Autor: Herrera, José Luis. 
   ¡Gundisálvese quien pueda!     
 
 Informaciones.    21/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

21/12/1976

Informaciones

El español asomado

¡GUNDISALVESE QUIEN PUEDA!

Por José Luis HERRERA

Un hecho, a cualquier luz repugnante — el secuestro del presidente del Consejo de Estado, ha dado

ocasión para un comentario, notabilísimo, como suyo de don Gonzalo Fernández de la Mora: «Todo esto

dice el ensayista de toda una época nacional— revela un evidente vacio de Poder.» "No hay serenidad —

añade— que pueda atenuar la seriedad de los hechos." Y concluye: «Se impone un enérgico cambio en el

rumbo del Estado.» Ni siquiera en un caso como este, en el que los españoles de a pie —calcen el número

que calcen— se limitan a manifestar su asco y su repulsa, conviene a don Gonzalo la condición de vulgar

español de a pie. No. Él aprovecha la oportunidad para obsequiarnos, además, con el corpúsculo de su

ideología. Lo cual, sin duda, es de agradecer, sí, señor. Y entonces resulta —para que se lo apunte en su

apretada agenda, cuando menos, el presidente del Gobierno— que aquí al Poder, como a aquella señora

tan melodiosamente descrita por Pepe Pinto, donde se te encuentra es tirado, el pobre, en la calle. Porque

cuando unos desgarramantas del terrorismo hacen la hombrada de sorprender la normalidad con su

personal y política anomalía, no es que haya desgarramantas, no. Es que eso "revela un evidente vacio de

Poder".

Con la responsable intención de ahorrar energía, en cuanto sea posible, atrasemos tres años el reloj. Otra

manada terrorista, "en pleno día y en el centro de la capital" —para emplear palabras de don Gonzalo—

convirtió en trágico proyectil al coche donde viajaba el entonces presidente del Gobierno, almirante

Carrero Blanco. ¿Qué opinaba entonces don Gonzalo, que, por cierto, era ministro de Obras Públicas,

mire usted por dónde? Pues veamos lo que opinó, porque, como diría su tocayo, y sin embargo gran

poeta, Berceo, «dizlo la scriptura»: «Licinio de la Fuente redacta un proyecto de alocución, en el que

intervino un poco Fernando de Liñán. El presidente en funciones la tomó como esquema, como la tomó

Gonzalo Fernández de la Mora, quien la refunde y añade un párrafo muy brillante...» «Incluso hay una

discusión. Fernández de la Mora le dice (a Fernández-Miranda) que cuando habla de que el ejemplo

vivo... la firme serenidad... y la nobleza... encuentra en el Gobierno... debe decir encuentran, en plural,

que es el castellano correcto.» Don Torcuato Fernández-Miranda le contestó con una frase de esas que

hibernan al más pintao: «Es igual. No importa. En estos momentos voy a hablar en español y no en

castellano.» Como diría Donoso Cortés: ¡Jo, qué corte!...

Todo eso que hay ahí, con excepción de la referencia tendenciosa a Donoso Cortés, se narra o transcribe

en un libro: "La crisis: historia de quince días.» Su autor, Joaquín Bardavío, no ha sido demandado por el

señor Fernández de la Mora. Y entonces resulta que la serenidad, porque se habla, como ustedes habrán

visto, de la serenidad— era en aquella ocasión mucho más válida que en esta. Que la barbaridad terrorista

era eso: una barbaridad. Y que el Poder estaba entonces —¡pues no faltaría más!— en su sitio y no como

ahora, descoyuntado, tirado y echado a perder, mientras el sollo imponente que debiera cobijarlo está

desoladamente vacio... Todo lo cual permite una definición más precisa y clarificadora. Porque aquí no

hay contradicción —¡qué va!—, sino sutileza, alado tránsito de matices, sólo alcanzables para quien

disponga de un rifle ideológico con alza corpuscular. ¿Saben ustedes qué es un vacio de Poder? Pues

aquella circunstancia en que, sacudida la convivencia por un violento acto de terrorismo, la imprevisión

de la Presidencia del Gobierno priva al pueblo de la intervención de don Gonzalo Fernández de la Mora

en la corrección de estilo y mayor brillantez de la nota, oficial, que, como es debido, hay que transmitir al

país. Así de sencillo. ¿O es que alguien había pensado otra cosa?

Aunque, eso si, lo del "enérgico cambio de rumbo en el Estado" ya es otro cantar. Porque el rumbo no es

como el Poder, al que puede encontrarse en la calle. Y la energía, tampoco. Eso está vaya usted a saber

dónde. Le he preguntado a un flamenco amigo mio, y dice que él tampoco tiene idea. Claro; como que

desde hace unos años, en la metafísica, como en Flandes, se ha puesto el sol. No me ha hecho caso. Y le

he dejado cantuñeando algo parecido a esto: «¡Que Fernández de la Mora con Sánchez Verde se quita!»

 

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