Autor: Luca de Tena y García de Torres, Juan Ignacio. 
   La doctrina y la liturgía     
 
 ABC.    25/04/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA DOCTRINA Y LA LITURGIA

Por Juan Ignacio LUCA DE TENA

Los viejos vivíalos de recuerdos, i los memoriosos viejos recordarán, como yo, la actitud política de A B C con la segunda República española. Durante su vigencia, este periódico fue sancionado con dos suspensiones gubernativas de muchos meses, una incautación de años y, mientras duraron las dos primeras, con el encarcelamiento de su director: el que este artículo escribe.

No era, en verdad, nuestro diario un modelo de adulación al régimen nefasto de los años treinta. Pues bien: durante un período en que ABC se publicaba cintre suspensión y suspensión, surgió en el mundo un conflicto internacional, precursor, entre otros, de la segunda guerra europea del siglo XX. Por entonces, el director de ABC visitó en su residencia oficial a un ministro de la República con el que más relación personal le unía. Era la primera vez, desde la proclamación de aquel régimen, que yo entraba en un despacho ministerial. El político visitado por mí vive todavía y Dios le conserve la vida muchos años. A través de los tiempos ha dado pruebas de no tener mucha memoria, pero es posible que recuerde el episodio que voy a relatar. Cuando, respondiendo a su cortés invitación, me senté frente a él, le dije que, si mi curiosidad no era indiscreta, deseaba saber el criterio del Gobierno español ante el grave conflicto internacional que acababa de «urgir.

— Su curiosidad no e» nada indiscreta—respondióme amablemente.

A continuación me confió lo que yo deseaba saber. Y acabó preguntándome a su vez:

—¿Pero por qué le interesa a usted tanto conocer el pensamiento del Gobierno de la Repiíblica sobre este asunto?

—Señor ministro: porque en cuestiones internacionales no quiero que ABC tenga otra postura que la del Gobierno de España y voy a defenderla ea el periódico, aunque yo no la comparta. Asi lo hice.

Todo lo que antecede viene a cuento de probar que no he cambiado de criterio durante los treinta y siete años transcurridos ante la insólita visita que cuatro políticos españoles, llamados "de oposición" (?), acaban de hacer en Madrid al ministro d« Relaciones Exteriores de un país extranjero oficialmente invitado. No e« para mí fácilmente comprensible ni disculpable que irnos hombres, que han tenido y pretenden tener una responsabilidad en los asuntos del Estado, vayan a contarle sus opiniones, contrarias al Gobierno y régimen de España, al representante de una de las naciones que más nos ha ayudado y está ayudándonos en nuestra incorporación a Europa, con la agravante de que esto se produce cuando ya estamos a punto de ingresar en el Mercado Común, después de largas y laboriosas gestiones diplomáticas.

No. La ropa que haya que lavar debe lavarse en casa.

A mí me parece muy bien que todos y cada uno de los españoles expresen sus opiniones políticas, ya sean acertadas o equivocadas, en la Prensa nacional o en una tribuna española, pero frente al extranjero, a costa del prestigio internacional de España y con peligro para la economía de España, lo encuentro incorrecto, por no decir, ya que sería exagerado, dada la alcurnia intelectual y personal do los visitantes del ministro alemán, sencillamente demencia!.

No hace nuclios días, en un acto scmipúblico, le dije yo a. uno de los cuatro visitantes que me consideraba su correlijionario por coincidir en lo fundamental con su doctrina, pero que no estaba de acuerdo con su liturgia. Y hablar mal de las cosas de España en idioma extranjero y a un gobernante extranjero se me antoja litúrgicamente tan insólito como si hubiera oído en la parroquia de la Concepción de Madrid una misa rezada en chino.

 

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