Autor: Azancot, Leopoldo. 
 Con libertad y en equipo. La oposición. 
 El Lobo y el cordero     
 
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EL LOBO Y EL CORDERO

PRÁCTICAMENTE, todo el mundo está hoy en la oposición: tanto la derecha y el centro como la izquierda. ¿No da esto que pensar? A mí, al menos, sí, pues ¿acaso los intereses del lobo son conciliables con los del cordero? Este matrimonio contra natura hará la desgracia de uno de los cónyuges...

La derecha sabe siempre lo que se trae entre manos —por eso exactamente: porque lo tiene cogido y no lo suelta—; la izquierda, en cambio, es más bien platónica: busca los arquetipos y deja escapar lo que estima apariencias (la liebre concreta, difícil de atrapar, hábil en la huida). En el caso concreto que nos ocupa, la derecha sabe que su inferes está en oponerse. «¿Por qué?», debe preguntarse la izquierda.

A mi parecer, la respuesta es muy simple: Franco ha hecho una política de derechas de cara al presente y una política de izquierdas de cara al futuro; ha fortalecido el capitalismo, pero ha creado unos sindicatos mediante los cuales, y en un futuro próximo, los obreros podrán enfrentarse en igualdad de condiciones a los capitalistas, sin necesidad de recurrir a la revolución, ni incurrir por ello en un alicaído reformismo. Contra esto es contra lo que se opone la derecha. Esto es lo que los hombres de izquierda debemos defender hasta el fin.

Planteado así el problema, pasemos revista ahora a los dramatis personae de la oposición.

MONÁRQUICO DE TODA LAYA: Buscan el regreso a 1930, ya que no se encuentran con fuerzas para remontarse a 1500. Sueñan con los fastos «democráticos» de la Restauración...

MIEMBROS DEL INSTITUTO SECULAR: A su libro de cabecera no hace falta refutarlo, basta con citarlo; a ellos no hace falta difamarlos, basta con presentarlos. No parecen advertir que su fuerza radica en que constituyen un grupo de presión. _y se afanan suicidamente. por hacerse con todo el poder.

NEOCAPITALISTAS DE CENTRO-IZQUIERDA: Su ideal es la democracia formal, pero inoperante, con unos sindicatos domesticados, que subordinen las exigencias —sólo subsidiariamente económicas— de sus miembros a las del desarrollo económico de la «nación»...

DEMÓCRATAS-CRISTIANOS: «Me opongo, Juego existo.» Son agujeros forrados de acero: hoy, marxista; mañana...

SOCIALISTAS: Forman un minipartido doméstico, con vacaciones pagadas en USA. No representan a nadie (o mejor, se autorrepresentan, 10 que viene a ser lo mismo).

FALANGISTAS DE IZQUIERDA Y CATÓLICOS PROGRESISTAS:

Se inclinarán hacia el comunismo si la derecha consigue imponer una involución hacia posturas pre-republicanas.

COMUNISTAS: Conscientes de que en un país desarrollado —económica, política y socialmente— la revolución es imposible, hacen todo lo que pueden por sabotear la unidad sindical y por conseguir el endurecimiento del Ejército y la vuelta de la monarquía.

ANARCOSINDICALISTAS: Conservan la nostalgia de 1936. Pero el tiempo es irreversible. Por otra parte, en un nuevo 1936 sólo podrían oponer a las mismas fuerzas de entonces un batallón de fantasmas.

LEOPOLDO AZANCOT

 

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