Autor: Rojas-Marcos, Alejandro . 
   Nuevo gobierno: ¿nueva oposición?     
 
 Madrid.    07/11/1969.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Nuevo Gobierno: ¿nueva oposición?

Por ALEJANDRO ROJAS-MARCOS

"Renunciemos, de una ver para siempre, a la vana esperanza de que nos venga dada la sola explicación valedera y la sola conclusión sencilla. Cada uno de nosotros deberá sacar sus propias conclusiones y tomar sus propias responsabilidades; las conclusiones comunes y con. contantes no podrán salir sino de una discusión que necesita libertad de expresión," (Del Manifiesto de las Dos Mil Palabras de los Ciudadanos Checoslovacos.)

NO es explicable que la Historia pueda un día referirse a lo que dará en llamarse Régimen del General Franco sin analizar una faceta importante de todo sistema político: la oposición.

La guerra civil enfrentó a dos grandes grupos de fuerzas heterogéneas, unidas, .en cada campo, sobre iodo, por la negación de lo que el adversario significaba. Los vencedores han sostenido esa coalición durante más de un tercio de siglo, ayudados principalmente por el liderazgo de un mismo hombre y por el disfrute de! poder.

De la contienda surgió una oposición beligerante que ya nunca pudo dejar de serlo; una oposición vencida, a cuyo carro quedaron atados hombres y programas de aquella hora, estancados en el tiempo por el trauma del choque y que no recibieron más cuartel que Ja clandestinidad y el exilio. Una oposición cuyo objetivo era, en cierta medida, revanchista y cuya razón de ser no era otra- que la beligerancia en la campaña. Una oposición condenada, por su origen, a morir en el tiempo, a no tenei herederos y sin otra misión de futuro que la de ofrendar su pasado a !a Historia para, a beneficio de inventario, servir de provecho a venideros.

UN día, nuevas generaciones y nuevos vientos trajeron una oposición que no era vieja, sino joven; que no sabia de odios, sino de esperanzas; que no tenia miedo, sino fe; que no quería el desorden, sino otro orden; que no era vencida... ni vencedora. Esta es la oposición democrática, que quiere una opción de diálogo, y que no morirá porque no es un recuerdo, sino un horizonte.

Otro día, hoy, octubre de 1969, desaparecieron los Gobiernos de coalición, y por la homogeneidad del nuevo Gobierno se prevé como efecto principal la aparición de una nueva oposición de entre las propias fuerzas que apoyan al sistema. El último acto de coalición fue un acto típico del Régimen, congruente en fondo y forma con su origen y con su trayectoria: el nombramiento de sucesor. La nueva oposición que parece surgir ahora no nace por razones de principios, sino porque quienes la forman dejaron de estar en el poder; y aunque no discrepa sustancialmente en la interpretación de las Leyes Fundamentales, sí ha cambiado de lugar respecto a su anterior posición en el Gobierno. Su objetivo no es ofrecer una opción distinta en lo político-ideológico, sino volver al poder.

Pues bien; en esta situación se plantean una incógnita y un reto. Una incógnita: ¿Un sistema de autoridad podrá-digerir el pluralismo y la libertad que supondrá la existencia de una oposición tolerada "desde dentro"? Esta incógnita puede despejarse de dos modos: con apertura que dé algún protagonismo a las fuerzas que no están en el poder, lo cual, indefectiblemente, redundará en un cierto beneficio de la oposición democrática. que busca nuevos cauces dentro de la ley; o. segunda alternativa, con monopolio político por reducción del círculo de los que detentan el mando, lo que acarrearía un endurecimiento de los métodos y procedimientos do gobierno.

I A primera alternativa es la que genera un reto: quienes integran la oposición democrática, ¿sabrán encontrar puntos de coincidencia con esa nueva oposición que nace "desde dentro"? ¿Serán, unos y otros, capaces ¡de olvidar algo de lo que hasta ahora los enfrentó? ¿El acceso al poder implicará necesariamente graves transigencias en el terreno de los principios? 11

Despejar e ¿ja incógnita y aceptar ese reto en cualquier sentido es actualmente una gran tarea de la qu¿ no puede excluirse ningún ciudadano. Cierto que en España hoy padecemos la enfermedad del desinterés y del uniformismo político; lo prueban las votaciones celebradas en referendums, elecciones y cualesquiera organismos públicos. Y lo grave es que ese desinterés y ese uniformísmo no son producidos por confianza en la cosa política y por unanimidad en las convicciones, sino por un excesivo peso del Estado sobre la sociedad, del gobernante sobre el ciudadano.

Sin.embargo, a pesar de todo, mientras la vieja generación — los que tienen canas en el alma, aunque no las peinen en la cabeza—tiene miedo a otros sistemas, la juyentud tiene fe en ellos y preeere andar con esta fe que pararse con aquel miedo. El mismo hombre de la calle no considera que siempre la crítica de lo vigente sea peligrosa o utópica, sino que espontáneamente busca el progreso en esa dialéctica; hasta el último aldeano aspira ai derecho de exponer públicamente sus ideas sin que ello signifique jugarse su seguridad. En fin, muchos seguimos creyendo que en política correr riesgos es mucho menos peligroso que no querer arriesga! nada.

PUES bien; es a la oposición democrática a quien le corresponde con su testimonio abrir e! horizonte; es decir, hacer posible—en esto consiste la política -el despeje favorable de aquella incógnita y aceptar aquel reto. Esa oposición es la que hoy busca una democracia de forma y de fondo; es decir, política, cultural y económica; es la que aspira a un protagonismo aceptado legalmente por el poder porque las circunstancias actuales que se constatan, y las inmediatamente futuras que se prevén no permiten una plena e inmediata realización de sus ideales. Esa oposición es la que está prudentemente convencida de que las masas no están dispuestas a sacrificar ciertas satisfacciones individuales y materiales que el Régimen les há ofrecido; es la que esté dispuesta a convencer de que el gobierno autoritario—bien personal o bien oligárquico—no es necesario ni para el desarrollo económico ni para el- orden público; es la que es consciente de que cada vez es más extensa la convicción de que es necesaria una transformación radical y mayor su conveniencia objetiva; es, en fin, la oposición que cree que la única forma de salvar al ciudadano de su derrota moral es "el no retroceso practicado como método, porque lo malo no es el cambio, sino el inmovilismo"

 

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