Autor: Aznar Zubigaray, Manuel. 
   Francia: el fantasma de la guerra civil     
 
 ABC.    30/01/1960.  Página: 34. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

«FRANCIA: EL FANTASMA DE LA GUERRA CIVIL»

En el número de "Blanco y Negro" de hoy, sábado, nuestro ilustre amigo y compañero D. Manuel Aznar

publica, con el titulo que antecede, un agudo estudio de la -patética situación política de Francia. No

podemos, como seria nuestro deseo, reproducir íntegramente ese admirable trabajo periodístico, pero

copiamos a continuación dos párrafos elocuentes:

"Por tercera vez, en menos de dos años, Francia está amenazada de guerra intestina. Hay barricadas

francesas en las calles de Argel, y enfrente, haciendo fuego a discreción, fusiles también franceses. Corre

la sangre de los muertos y de los heridos. Massu se somete a disciplina. ¿Irá al Senegal, a la Martinica, a

una guarnición alsaciana? No sé si un íntimo anhelo o una razonada convicción, o ambos estímulos a un

tiempo, me dicen que De Gaulle conserva lo que llamaríamos "su capacidad de milagro", y que ahora,

como antes, evitará la tragedia de una guerra civil en Francia. Dispone todavía de una autoridad inmensa

y de una superior lucidez intelectual. Su voluntad sigue siendo rigurosa. Y estoy seguro de que alguna

honda voz salida de las profundidades del alma francesa le conjura para que no permita que el hermano

guerree contra el hermano, la familia contra la familia... Hay extraordinarios trances históricos en que la

guerra civil es el trámite inexorable y único de la salvación de un pueblo. Francia, para su bien, no ha

llegado a ese dramático cruce de caminos. Desde las cimas de Larrún o de Peña Plata, en mi tierra

fronteriza, miro hacia las cercanías amadas de mi niñez, y pienso que aún hay en acuellas tierras

tranquilas, cruzadas de ríos sosegados, regados de lluvias acompasadas, protegidas por castillos de sin par

elegancia y por catedrales de serena belleza, muchas galerías de experiencia, muchos tesoros de sabiduría,

y que no es posibZe imaginar a los franceses renunciando airadamente a todo ello.

Como europeo, como español, nada me produce en esta hora más espanto qué la posibilidad de ver al

pueblo francés en guerra civil. Las consecuencias, a la larga, podrían ser tales para toda Europa que ni

siquiera me decido a imaginarlas. Tiene Francia una nueva e insigne misión europea que cumplir. Mis

votos se encienden por su paz, y llevan a mis amigos de más allá del Pirineo este mensaje: "Os preside

una espada ilustre, y tenéis un Ejército capaz de amparar una vida de honor y de patriotismo en tan alto

grado que podáis olvidar las dificultades y las decepciones pasadas. Tenéis, pues, motivos concluyentes

para la confianza."

 

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