Una inmensa multitud aclamó al Jefe del Estado     
 
 Madrid.    01/10/1971.  Página: 1,20. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

Una inmensa multitud aclamó al Jefe del Estado

Desde primeras horas de la mañana una inmensa multitud fue congregándose en la plaza de Oriente de Madrid para sumarse al homenaje nacional al Jefe del Estado con motivo del XXXV aniversario de su exaltación a la primera magistratura de la nación. Representaciones de toda España han acudido al llamamiento hecho por las autoridades madrileñas A las doce y media en punto el Jefe del Estado acaréelo en el balcón principal de Palacio. La muchedumbre prorrumpió en vivas y aplausos. Cinco minutos aproximadamente fueron precisos para que se hiciera el silencio. Una estruendosa ovación y clamor de vítores rompió el "Atención: habla el Jefe del Estado." El discurso, de diez minutos, fue interrumpido en quince ocasiones por la multitud. Durante todas sus palabras prosiguieron las voces y señales de adhesión.

Palabras de Franco

"Españoles:

Habéis llegado desde todos los confines de nuestra geografía para uniros a la población de Madrid y dar testimonio público de fidelidad en una fecha especialmente significativa pira todos. (Aclamaciones

(Mientras Dios me dé vida y claridad de juicio seguiré empuñando el timón del Estado»

de "¡Franco, Franco Franco!") Hace hoy treinta y cinco años echasteis sobre mis hombros la responsabilidad de conduciros a la victoria y a la paz y progreso de la nación. (Aclamaciones de "¡Franco, Franco, Franco!") Desde entonces, periódicamente, venís reiterándome vuestra asistencia y confianza.

¿Cómo expresaros toda la gratitud que siento ante manifestación tan grandiosa y conmovedora? (Prolongada aclamación ) Como he hecho siempre, hablandoos con el corazón y proclamando en breves palabras lo que a todos nos me y lo que a todos Importa: España, nuestra España, a cuyo servicio desde entonces se consagró mi vida. (Grandes aclamaciones de "¡Franco, Franco, Franco!")

Y en ese lento y continuo caminar, la fuerza más honda, que me ha ayudado a afrontar las dificultades de esa larga entrega, fue precisamente vuestras reiteradas pruebas de confianza y de lealtad inquebrantables. Todo esto ha podido realizarse porque Dios ha estado a nuestro lado, conservándome a través de los años mi salud y clarividencia. (Gritos de "¡Franco, Franco, Franco!")

Hoy estamos hablando en esta gran plaza abierta a la luz del sol y a la de la Historia como podríamos hacerlo en los momentos cumbre de estos treinta y cinco años transcurridos. Sabéis que al iniciarse estos siete lustros de mi jefatura nacional partimos de una España físicamente rota y moralmente convulsa. La tarea común fue reconstruir, potenciar al máximo y desarrollar nuestros recursos y valores de todo orden. Así hemos creado una España nueva, con otro rostro y otra piel. (Prolongados aplausos.)

El avance de la nación ha quedado de manifiesto en las cifras que registran nuestras estadísticas, que acusan la elevación efectiva del nivel de vida en la población española; en el aumento de ésta, que pasa de 26 millones de habitantes a 34; en la renta por cabeza, en la producción agraria, en la repoblación forestal, en la producción de carnes y leche, en la transformación en regadíos, en la producción pesquera, en la energía eléctrica, en la flota mercante, en la producción de acero, en la construcción de viviendas, en la producción de cemento, en el aumento de teléfonos, en los embalses construidos, en el Seguro de Enfermedad y sus grandes instalaciones, en el comercio exterior y el turismo, que creando nuevos puestos de trabajo que alcanzan la cifra de 3.837.000 demuestran el progreso logrado en todos los órdenes. (Prolongados aplausos y aclamaciones de "¡Franco, Franco, Franco!")

Pero todo esto no basta. A diario hay que recordar que el enemigo no ha desaparecido, que el peligro continúa amenazando al mundo entero, y que esta España de hoy la hemos logrado gracias a la fidelidad a unos principios que proclaman la fe en España como unidad de destino en lo universal y unidad firme entre sus tierras y sus hombres, dirigida a aumentar cada día sus posibilidades y las de sus pueblos en todos los aspectos de la vida social, con un auténtico espíritu de igualdad de oportunidades.

Por el mantenimiento de esos principios que hoy son más actuales que nunca, por esta convivencia nacional es necesario seguir luchando sin descanso y a la vez con fortaleza y generosidad. (Gritos de "¡Franco, Franco, Franco!") El enemigo intenta dividirnos porque sabe que una España dividida sería una España vencida. Eso es lo que no podemos olvidar. Por mi parte quiero una vez más aseguraros que mientras Dios me dé vida y claridad de juicio seguiré empuñando el timón del Estado al servicio de la unidad, la grandeza y la libertad d e nuestro pueblo. (Prolongada ovación y aclamaciones de "¡Franco, Franco, Franco!")

Dije, y lo he cumplido, que todo quedaría atado y bien atado para el futuro. La seguridad y continuidad del Régimen se ha reforzado no sólo por la adhesión a las personas, sino por el perfeccionamiento sin pausa de estructuras y cauces legales antes. A ellos deben atenerse los españoles todos y decir no y mil veces no a cualquier arbitrismo que pretenda hacernos volver al anárquico punto de partida. No debemos olvidar que el pueblo que no aprende de la Historia está condenado a repetirla.

Nuestro sistema representativo es más sincero y fiel que el de los viejos tinglados políticos que venían suplantando la voluntad nacional. En él lo único que no cabe son los partidos políticos. El pueblo se mueve en el área en que vive y que más le interesa: la familia, el Municipio y el Sindicato, que conoce y en la que discurre. Su integración en las Cortes de la nación, a través de estos cauces, ha demostrado su eficacia en los años transcurridos.

Estad tranquilos, que conforme mi vida futura se reduzca caminan las previsiones de la sucesión de nuestras leyes, encarnadas en el Príncipe de España, entregado totalmente a nuestro Movimiento y a las instituciones que continuarán funcionando. (Gran des aclamaciones de "¡Franco, Franco, Franco!" y "¡Viva el Príncipe!")

Españoles todos, habéis acudido a dar un sí rotundo a vuestro Capitán de estos treinta y cinco años de tarea común. Expresemos todos nuestra fe en el presente y el futuro de España con una afirmación que sea el resumen de nuestros afanes de servirla: ¡Arriba España!"

(Una prolongadísima ovación y aclamaciones de "¡Franco, Franco, Franco!" acogieron las palabras de Su Excelencia el Jefe del Estado.)

(Fotos Barahona.)

 

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