Un nuevo Pacto de Munich     
 
 ABC.    10/06/1962.  Página: 79-80. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

Un nuevo «Pacto de Munich»

Munich 8. (Del corresponsal de la agencia Efe.) Los salones del Gran Hotel de la capital de Baviera fueron testigos hace unos días de una escena pintoresca, aunque ciertamente no nueva en los anales de la más estéril politiquería española. Dos hombres, ayer enemigos irreconciliables, se estrechaban cálidamente la mano y, olvidando fácilmente las consecuencias que gestos análogos trajeron para su pueblo, quisieron así subrayar una aparente reconciliación que, cual nuevo "Pacto de Munich", friese firme promesa de mil venturas para los españoles.

Estos hombres se llaman José María Gil Robles, antiguo jefe de la C. E. D. A., y Rodolfo Llopis, actual secretario general del Partido Socialista Obrero Español en el exilio. Ambos fueron . importantes protagonistas de los avalares que .condujeron a España a la guerra civil. Separados por las triridheras de aquella lucha por ellos provocada, tienen ahora la osadía de proceder a una teatral reconciliación en público y ofrecerla a los españoles como adecuado dintel de un futuro más o menos democrático, en el que, naturalmente, serían ellos quienes dirigiesen el cotarro. Como si los españoles no tuviésemos memoria...

ABC. DOMINGO 10 DE JUNIO DE 1962.

La conmovedora escena fue contemplada, casi con lágrimas en los ojos—según afirma una crónica de~~France Soir que acaba de llegar a nuestras manos—por algo inás de un centenar de flamantes "delegados" de grupi,tos y subgrupitos en el exilio o clandestinos. En curioso maridaje, que no dejará de asombrar al lector, había nombres como los de Prados Arrarte, Alvarez de Miranda. Fernández de Castro, Alfonso Prieto, Satrústegui y Ridruejo, de una parte, y de otra, Fernando Várela, ministro del éste presidente de un llamado "comité español"—, la invitación para el CONGRESO DE UNOS DETERMINADOS "DELEGADOS" ESPAÑOLES QUE, AUNQUE NO REPRESENTAN A NADA NI !A NADIE, ERAN INDISPENSABLES PARA MONTAR LA FARSA.

Lo que ya no ha resultado tan fácil, ni mucho menos, ha sido alcanzar los objetivos propuestos. La maniobra que podemos llamar de "reconciliación" ha quedado reducida a sus exactos límites; una tertulia privada, sin alcance ni consecuencias políticas. El Congreso no sólo se ha inhibido oficialmente a esta ridicula "conspiración", sino que se ha podido apreciar una indudable atmósfera de malestar entre muchos delegados, que pudieron darse cuenta de cómo había sido sorprendida su buena fe por parte de este puñado de españoles que querían preparar una maniobra de política interna, al amparo de la hospitalidad que les brindaba el Movimiento Europeo. Por si. esto fuera poco, sobre la cabeza de nuestros pintorescos conspiradores debió caer como jarro de agua fría la declaración del presidente del Congreso, Maurice Faure, quien, para atajar precisamente los intentos de discutir cuestiones de la política interna de los países y, defendiendo de paso—con celo admirable, que muchos debieran aprender—los presentes intereses franceses, dijo que se habían reunido en Munich "no para definir nuestros objetivos a largo término, que siempre son los Estados Unidos de Europa, sino para precisar nuestro pensamiento sobre lo que debe ser la primera etapa de la Europa política y hacer las proposiciones concretas que serán defendidas en cada uno de nuestros países".

En cuanto a los intentos de torpedear la solicitud española- de asociación con el Mercado Común, los resultados han sido aún más catastróficos. Era triste y ridículo a la vez contemplar cómo el Congreso prestaba oídos de mercader a los esfuerzos de este grupo de españoles que se desgañitaban en el intento de demostrar que España es esencialmente antieuropea y que el Mercado Común debía darle con la puerta en las narices. Triste, porque siempre es lamentable que unos españoles ataquen públicamente los concretos intereses de su pueblo, y ridiculo, porque de otra forma no puede calificarse la impertinencia de quifenes habían sido invitados por la puerta de servicio. El hecho cierto es. que el Congreso ha terminado y en sus conclusiones no se refiere para nada a la solicitud española. Ha bastado que los amigos sinceros que España tiene en el Movimiento Europeo fuesen alertados p.or quienes podían hacerlo sobre las verdaderas intenciones de este grupo, para que el Congreso mantuviese un silencio muy significativo.

De la reunión de "conspiradores" no queda en pie más que el apretón de_ manos entre Gil Robles y Llopis, v el júbilo pintoresco de don Salvador de Madariaga, que exclamó, al contemplarlos, que ese día pasaría a la Historia de España, -porque el gesto representaba la superación de la guerra civil.

La realidad es que 4a auténtica unión de los españoles se viene realizando ya, hace décadas, por muy distintos caminos.— Efe.

 

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