Autor: Echalar, Ignacio de . 
 ABC en Lisboa. 
 La prensa subraya la importancia del viaje a Madrid de Matías  :   
 Portugal y España, por boca de sus ministros, han confrontado los sentimientos fraternos de los dos pueblos, dice Diario de Lisboa. 
 ABC.    19/02/1960.  Página: 32-33. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

A B C en Lisboa

LA PRENSA SUBRAYA LA IMPORTANCIA

DEL VIAJE A MADRID DE MATIAS

Portugal y España, por boca de sus ministros, han confrontado los sentimientos fraternos de los dos

pueblos", dice "Diario de Lisboa"

Lisboa 18. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) No ya cualquier profesional del periodismo, sino

incluso el simple lector de periódicos medianamente avisado y despierto, distingue perfectamente cuándo

uña información . obedece al mero imperativo de la actualidad y en consecuencia el diario la incluye,

diríamos mecánicamente y "en frío", y cuándo las noticias, respondiendo a temas y problemas que están

en el interés y en las predilecciones del lector y de la propia publicación como intérprete de esas actitudes,

llevan por lo tanto una carga, fácilmente perceptible, de sentimiento, de humanidad y de emoción. Este es

el caso exactamente, del noticiario que los periódicos portugueses han venido publicando durante estos

días sobre la estancia en Madrid del ministro de Negocios Extranjeros del Gobierno de Lisboa, embajador

Marcelo Matías. La minuciosidad de las informaciones, la íntegra transcripción de los importantes

discursos que se han cruzado entre el ministro lusitano y su colega español Fernando María Castiellá, el

relieve de los titulares y su emplazamiento en la cabecera de las primeras páginas, han sido sintonías

inequívocos del alcance y de la importancia que ésta tan vivaz y sensible Prensa portuguesa, adjudicó a la

gratísima visita del doctor Marcelo Matías a nuestra capital.

Los momentos culminantes, las horas más gratas del apretado programa de nuestro ilustre huésped, se han

registrado en las páginas de los grandes rotativos de manera singularmente amistosa y cordial. Tanto la

audiencia del Jefe del Estado al ministro, ocasión especialísima en el orden político que el embajador

Matías había señalado previamene en sus declaraciones como uno de los alicientes principales de su

desplazamiento, como la firma del Acuerdo aduanero y fronterizo peninsular, como la visita al Valle de

los Caídos, fueron noticias que obtuvieron aquí un eco fraterno en todos los órganos de información y de

opinión.

Y es que entre españoles y portugueses después de la irrevocable hermandad suscitada por nuestra guerra

y tan heroicamente vivida en los frentes de batalla, los actos que son en otras circunstancias y

condiciones, más o menos protocolarios y normales, adquieren una autenticidad en su realización y en

sus intenciones literalmente insuperable. Porque cuando el embajador Marcelo Matías, el ministro del

Gobierno Salazar, depositaba una corona de flores en la tumba de José Antonio como símbolo

insuperable de todos aquellos que entregaron su vida a la causa española, europea, occidental y cristiana

de nuestra Cruzada, rendía un homenaje a la sangre portuguesa y, de esta manera, a su propia sangre y a

su propia estirpe, puesto que en aquella hora dramática y angustiosa en la que estaba en juego la

supervivencia de una civilización que España y Portugal crearon, por caminos diferentes pero paralelos,

el ejemplar y generoso voluntariado de les "Viriatos" supo escribir una página de abnegación y de coraje

que ningún español bien nacido podrá olvidar jamás.

Oportunísima y de la mayor clarividencia política fue la alusión que Fernando María Castiella hizo en el

discurso del Palacio de Viana a la gigantesca figura dé Antonio Sardinha, recordando su profética

anticipación del Bloque ibérico, en las páginas rigurosas y patéticas de toda su obra, y, muy

especialmente, en las tan justas y admirables de "A Aliança Peninsular". En 1930 se publicó este libro

excepcional en España, prologado por Ramiro de Maeztu y traducido por el marqués de Quintanar, quien,

precisamente, sugirió ahora la idea de conmemorar con una lápida en el cabo Bojador—idea cuya

realización anunció en su discurso Castiella—la epopeya del infante Don Henrique.

Cuando contra viento y marea, el genio político de Antonio de Oliveira Salazar, decidió tomar público y

resuelto partido de la gran pugna española, empezaba a perfilarse una comunidad peninsular que, como

dice "Diaria da Manha", pertenece ya a la historia. En un comentario aparecido estos días, afirma el

órgano de la Unión Nacional que la colaboración entre los dos países está cimentada en una política de

intereses recíprocos a la qué mucho debe el mundo libre, en la medida en que esa colaboración frenó el

avance del comunismo sobre Occidente. El viaje del ministro de Negocios Extranjeros es para el

mencionado periódico, un nuevo y expresivo testimonio de ese espíritu y de esa política y servirá para—

entre los escollos de la hora presente—reforzar esa línea, no sólo en beneficio de los dos países amigos,

sino de la propia supervivencia de una civilización amenazada.

Entre las diversas consideraciones que estás jornadas de cordialísimo diálogo hispanoportugués suscitan a

la Prensa, ofrecen interés singular las palabras del vespertino "Diario de Lisboa", periódico de eran

dinamismo y agilidad, al que sus ideas, sinceramente liberales y democráticas, en nada estorban una noble

y patriótica dedicación a todo lo que represente las grandes constantes de la política nacional. Y, en

consecuencia, a la causa del entendimiento peninsular y amistosas relaciones políticas entro Portugal y

España. Se equivocaría gravemente quien pensase que la irreversible realidad de este encendimiento es un

hecho circunstancial sin profundas raíces. Después de unas acertadas reflexiones de carácter histórico,

"Diario de Lisboa" subraya que, una vez más, Portugal y España, por boca de sus ministros, confrontaron

los sentimientos fraternos de los dos pueblos, y tanto Marcelo Matías como Castiella, encontraron el tono

caluroso que corresponde a hermanos, a los que la naturaleza dio la misma talla, el mismo genio y el

mismo ideal.—Ignacio DE ECHALAR.

 

< Volver