Autor: Miguel Rodríguez, Amando de. 
   La oposición no convencional     
 
 Madrid.     Páginas: 1. Párrafos: 18. 

Por AMANDO DE MIGUEL

Se habla estos días, cada vez más, de la oposición. No es por casualidad. Como es sabido, desde siempre ha habido aquí una oposición, que llamaremos "histórica", bastante menos efectiva que el Gobierno y que me inclino a creer que hubiera sido derrotada dé haberse presentado a unas elecciones con distintas candidaturas, exposición de programas, etc. Su lenguaje, maneras, estilo y literatura no pueden competir con la apariencia moderna de los nuevos tecnócratas. Pero no es de esa oposición de lo que quiero hablarles

Tampoco he de partir del conocido esquema de oposición leal-desleal. Este dilema vale en una democracia clásica, pero no en un régimen autoritario tan sul generis como es el español, y así lo reconocen diversos autores.

Quiero enfrentarles, traumatizarles si es posible, con el nuevo y radical planteamiento de lo que todavía es simiente, embrión, pero tenárá pronto plena viabibilidad fisiológica. Me refiero a la oposición noconvencional.

Entre Lisboa y París

Juan Ferrando, entre otros, ha vuelto a poner en guardia a las gentes del "establecimiento" con su idea de la nueva forma de oposición. Tengo para mí que éste es el reconocimiento de un hecho que arrolladoramente se nos impone: un modo no convencional, distinto, más bien joven, de encararse con los acontecimientos políticos. Son pocos los que se "oponen" resueltamente a las soluciones dadas. Pero muchos mas los que "disienten" de ellas.

Vaticinar la aparición y tí triunfo de esa nueva oposición es fácil. En la historia política se sigue normalmente la ley del mínimo esfuerzo y por ello es simple adivinar su curso. Si la adivinación no se produce es porque molesta que vaya en con. tra de ´ciertos intereses ya creados y fosilizados. Pero es bien evidente que aquí se impone una salida equidistante de ]a de Lisboa y París. No puede ser de otra forma.

En casi todos los da. tos que recortan nuestra situación .económica y social estamos donde la geografía nos colocó: superamos la lánguida perspectiva de nuestro entrañable Portugal, pero no llegamos a alean, zar la brillante posición de nuestra admirada Francia. En política, "ídem de ídem", que diría el castizo madrileño. Esa visión de los problemas que se sitúa sntre el postsalazarismo y el postgaulllsmo es exactamente la que se impone aquí con ineludible realismo. Hace más de un año me refería yo en una entrevista para "Nuevo Diario" (1) (¿quién lo podría imaginar hoy?) que estábamos entrando en la etapa posfranquista. Esta es la gran responsabilidad que a los hombres públicos compete. Para ayudar a sobrellevarla van redactadas estas lineas de ahora. La oposición no-convencional, aparte de ser numerosa y de "disentir", se caracteriza por dos cualidades que le prestan una gran significación: la independencia del "Poder decisor" (vide Infra) y la competencia profesional. Son gentes distintas, poco conocidas, más de provincias que de Madrid, que han he. cho dinero, han escrito cosas, han trabajado bien en sus despachos públicos o privados, han encallecido sus manos, han viajado un poco por ahí, se han preocupado de leer lo que han podido, todavía no han comprometido su voto. Es la gente que sabe de la vida de sus semejantes, que no sale nunca en los telediarios, o los discursos, pero tampoco acude a las grandes reuniones en la cumbre de la "oposición histórica".

Los cinco Poderes

La oposición histórica me merece sin duda todos los respetos, por la desproporción tan grave que ha tenido que soportar entre Ilusiones y medios, por la ejemplarizad moral de sus figuras más representativas. Pero como comentarista político he de decir-, que siempre ha interpretado la realidad con visión un tanto ingenua y con una mlajilla de apriortsmo. Esto en política es poco eficaz. Concretamente, ha luchado inútilmente contra el fantasma de! un único Poder cuando son varios los poderes de hecha, escasamente coincidentes, que tnodelan el " estable, cimiento". Me referiré a estos cinco:

1. El Poder decisor; esto ee, los políticos profesionales que encarnan al Estado, se gastan en las decisiones política», envejecen con ellas.

El Poder disuasor del Ejército, que solo interviene cuando se altera gravemente el orden público y por ello e» un poder "Invisible", pero indiscutido por todos.

3 El Poder legitimador, que en España lo representa la jerarquía eclesiástica, puesto que se trata de un Estado y un país católico.

t. El Poder gestor de la Administración, la rutina burocrática. Se trata de "la Intendencia", como decía el otro día un editor liberal (que los hay).

5. El Poder espectador, silente, de los grupos de opinión. Es "el respetable" en la jerga teatral. Es variable, tornadizo y lo forman los´ aficionados puros, pero también la • claque.

La capacidad de imponer decisiones de cada uno de estos poderes es siempre distinta y desigual. La oposición debe convencer a cada uno con diferentes razones, medir sus respestivas fuerzas en cada momento.

Llamada a la sensatez

Pero por encima de quien mande en cada orden del Poder, la suprema realidad en un país moderno o que se apresta a serlo es la suma de los hombres y mujeres sin ambiciones políticas, que tienen que vivir cada día, que no entienden de discursos, que les parece que todas las biografías de los nuevos cargos son las mismas y que, en definitiva, les da lo mismo el azúcar que el ciclamato. Háblese con ellos y se verá que no les preocupa gran cosa >y con razón, qué demonio) lo que digan los titulares de los periódicos.

A pesar de su notorio y esperanzador afán de parecer "diáfana", lo cierto es que la información oficial sigue siendo poco elocuente. La vía del rumor sigue funcionando, y ahora mejor que nunca. No es preocupante que existan rumores, sino que los rumores se confirmen.

Las páginas de los periódicos, y no digamos los programas nacionales de la TV., siguen refiriéndose a un mundo Irreal en el que los políticos siempre tienen la razón en todo lo que hacen, los problemas parecen siempre estar resueltos. Lo sano en política debe ser el reconocimiento de los problemas que quedan por resolver. No se han dado todos los pasos para ase reconocimiento.

Se impone una llamada a la sensatez. Que no ocurra que un personaje político dimita o sea "relevado" sin que podamos saber qué es lo que iba mal con su actuación. Que no se hagan homenajes a las personas que son nombradas para un cargo sin que terminen su mandato Qué los gestores de la cosa pública no sólo toleren malhumorados las críticas a los problemas que les compete, sino que acojan esas críticas y expliquen con detalle con qué dificultades se encuentran.

En estos días la oposición no convencional, inexperta y poco entrenada en política, se hace diversas preguntas que apenas trascienden el ámbito de las con. versaciones privadas. "¿En qué se concreta la política del nuevo Gobierno? ¿Qué se ha pensado para aumentar las exportaciones? ¿Cómo se va a solucionar la especulación del suelo? ¿Cuándo se reconoce a los países del Este y a Israel? ¿Cuándo se va a lograr que las distintas corrientes de opinión se expresen verdaderamente en esos grandes medios que a todos pertenecen y que son la TV. y la llamada Prensa del Movimiento? ¿Qué va a pasar con las bases norteamericanas? ¿Qué es de los obreros que tuvieron que dejar Gibraltar? ¿Por no hemos ingresado en el Mercado Común? ¿Cómo puede haber proyectos de ley que se han gastado a lo largo de varios años y a los que más o menos el mismo tipo de personas que los hicieron han opuesto ahora miles de enmiendas?" Sé de sobra que nadie va a contestar a estas preguntas, pero son las que se hacen cada día muchos españoles responsables, no-convencionales. Es mi deber advertirlo.

(1) Véase "Nuevo Diarlo", 1 de marzo de 1968. Exactamente dije entonces, y asi lo escribió ese fabuloso periodista Que es José Carlos Clemente: "Lo que va a pasar (después de Franco) es lo que está pasando ya. Sociológicamente hemos entrado en el posfranqulsmo, como los franceses han entrado ya, y así lo dicen ellos constantemente, en el posgaulllsmo. >E1 posfranquismo) es el Gobierno de las fuerzas que han apoyado a Franco, pero sin la legitimidad de haber ganado una guerra civil. En consecuencia, esas fuerzas tienen que gobernar necesariamente con más dureza que el propio Franco y con más éxito económico, Incluso. Pues de lo contrario no serian aceptados. (El posfranquimo) será el régimen más de derechas que ha tenido España desde Fernando VII".

 

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