Poco o nada nuevo     
 
 ABC.    13/06/1962.  Página: 50. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

POCO O NADA NUEVO

El llamado "Pacto de Munich" ofrece percas, por no decir ninguna novedad. La única, en todo caso, el escenario elegido con meticuloso estudio para que el espectáculo tuviese público cosmopolita y resonancia. En la elección del lugar y momento se descubre la intervención del experto en intrigas internacionales don Salvador de Madariaga, ágil todavía para estas travesuras, a sus setenta y cinco años, pronosticador que nunca acierta. Hace quince o diecisiete años, el redactor de un diario inglés dispuesto a entrevistarle encontró al diplomático rodeado de maletas y con el pie en el estribo, camino de España, con la duda de si llegaría a fiempó, porque el acontecimiento esperado iba a producirse de un momento a otro.

Ya puede suponerse cuál era el acontecimiento. Los muchos desengaños de este género no le han desanimado al pertinaz enredador encanecido en los areópagos, internacionales, donde ha pasado la mayor parte de su existencia, por lo que bien puede considerársele como un desconocedor de la actual vida española.

A él se debe, como decimos, la elección del lugar; él se preocupó de relacionar a los de allá con los de aquí e incluso arbitró recursos para el viaje y las dietas a quienes hubiesen menester de auxilio.

Se eligió para el lanzamiento del grotesco globo de la "solidaridad nacional" el IV Congreso Internacional del Movimiento Europeo, organización no oficial creada para promover la unidad europea, que congrega en Munich, anualmente, a varios centenares de delegados de muchos países del Continente.

Ahí acaba la novedad. Todo lo demás es viejo o fiambre. La mayoría de los personajes han representado la comedia en Toulouse, París y Londres casi con las mismas palabras y trucos hace doce o catorce años.

Los términos del acuerdo de Munich se encuentran en el "Memorándum" de la conversación celebrada en el despacho del Foreign Office, siendo a la sazón ministro Mr. Bevin, y sus interlocutores los señores Gil Robles e Indalecio Prieto. Al líder socialista le ha sucedido su correligionario Rodolfo Llopis, que durante la República ganó triste notoriedad como director general de Primera Enseñana por su furor antirreligioso, que culminó con ía expulsión del Crucifijo de las escuelas. "La escuela—decía su circular—ha de ser laica. Por tanto, no ostentará signo alguno que implique confesionalidad, quedando igualmente suprimidas del horario y del programa -escolares la enséñana y las prácticas confesionales. La escuela, en lo sucesivo, se inhibirá en los problemas religiosos." Gil Robles era entonces su implacable adversario, y a él y a sus correligionarios les marcaría más tarde a fuego con palabras proféticas: "Llegará un día en que la misma violencia que habéis desatado se volverá contra vosotros. Dentro de poco seréis el Gobierno del hambre y de la miseria,-como ahora lo sois de la vergüenza, del fango y de la sangre".

Los discursos pronunciados en Munich son una repetición de los que se dijeron en el Congreso Socialista de Toulouse y antes en d "Círculo Pablo Iglesias", de Méjz´co, en pro de la creación de un frente de "solidaridad nacional", integrado por elementos heterogéneos coincidentes únicamente en la impaciencia; frente reforzado en esta ocasión con algunos pimpollos advenedizos que a toda costa quieren ensayar sus enormes talentos dé gobernantes, que 110 les caben en el cerebro. Se han repetido las mismas cosas que en aquellas conjuras se dijeron sobre las ventajas de la unión, sobre la oportunidad del momento y disposición de las gentes. Elementos participantes en el conglomerado de Munich han sido también ciertos residuos del exilio, que han hecho de su enemiga a España una profesión lucrativa. Cuentan más de veinte años de práctica en su oficio difamatorio y habrán experimentado tanto gozo como estupefacción al ver—cosa para ellos insólita—que unos compatriotas les brindaban ocasión de gala para segregar sus venenos.

El frente de solidaridad, compuesto de náufragos o derrotados, se ha exhibido en función pública cuantas veces sus cómplices y aliados, nuestros seculares y cordiales enemigos, les prestan sus tribunas, su trompetería y sus resonadores. Para los estragados, habituados al contubernio, insensibles al pudor o a la dignidad, que han perdido la altivez personal y el respeto a sí mismos, lo de Munich habrá sido un recreo proporcionado a su holganza de vagabundos. Nos ape/aa, en cambio, ver que hayan aceptado la invitación para mezclarse en tal .turbia compañía quienes siempre debieran sentirse deshonrados en la alianza con tan despreciables gentes, cuyo pasado político conocen, para mendigar ante una asamblea extranjera adhesión y apoyo a una petición que si no quiere significar demanda de intervención extranjera en nuestros asuntos internos, no significa nada.

 

< Volver