Compas de espera     
 
 ABC.    30/01/1960.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

COMPAS DE ESPERA

A pesar de las declaraciones del general De Gaulle, más fuertes en el "modo" que en la "cosa", el

conflicto de la Francia metropolitana con Argelia continúa sujeto a lo imprevisto; a eso que llamaban los

romanos la "vis major"; la fuerza mayor, el caso fortuito, De Gaulle da soluciones (todas ellas limitadas al

plan del 16 de septiembre), pero no da formulas para alcanzar sus soluciones. Se ha expresado sencilla y

claramente, pero le ha faltado decisión castrense. Dice, por ejemplo, "vuestro deber es restablecer el

orden", y añade: "pueden ser varias las formas que sé empleen para que la ley sea respetada". Lejos de su

ánimo el ultimátum a los rebeldes. Está convencido de que la "autodeterminación" es la única política

digna de Francia". Pero, ¿está igualmente convencido de que esa autodeterminación daría mayoría a la

Argelia francesa? Un millón y pico de europeos mezclados con nueve millones de musulmanes son muy

pocos europeos para arriesgar la consulta popular.

El general De Gaulle exige como militar la disciplina. "Ningún militar, so pena de grave delito, debe, en

momento alguno, asociarse, incluso pasivamente, con la insurrección." El general De Gaulle debe, por lo

visto, estar seguro de que las elecciones darían un resultado favorable a la integridad de Francia. No

piensan así los argelinos.

Lo cierto es que la situación, no mejora y sigue siendo incomprensible. ¿Por qué, al condenar la

insurrección, se ha dado lugar a que ella se afiance y a, que el Ejército argelino se comprometa en ella?

¿Por qué no se tomaron medidas antes de que la insurrección se desparramara violentamente?

La solución de autodeterminación que De Gaulle reitera ni siquiera es agradecida por el Gabinete Abbas.

Y nos encontramos con la posibilidad de una internacionalización, que es indudablemente lo que al jefe

del Estado francés más preocupa y lo que aviva sus nobles esfuerzos para resolver el problema sin

quebranto de la unidad de su Patria. Parece claro que los rebeldes musulmanes quieren conseguir la

independencia de Argelia mediante una votación en las Naciones Unidas que condene moralmente a

Francia. Creen que el tiempo trabajaba por su causa y que —como dicen en Washington—tarde o

temprano Argelia será un Estado tan independiente como la Guinea de Seku Ture. No es posible que De

Gaulle contemple con la misma frialdad la posible secesión de Argelia que la de Mali o Madagascar. Y,

además, el drama de Francia a todos nos afecta, porque Argelia es una provincia suya que Europa entera

necesita para su economía.

El discurso del jefe del Estado francés no ha satisfecho a los políticos argelinos que forman el fraudulento

Gobierno en el exilio. Creen que hubiera debido lanzar un ultimatum a los "ultras". Los cuales, por su

parte, se han soliviantado de nuevo, y en Argel se manifiestan airadamente, por las calles, contra De

Gaulle.

Hay, sin embargo, un punto trascendental en el discurso del jefe del Estado francés cuando habla de la

repercusión desagradable que ha provocado y seguirá provocando la rebelión de los integristas o

"antiautodeterministas" en las naciones occidentales. La paradoja es patética: una coalición que dentro de

la ONU sostuviese teóricamente las soluciones que ofrece para Argelia la V República, redundaría en

beneficio de los designios de los nacionalistas musulmanes. Como amigos de Francia, como europeos,

como occidentales, esperamos que la "vis major" imprevista resuelva el magno problema que tienen ante

sí los inteligentes políticos del país vecino y amigo.

Las reacciones al discurso del general De Gaulle vendrán en las próximas veinticuatro horas, tanto entre

los políticos como entre los militares; en la Francia metropolitana como en el Norte de África,

Hay que desear que este "compás de espera" calme los ánimos y avive el sentimiento de solidaridad

nacional.

 

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