Autor: Ferrando, Juan. 
   Sin oposición no hay política eficaz     
 
 Madrid.    18/11/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

SIN OPOSICION NO HAY POLITICA EFICAZ

Por JUAN FERRANDO

En los últimos dios de noviembre, dos catedráticos tía Derecho Político de la Universidad de Madrid se han referido—directamente, uno, e indirectamente, el otro—al tema central de nuestro desarrollo político; el de la oposición.

El profesor Sánchez Agesta, con ocasión de la apertura de curso de un Colegio Mayor, en Granada, ha dicho que "en la- existencia de una oposición real radica la solución del dilema amoridad-libertad". Poco después, el profesor Fernándet-Miranda, ya ministro secretario general del Movimiento, se ha referido a éste entendiéndolo —tal y como prescribe la Ley Orgánica del Estado—como la totalidad del pueblo español en comunión con los principios promulgados por la ley fundamental del 17 de mayo de 1958. La L. O. del E. institucionaliza o constitucionaliza el Movimiento y, con ello, institucionaliza también—aunque indirectamente—a todas las corrientes, fuerzas o grupos doctrinales integrados en el Movimiento, en e» período de la guerra civil, y también integraría, constitucionalizándolos, virtualmente, a las nuevas fuerzas sociales y políticas de las nuevas generaciones que acepten la legalidad establecida. Las únicas fuerzas que el Movimiento margina son las que tienen vocación totalitaria. Dice el profesor Fernández-Miranda con rotundidad: "El que pretenda, por las razones que sea, descalificar, separar, lanzar excomuniones y bendiciones, en afán de monopolio, excluir a éste para afirmar al otro, todo lo que es en el pensamiento ¡oseantoniano, separatismo, que rompe la solidaridad nacional, me tiene. enfrente." Ello lleva implícito el reconocimiento del pluralismo político: unos, en el Poder, gobernando, y otros, ejerciendo la crítica y preparando una alternativa de Gobierno en ia oposición.

En efecto, el desarrollo político de todo régimen libre necesita de una «posición institucionalizada. Es imprescindible como complemento de la función de gobierno, pues sin ella difícilmente se ejercerá la función de control, de crítica constructiva, necesaria para que se puedan adoptar decisiones políticas eficaces. La naturaleza imperfecta de los gobernantes exige la «portación de todos en la adopción de decisiones para que se puedan subsanar sus deficiencias mediante la crítica y el control El diálogo, la crítica, es la base de la política y de la democracia.

Es más, cada sistema y régimen (sean liberales, autoritarios o marxístas) deben segregar su propio modelo de oposición. Pero en todos ellos,-para que la oposición sea funcional, ha de ser "leal y no desleal", como lo es en Inglaterra la "leal Oposición a su Majestad". Por ello ha de actuar "dentro del sistema y no fuera de él". Pero para poder exigir a la Oposición un comportamiento funcional y no subversivo no se le ha de obligar a compartir principios rígidos ni ideologías cerradas.

Se impone una amplia legalización de la oposición para que pueda existir el diálogo de los que deciden, desde el Poder, y de los que, desde la sociedad, controlan y fiscalizan su comportamiento mediante una lea! oposición en el marco de las instituciones.

Para ello se exigen estas tres previas condiciones: 1) denominador político amplio; 2) reconocerle a la oposición carta de naturaleza política, y 3) establecer amplios cauces adecuados de actuación.

Peligro de inmovilisno o de corrupción

Sin el mecanismo de la oposición falta uno de los dos términos de la relación política: los que mandan y los que fiscalizan. Sin ia oposición, la vida política de las instituciones corre el peligro de morir de asfixia, de caer en el inmovilismo o en la corrupción. Hay que prever cauces adecuados para la acción de las diversas fuerzas políticas en la gestión fiscalizadora y de control político. Todo el pueblo debe participar en la conducción de sus destinos dentro de su marco constitucional. Los enriquecimientos, las mejoras y las modificaciones que cada circunstancia y cada coyuntura aconsejen introducir en las instituciones políticas deben realizarse a través de cauces eficaces. Sin ellos las instituciones de cualquier régimen quedarán anquilosadas por falta de renovación y actualización. Si así sucediere, las normas constitucionales serían abiertas, no rígidas. "Lo que ciertamente implica su progresiva evolución, pero no puede implicar en ningún caso su irresponsable destrucción." En esa evolución se debe prever que "las diversas corrientes de opinión suscitadas por la vida real, por las ideas políticas, por los problemas sociales y económicos encontrarán creciente campo en el que debatir serenamente sus respectivos pareceres", como indicó, en su día, el mismo Jefe del Estado ante las Cortes.

Asociaciones políticas

¡Pero cuáles pueden ser los posibles cauces que un régimen democrático exige para que se ejerza la oposición leal? Se acude a la asociación política, que puede ser tan constructiva como las otras múltiples formas en que se realiza la sociabilidad humana. El consensúa político o fundamental implica la aceptación de las instituciones, pero admite las discrepancias sobre las decisiones políticas concretas.

Desde el año 1966 nuestro ordenamiento legal posee la pieza capital de la ley de Prensa, que ofrece una cierta posibilidad de expresión a esas diferencias de criterios inseparables de toda sociedad viva.

Todo régimen, tras las experiencias propias y las ajenas, tiene que encontrar su fórmula propia que, dentro de su marco constitucional, posibilite el ejercicio eficaz de la acción fiscalizadora y de control.

 

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