Las acusaciones de los intelectuales españoles sobre los sucesos de Asturias no responden a la verdad  :   
 Informe del secretario de la sección británica de Amnistía Internacional después de su reciente viaje por España. 
 ABC.    03/04/1964.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. VIERNES 3 DE ABRIL DE 1964. EDICIÓN DE

«LAS ACUSACIONES DE LOS INTELECTUALES ESPINÓLES SOBRE LOS SUCESOS DE ASTURIAS NO RESPONDEN A LA VERDAD»

"No he encontrado un solo minero que haya s!do torturado u objeto de malos tratos ni asesinado"

INFORME DEL SECRETARIO DE LA SECCIÓN BRITÁNICA DE "AMNISTÍA INTERNACIONAL" DESPUÉS DE SU RECIENTE VIAJE POR ESPAÑA

Londres Z. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) El secretario de la sección británica de "Amnistía internacional", Mr. Alber Lodge, ha publicado un informe Que recoge las impresiones obtenidas a lo largo de su reciente visita a España. Su prepósito era invesíig-ar y comprobar las denuncias formuladas por supuestos malos tratos a los obreros asturianos. En su inspección procuró descubrir el fundamento que podía respaldar las denuncias divulgadas por ciertos grupos hostiles residentes en el extranjero, que más tarde fueron recogidos como hechos reales en un documento firmado el mes de octubre último por 102 españoles.

En su día, el ministro español de Información y Turismo, señor Fraga, refuta las alegaciones contenidas en lo que se •vino en llamar "carta de los intelectuales". Ahora, una_ figura tan poco sospechosa de simpatizar con nuestros asuntos como Mr. Lodge ratifica la falsedad de aquellas denuncias y la ligereza con que fueron formuladas.

"No he podido confirmar que un minero haya muerto a consecuencia de malos tratos—escribe Mr. Lodge—. Un abogado que se opone activamente a la actuaV política española me ha informado de que no es verdad la acusación. Uno de los intelectuales que firmó el documento me ha dicho que él oyó decir que un hombre había muerto por esa causa, pero citaba una localidad distinta de la consignada en la carta y no pudo darme tampoco el nombre de la presunta víctima. Otras de las pretendidas torturas de tipo clínico no son más qrii exageraciones".

Se refiere al caso concreto de un tal VIcente Barragana, que según las denuncias fue victima de quemaduras en órganos vitales. Recuerda que el señor Fraga Iribarne ncaó la acusación y ofreció que cualquiera podría comprobar la falsedad de la aleación visitando a ese individuo en la cáreal de Carabanchel. "He comprobado —añade Mr. Lodge—que nadie se ha preocupado de aceptar la invitación.

Pregunté a uno de los firmantes la razón de esa indiferencia y respondió que hubiera sido demasiado audaz intentar la comprobación. He visto al abogado de Barragana una hora después de haber visitado a su cliente y me asegura que el detenido no sufrió aquella tortura".

A! ude también al "caso" mencionado por los lis-mantés de la carta, relativo a un tal Alfonso Zanico. Mr. Lodge aclara que la denuncia adolecía de vaguedad y que el apelü´iio Zapico es tan común en Asturias como Jones por los valles de Gales.

Acerca de Everardo Castro, que según los denunciantes padecía trastornos mentales como resultado de las torturas, escribe: "Este individuo está ahora en el hospital de La Cadellada. El señor Fraga anunció qye se hallaba internado, pero negó que fuera a causa de las torturas. El abogado del enfermo, muy conocido por los miembros del "Comité de defensa democrática", me as3suró que el señor Fraga estaba en lo cierto".

Concluye Mr. Lodge: "La carta firmada por 102 intelectuales y enviada al señor Fraga a principios de octubre, tuvo valor para atraer la atención Internacional sobre los malos tratos, pero al intentar entrar en detalles precisos y no ser éstos exactos, brindo base al Ministerio de Información para sustanciar las denegaciones, y por ello quedaron en duda las denuncias de tipo general".

Mr. Albert Lodge saca la conclusión de que constituya una ligereza denunciar casos concretos sin considerar antes la veracidad de los hechos. Aquella campaña tuvo su origen detrás del telón de acero,

fue divulgada por una emisora de Fraga y recibió apoyo directo de ciertos grupos que radican en Toulouse. El resto, según parece desprenderse del informe de Mr. Lodge, fue obra en unos casos de la malicia; en otros, de una buena fe ingenua, y a veces fruto de un deseo de notoriedad.

Mr. Lodge considera más seguro denunciar malos tratos en abstracto: aunque sean menos dignos de crédito, resultan más difíciles a la hora de ser desmentidos. La táctica que parece aconsejar Mr. Lodge es la de la mentira anónima y colectiva.—A. B.

 

< Volver