Autor: Espinar, Modesto. 
   A vueltas con la oposición     
 
 Madrid.    04/12/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

A VUELTAS CON LA OPOSICIÓN

ror Modesto ESPINAR

Algunos comentarios periodísticos de distinto y aún opuesto signo han vuelto a poner sobre el tapete el tema de la oposición. No debe de ser una casualidad este resurgimiento del tema en el momento en que se constituye un Gobierno "homogéneo" y parece congelada la tímida apertura que prometía el "asociacionismo de opinión pública", ni debe sorprender que sean los órganos más mediatizados en su actuación quienes repitan sus conocidos y poco convincentes argumentos en favor del mantenimiento del statu quo.

Se dice que "la legislación española no permite una oposición globalizada" y que "se permiten opositores, pero no oposición", remitiéndose para fundamentar este aserto a una Leyes Fundamentales en las que no se dice una palabra sobre esta cuestión. Que hasta ahora las Leyes Fundamentales hayan sido interpretadas y desarrolladas en ese sentido no quiere decir que ésa sea la única interpretación posible, ni que no quepan otros desarrollos. Por no hablar de la posible reforma de esas leyes, constitucionalmente prevista y regulada, que aun siendo quizá conveniente en algunos puntos, ni siquiera sería indispensable al objeto que nos ocupa

POSIBLE EVOLUCIÓN

No se gana nada—no gana nada e) país, en nuestra opinión—con repetir monótonamente que "el sistema no permite la oposición" (conocida máxima del inmovilismo), sino que valdría la pena preguntarse si el sistema podría evolucionar hasta permitir una oposición, y si esa evolución es deseable o no. Esta es realmente la cuestión planteada por los comentaristas que nos han precedido en el tema y es la cuestión que es preciso contestar

Algunos observadores exteriores al sistema opinan que éste no puede evolucionar en ese sentido, y no por cualesquiera obstáculos legales, que de existir siempre serían removibles, sino por fidelidad a sus orígenes, por su propia dialéctica interna, quizá incluso por un~mal entendido-instinto de conservación. Los que ponen por delante supuestos impedimentos legales, negándose a considerar la esencia del problema, parecen querer darle a aquéllos la razón.

PODER LEGITIMADO

La esencia del problema consiste en que hoy día, en este rincón del planeta donde está situada España, es inconcebible un régimen político en el que los gobernantes no estén legitimados, en cada momento, por el consentimiento explícito de los gobernados "En cada momento" quiere decir en cada ocasión de cambio o confirmación de los titulares del Gobierno, constitucionalmente prevista, como sería el caso en nuestro país al renovarse cada cinco años el presidente del Gobierno, según ordena el artículo 14, II, de la Ley Orgánica del Estado. Ese consentimiento solamente podría ser explícito si surgiera de una confrontación pública en la que los gobernados jugasen un papel algo más airoso que el de meros espectadores. Para ello y no para otra cosa es necesaria la oposición

Claro está que no valdría remitirse, como se hace a menudo, a la existencia de consultas excepcionales, como el referéndum, que están para otra cosa. No se trata ahora de que los gobernados aprueben el régimen, sino de que aprueben el Gobierno de cada día, o de cada cinco años. Una Constitución-que es lo que se aprueba por referéndum-no es un cheque en blanco, sino un marco legal dentro del cual han de moverse unos y otros, gobernantes y gobernados, con mutuo respeto.

DISCREPANCIAS

Ciertas actitudes y ciertas dimisiones-que han dado lugar estos días al recrudecimiento del interés por el tema de la oposición-ilustran de modo harto expresivo lo que venimos diciendo.

Se trata de personas que hace tres años dijeron "sí" a la Constitución, pero que ahora discrepan de su aplicación eoncreíeu-Y del mismo modo bastaría dar una ojeada a los editoriales y colaboraciones de la gran maytíría de la Prensa no oficial u oficiosa durante estos largos tres años para darse cuenta de hasta qué punto la opinión pública ~comprobable-ha venido sintiéndose distanciada del desarrollo impreso a las normas constitucionales entonces aprobadas.

Son estos ejemplos de los que podríamos llamar "opositores" individuales, no organizados, y por ello, impotentes. ¿Es acaso esa impotencia lo que los hace "tolerables"? ¿Es quizá esa impotencia lo que se echaría de menos en una oposición organizada?

Lo que sí es cierto de toda certeza es que no será a través de esos "opositores" individuales como el pueblo accederá a la plenitud de protagonismo que le corresponde.

 

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