Oposición y presidente del gobierno     
 
 Informaciones.    10/10/1970.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

OPOSICIÓN Y PRESIDENTE DEL GOBIERNO

EL, tema de te oposición (por vía especulativa) y el de la provisión del puesto de presidente del Gobierno (por vía de rumor) han sido últimamente debatidos con amplitud en la Prensa. Concretamente, los diarios Yo», en comentarios editoriales, y «Pueblo*, en un artículo de su director, primero, y en un editorial, después, se han ocupado de la oposición, de tu posibilidad, delimitación y conveniencia.

POR más que el tema de la oposición -panática sea un axioma con reglas muy claras en muchos Estados, conviene en este caso ser reiterativos, por cuanto aún existen sectores en el país que interpretan el termine oposícións en sti sentido más literal y no en tu acepción estrictamente política.

TNTERCAMBIOS de opiniones sobre este asunto, como el deparado en estos días por ios colegas antes citados, concurren en una evidencia que es el único punto de partida posible; oposición no es sinónimo de subversión; más aún: nada tienen que ver la una con la otra, por cuanto operan en distintos planos. La oposición es el contrapeso, tí control, de una determinada manera de ejercer un poder constitucional (Gobierno). La subversión, por el contrario, no opera sobre el Gobierno, sino sobre el Estado, sobre tu soporte constitucional.

EL papel de la oposición tiene un neto carácter de colaboración: fiscalizando, controlando, sugiriendo e incluso respaldando en un momento determinado a un Gobierno, en función siempre de la buena marcha y estabilidad del Estado. Todo esto es sencillamente obvio y elemental.

AHORA bien, cada Estado precisa- de su oposición idónea, y España necesita instrumentar la suya. Cualquier recelo previo estaría injustificado e implicaría no ya dudar de la madures política del pueblo español, sino de la eficacia y valer de las insttucíones que están funcionando Las Leyes Fundamentales que conforman nuestra Constitución —una «Constitución abierto», según palabras del propio Jefe del Estado- ofrecen una amplia gama de posibilidades a este respecto que sólo esperan ser desarrolladas.

POR lo pronto, toda la renovación legislativa en ciernes (ley Sindical, Reglamento de las Cortes, ley de Régimen Local, ley Electoral y asociacionismo político) implica la posibilidad de articular, si se quiere una oposición, un control del ejercicio gubernamental completo y eficaz.

TNTIMAMENTE conectado con el tema de la oposición se encuentra el de la provision del cargo de presidente del Gobierno, que prevé la ley Orgánica del Estado, y sobre el que también se ha ocupado la Prensa en estos días. Al margen de rumores y listas de futuribles, la separación de funciones entre la Jefatura del Estado y la presidencia del Gobierno ayudará notablemente, cuando se materialice, a crear esa necesaria oposición y a eliminar temores infundados.

NO pocos hombres políticos en los últimos años de cicla española íian identificado su adhesión a las Leyes Fundamentales y a la indiscutible autoridad del Jefe del Sstado con su adhesión a determinadas medidas concretas del Gobierno.

SIN necesidad de pecar de exceso de optimismo o euforia política, parece que todo lo antedicho está perfectamente comprendido y asimilado a nivel de ciudadanía, de «hombre de la calle». Oposición dentro de la legalidad constitucional fia otra no es tal. sino mero prnblema de orden público i y presidente del Gobierno son los dos remates del edificio político español, y el país los espera. Ahora bien, no olvidemos que ambos remates pan a estar fuertemente condicionados por el acierto o desacertó con (fue se ultimen las reformas legislativas, que, como antes apuntabamos, nos deparará el presente curso político.

EN cualquier caso, no parece existir razón fundada para que se aborde la culminación de nuestro proceso politiíco y constitucional con cautelas, temores o recelos. Las Instituciones —insistimos— funcionan- dejémoslas caminar y completarse.

 

< Volver