas. Además, en

los años que se dedicarán al segundo plan de Fomento puede desarrollarse fácilmente una argumentación

de tendencia demagógica, que convendría prevenir. Las decenas de millones de costos en que se traducirá

no beneficiarán a los portugueses, sino a las industrias extranjeras. En todo su volumen no asegurarán

aquí el trabajo, ni deben provocar un alza sensible de los salarios, ni darán antes de su vencimiento una

posibilidad de distribución de las tierras irrigadas. La mayor parte de las inversiones están destinadas a

dotar al país de las infraestructuras necesarias para una organización del trabajo más correcta, y

productiva, y con ello una distribución más equitativa de la renta nacional. A pesar de estas necesidades,

se han llevado a cabo grandes esfuerzos para equilibrar estas aplicaciones, de modo que hubiera desde

este mismo momento utilidades o comodidades para incorporar en gran medida a la vida de los

portugueses; pero esto, naturalmente, no altera en gran parte las resultantes a que hemos aludido

anteriormente.

Si me fuera posible mentirles, no diría esto, pero ésta es la verdad. La indecisión que hoy caracteriza la

vida de todas las naciones conscientes de la necesidad de distribuir entre los. pueblos mayores fuentes de

riqueza, pero paralizadas ante la perspectiva de tener que consumir en gastos de defensa buena parte de

ella, limita la vida de todas, y, por lo tanto, la nuestra. Si de estas reuniones internacionales pudieran salir

unas posibilidades de soluciones pacíficas, el mundo las bendeciría. Desgraciadamente, como pudimos

comprobar" hace poco, cambian los escenarios de la guerra o de la agitación, pero la paz está lejos de

nosotros. Tengan que luchar o no, las generaciones actuales son generaciones sacrificadas, y es evidente

que lo serían todavía más en el caso de que los Gobiernos descuidaran la defensa de las naciones. Pero, en

lo que se refiere a estos problemas, los Gobiernos, conscientes de su responsabilidad, no son libres.

ES NECESARIA LA EXISTENCIA DE UN GOBIERNO FUERTE

Por la presión de éstos o aquellos problemas, algunos de los cuales han alcanzado una sutileza

desconocida en épocas pasadas, la vida de los Gobiernos es angustiosa y la dirección de los pueblos muy

difícil. A medida que se agravan o multiplican las dificultades, la organización política y los procesos de

gobierno van evolucionando, con e1 objeto de buscar una línea de adaptación a estas dificultades y un

rendimiento más seguro. Cada vez es más necesaria la existencia de un Estado fuerte, de un Gobierno

fuerte. Si analizamos la parte del mundo que permanece fiel teórica y prácticamente a las instituciones

que nos legó el siglo XIX, veremos cómo está reducida frente a aquellos Estados en que, por uno u otro

caminos, se han buscado soluciones de salvación o de progreso. Al comprobar este hecho no debemos ser

calificados de miedosos, retrógrados o de aferrados a fórmulas primitivas, sino de avisados y prudentes,

por haberlas descubierto y aplicado a tiempo.

Es evidente que el conjunto Gebierno-pueblo exige, para la buena marcha cíe la vida nacional,

comprensión y confianza recíprocas. Y exige que cada uno de nosotros tome sobre sí la parte de sacrificio

que le corresponda en la terca colectiva. Hace muchos años, en Braga, al indicar las difíciles tareas con

que teníamos que enfrentarnos para poder llevar a cabo la obra de revalorización nacional, pregunté que

quiénes tenían la valentía de acompañarnos. La inmensa multitud que me escuchaba respondió al unísono:

"Todos". Desde ese momento, algunos habrán sentido demasiado el peso que se habían echado sobre los

hombros o los habrá parecido que la esperanza de mejores días estaba lejana o era excesiva la confianza

otorgada y, por esa razón, han decidido suspender o alterar su ruta. Pero la gran masa de los portugueses,

consciente de lo que representa la integridad material y moral de la nación, ha venido, muchos incluso

con el sacrificio de sentimientos o soluciones por los que combatirían convencidos, ha venido, decía, a

darnos su apoyo y colaboración. Y, si a todos esos yo preguntara ahora si desertamos o proseguidos, con

el mismo entusiasmo responderían: "Proseguimos". Por esta razón, nuestra marcha nunca tendrá

detenciones ni retrocesos."

 

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