Los sofistas de la libertad     
 
 Arriba.    10/02/1956.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

LOS SOFISTAS DE LA LIBERTAD

Apenas veinticuatro horas después de que circulasen las consignas del partido comunista sobre la agitación estudiantil que debía ser provocada en España, un cantarada de nuestras Centurias juveniles caía gravísimamente herido, no lejos del lugar donde ayer hizo exactamente veinte años fue asesinado Matías Montero. En similitud de fechas y casi en igualdad de lugar, pero a veinte años de distancia, un estudiante de la Falange caía víctima de los enemigos de esa Falange y de España, cual si aquí no hiubiese pasado nada y como si fuese posible, factible o simplemente tolerable que el enemigo de ayer volviese hoy a tácticas que bien sabemos a lo que condujeron antaño.

Lanzadas anteayer las consignas, ya ayer corría la sangre. ¿Qué libertad es la que predican ciertos conciliábulos de necios? ¿Qué fórmula de libertad es la que desean para España determinados coleccionistas do firmas, que ni siquiera entienden la generosidad del Régimen, fundada en su evidente fortaleza? Si necesitábamos una premonitoria lección sobre cuanto hay detrás de ciertos llamamientos, nos basta con el ejemplo de quienes ayer dispararon, casi a boca de jarro, contra Miguel Alvarez Pérez, falangista de diecinueve años. Es siempre fácil en la tertulia de un café o .en el cómodo salón de un grupo de teorizantes especular sobre el presente y sobre el futuro de España. Pero cuando corre la sangre de un cantarada que cumplía con su deber, y que inerme se ofreció a la muerte ante un grupo de bandoleros de la libertad y del comunismo, los firmantes desaparecen y los teorizantes se ocultan.

Entonces el valor y el sacrificio quedan exclusivamente del lado de la Falange, y la cobardía y la vergüenza con quienes lanzan el veneno de sus ideas y de sus actitudes, para después esconder la mano.

Hoy no nos importa tanto saber quien disparó contra nuestro camarada Miguel Alvarez Pérez como la tremenda responsabilidad de quienes inventaron los argumentos, en nombre de los cuales fue atacado de la manera más cobarde. Durante años hemos venido sosteniendo que ciertas fórmulas de liberalismo político, pasibles a «muy alto precio» en otros países, son demoledoras y trágicas en el nuestro.

¿Habíamos de cambiar de opinión cuando la sangre corre da nuevo entre la juventud de España? Por eso hoy nuevamente proclamamos que sólo queremos la democracia orgánica, firme y verdadera, de la revolución falangista, de la autoridad de Franco y dei prestigio de un Movimiento que no decae ni desmaya ante las adversidades. Un héroe más de la Falange ha caído, y esa Falange está dispuesta a no admitir las ciudadelas de un liberalismo armado y movido hoy por el comunismo.

LOS SOFISTAS DE LA LIBERTAD

Hoy nuestra repulsa se dirige tanto contra quienes esgrimen las armas para asesinar a nuestros camaradas como contra aquellos que esgrimen sus ideas y luego se esconden como cobardes, sintiéndose culpa bles, cuando ha corrido ya la sangre que ellos han provocado con sus teorías o con sus palabras.

En el doloroso aniversario de una muerte ayer conmemorada tan dramáticamente afirmamos que la Falange y el Gobierno del Caudillo, apoyados siempre en su razón y en su generosa fortaleza, están dispuestos a mantener la sagrada unidad de nuestras juventudes, premisa indispensable de la unidad de la Patria, y el sólido muro de nuestra Falange, que ha sido siempre el más seguro aglutinante de todos los buenos españoles, y que en los momentos difíciles ha ofrecido al Mando su fidelidad insobornable al servicio de España. Todo un ejército de militantes, y tras ellos la poderosa e infinita legión de los caídos en la Cruzada, nos imponen el deber de no permitir ni un manifiesto más, ni una necedad más, ni una cobardía intelectual más, como las que han sido causa de la sangre que ayer ha corrido en una calle de Madrid.

Será el Gobierno, apoyado por la Falange y el pueblo entero, quien impida estos excesos, que han sido posibles —así lo repetimos— por el abuso cobarde de la generosa fortaleza del Régimen. Miguel Alvarez apunta su sacrificio, no sólo en la cuenta de quien le disparó traidoramente, sino en Ja de quien sembró criminales ideas en la cabeza que movió a ese brazo.

La responsabilidad de lo ocurrido ayer recae sobre los agitadores y capitanes Araña de ideas peligrosas, inoportunas y coincidentes con las consignas comunistas. Ellos son les inductores, y los ejecutores los que disparan por la espalda.

¡Arriba España! jViva Franco!

 

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