Autor: Cruz Gutiérrez Gómez, Juan de la. 
 Licinio de la Fuente. 
 Las reformas políticas son urgentes para salir de la crisis económica     
 
 Ya.    09/01/1977.  Página: 9,11. Páginas: 2. Párrafos: 38. 

Licinio de la Fuente

FIGURAS EN PUNTA

Las reformas políticas son urgentes para salir de la crisis económica

La situación de transitoriedad se ha alargado más de la cuenta

Pretender continuar el régimen con la propia estructura de Franco es un mal servicio al franquismo

Es conveniente que la legalidad y la realidad, cuanto antes, estén de acuerdo

Mientras no hayan pasado las elecciones, la gente no va a saber el panorama que tiene por delante

Es mucho más fácil escoger entre cuatro o cinco opciones políticas que entre sesenta

De hecho, el Gobierno que no tenga la confianza del Parlamento no podrá gobernar en adelante

Sin orden público es muy difícil desarrollar la libertad • En política, nadie está en posesión de la verdad

absoluta

Alianza Popular ofrece una opción reformista y, al mismo tiempo, un respeto a la historia reciente

Hay muchos conformes con la empresa privada, siempre que tenga un gran contenido social

En esta serie de "Figuras en punta", hoy Licinio de la Fuente. Un hombre cordial, abierto al diálogo, que

escucha con atención cualquier pregunta o sugerencia del periodista. Pienso que es un político en el firme

candelero del ruedo, de la difícil actualidad del país. Un hombre que a fuerza de decidida vocación tiene,

en la política, la más serena de las miradas. Y eso es un gesto importante que hay que subrayar. Uno, que

lleva varios meses hablando con políticos, tomando copas, charlando sin micrófono al medio muchas

veces, está resentido del que mira por encima del hombro, con indiferencia, a veces con una especie de

ignorancia, que denigra, más que al político, a la persona. Y es necesario decir esto para conocimiento del

lector. No es precisamente ese el caso de Licinio de la Fuente. El futuro político: ahí está don Licinio,

estatura media, que entra con las llaves en la mano y pidiendo disculpas por llegar unos cuantos minutos

tarde, de pelo a caballo del gris y blanco, que aprieta fuertemente la mano en el saludo, que ha hecho de la

política—¿ a cuántos interesa la política en este país?—creo que corazón y talento, pasión.

—Creo que Franco y el régimen de Franco constituyen, sin duda, un hito en la historia de España.

Han sido cuarenta años que han dejado una profunda huella en este país. Creo que la transformación

de España en estos cuarenta años es una cosa evidente y que, con sus errores y aciertos, el balance

del régimen, de Franco es netamente positivo. Quizás los que los hemos vivido no hemos llegado a tener

una conciencia clara de esa transformación, de la misma manera que la persona que convive con

otra, por ejemplo un niño, casi no lo ve crecer y tiene que esperar a que otra persona, que ha tardado

cierto tiempo en verle, se lo diga. Asi, por ejemplo, recuerdo que en mis viajes al extranjero, y muy

especialmente en mis viajes a Hispanoamérica y en mis contactos con los emigrantes españoles, tenia

que oír de ellos verdaderas exclamaciones de asombro de la España que encontraban en sus viajes en

relación con la España que ellos habían dejado, a lo mejor, diez o doce años antes. El cambio que ha

experimentado España en estos anos ha sido, repito, muy grande en todos los órdenes. El crecimiento

económico ha sido, sin duda, espectacular; pero también se ha producido otro fenómeno que, a mi juicio,

no es menos importante: Creo que se ha producido una mayor igualación social.

Franquista

¿Se le puede calificar como franquista por el hecho de haber colaborarlo directamente con el Caudillo?

—Bueno, creo que si, y es un titulo que acepto con verdadero honor. Es decir, soy franquista en el

sentido de que he colaborado con el régimen de Franco. Admiro a Franco como estadista y como

gobernante; le he profesado un gran afecto como persona porque conmigo ha tenido siempre un

comportamiento ejemplar, y guardo de él un recuerdo como de una persona muy querida, no sólo

como a la persona a cuyas órdenes se ha servido, sino especialmente de una persona a la que uno ha

querido entrañablemente y que ha recibido de él continuas pruebas de alerta. Hay otra aceptación del

franquismo a la que, de alguna manera, yo querría salir al paso: Este franquismo mío no quiere decir—y

no me importa decirlo, sobre todo cuando forma parte de un grupo político y estoy en la "arena" política

en este momento—que sea partidario de lo que pudiéramos llamar la continuación del franquismo,

pero sin Franco. He dicho siempre que eso no era posible, y el mismo día que murió Franco escribí

un artículo en "A B C" que entonces extrañó a algunos amigos míos, y hasta algunos me lo

reprocharon. Y en aquel artículo decía que el último y mejor servicio que podíamos hacer al Jefe del

Estado muerto era hacer posible la consolidación y el desarrollo de la Monarquía, que en aquel

momento empezaba, y que necesitaba una estructura política distinta de la que había servido de base al

propio régimen de Franco, y que pretender continuar el régimen de Franco, con su propia estructura,

sin Franco era un mal servicio al franquismo. Por tanto, entiendo que soy franquista en el primer

sentido que le decía, pero que eso no impide, en absoluto, que yo entienda que la estructuración política

de España después de Franco en el contexto sociopolítico actual, y bajo la Monarquía del Rey, tiene

que ser distinta. Estaba ya propiciando reformas políticas en vida del mismo Franco y aún siendo él Jefe

del Estado; es lógico que después de su muerte entienda que estas reformas tienen que ser mucho

más profundas.

Realidad y legalidad

En términos comparativos, ¿qué diferencias fundamentales encuentra entre los cuarenta años de

franquismo y los trece, casi catorce meses de Monarquía?

Se calla un segundo largo y penetrante. Gesticula. Apenas si llega algún ruido de la tarde, lluviosa y

madrileña.

—Hay unas diferencias notables, que se han ido produciendo, como es lógico, al hilo de la reforma. Es

decir, se ha producido una ampliación de lo que pudiéramos llamar el asociacionismo político; ha habido

una mayor ampliación en este sentido de la participación popular, bajo unas nuevas formas. Quizás

todavía más por lo que pudiéramos llamar una situación de hecho que por una situación legal, porque las

modificaciones legales todavía no han sido muy importantes; sólo la modificación que se introdujo en la

ley de Asociaciones, en la ley de Reunión y en el Código Penal. Más bien, las modificaciones en los

modos de comportamiento político se están produciendo por la vía de hecho que por la vía de las

modificaciones legales; pero, no obstante, y aun siendo esto cierto, esas modificaciones son importantes.

Lo que ocurre es que es conveniente, a mi juicio, que cuanto antes lo que pudiéramos llamar la realidad y

la legalidad estuvieran de acuerdo.

—Explique, por favor, exactamente, a qué se refiere...

—Verá: Entiendo que si bien la tolerancia es conveniente y puede ser una estrategia política en un

momento determinado, es a la larga perjudicial como sistema de gobierno, porque acostumbra a la gente a

no tener excesivo respeto, como si dijéramos, a las reglas de juego, a la autoridad y a la ley, porque se

sabe que se pueden o no se pueden hacer unas cosas, digan lo que digan las leyes, y eso, a la larga, no es

bueno.

Por eso, cuanto antes, y acabemos de una ver con esto tema de los partidos legales o legalizables, los de

las ventanillas, los de las no ventanillas, y que haya un juego político legalmente establecido que todo el

mundo tenga que respetar. A mi juicio, creo que será bueno.

¿Y en otros aspectos? —Si del orden político pasáramos a lo que pudiéramos llamar la situación

económicosocial, lo que ha ocurrido, sin embargo, en esto tiempo—y esto ya no es un problema que

pueda atribuirse sólo al cambio—es que la situación económica en este momento es peor. En esto ha

influido un problema de crisis mundial, han influido circunstancias especificas de España; pero ha

influido también, y por eso lo digo—aunque no digo que sea la principal o única causa—, la propia

situación política. Porque si en este momento hay una situación de atonia en la inversión, disminución

de puestos de trabajo, disminución de la producción, etcétera, es tanto en parte consecuencia de una crisis

mundial, que ha afectado a España.

Problemas complejos

Intento atajarle un poco más, quiero ir más directa, más profundamente al político. Cuando acaba de

responder deja un vacío y se echa un poco hacia atrás en el sofá. Me da la impresión que espera la

pregunta. ¿Qué salida ve a estos problemas con los que se enfrenta el Gobierno ?

—Son problemas muy complejos, porque no olvidemos siempre que un fenómeno económico no es un

fenómeno aislado, sino que produce unas consecuencias sociales muy importantes, como son en este caso

el paro, la inflación, que tienen una repercusión muy grande en la mayor parte del pueblo español. He

dicho que, aunque parezca mentira, las principales medidas para salir de la crisis económica y de los

problemas sociales son las políticas. Por eso he sido siempre partidario de que la reforma fuera o hubiera

sido antes, o el trámite hubiera sido más rápido, que las elecciones se hubieran hecho más pronto; es

decir, abierto un periodo de reforma constitucional en cualquier estado; se produce una situación de

transitoriedad y de inseguridad que, inevitablemente, repercute en todas las actividades del pueblo y muy

especialmente en la situación económica del país. Para arreglar esa situación económica la medida más

importante no es económica, es política, es acabar cuanto antes con la situación de transitoriedad, porque

eso es lo que de alguna manera puede dar confianza a la gente para reanudar su actividad. Por supuesto,

demás de eso, hay que hacer luego otra serie de medidas específicamente económicas o específicamente

sociales.

—¿Se puede deducir que esta situación de tránsito es demasiado larga ?

—Pues sí; para mí, sí. Personalmente, y con toda claridad, para mi calendario ideal esta situación de

transitoriedad se ha alargado más de la cuenta. Creo que fue en mayo, en una conferencia que di en el

Siglo XXI—por tanto no es una cosa que esté diciendo ahora—, ya me quejaba del retraso; decia que mi

calendario ideal hubiera sido un referéndum al final de la primavera pasada y unas elecciones al comienzo

del otoño. Eso hubiera determinado que en este momento hubiera habido una situación más estabilizada

políticamente y, como consecuencia de ello, la posibilidad de tomar decisiones económicas más

profundas y, también, el que la gente viera una mayor seguridad en lo que va a venir después, cosa que no

va a ocurrir hasta que no hayan pasado las elecciones, no nos engañemos.

Partidos políticos

Usted hablaba antes de los partidos políticos, de cara a establecer las reglas legales para intervenir todos

los partidos. Una vez establecidas dichas reglas, ¿se unificarían tantos partidos?

—He publicado en estos días un articulo en "A B C" en e1 que hablaba de eso. Creo que las reglas de

juego pueden contribuir a la formación de los grandes partidos o pueden contribuir a facilitar la

proliferación de los minipartidos, sobre todo las reglas electorales. Yo siempre propiciaría un juego,

unas reglas electorales, que forzarán a la concentración de las corrientes de opinión en cuatro o

cinco grandes partidos. Creo que para el desarrollo de las elecciones y para un mejor funcionamiento

posterior de las Cortes esto es decisivo. Unas elecciones con docenas de partidos; unos, nacionales; otros,

regionales, constituyen un verdadero desbarajuste que, primero, van a desorientar a todo el mundo,

porque, además, no son tantas las posibilidades, como si dijéramos las opciones políticas, que se pueden

ofrecer a un ciudadano. No es tan amplia la gama de posibilidades como para ofrecer a un ciudadano

cincuenta o sesenta opciones políticas para escoger, porque no las hay...

¿Por qué hay, entonces, tantos partidos y cada uno con su programa ?

—Lo que ocurre es que las opciones políticas que se presentan son muy parecidas, y la gente se

confunde y se desorienta, y esto, de alguna manera, contribuye a desacreditar la política. Si de

verdad solamente se contara con cuatro o cinco grandes opciones, sería más fácil escoger. Un ciudadano

sabría que escogía éste o aquel modelo de sociedad..., pues entre cuatro o cinco grandes opciones es

más f ácil elegir que entre cincuenta o sesenta. Pero, además, en que las elecciones suponen una lucha

tremenda; una lucha de cuatro o cinco grandes partidos ya es bastante para un país, pero una lucha de

cuarenta o cincuenta va a dejar una situación difícilmente gobernable. Las elecciones tienen sus

ventajas y sus inconvenientes. Es un modo de participar. Pero en la vida nada hay gratis, todo

cuesta; unas elecciones dejan en la sociedad una serie de heridas, porque la gente, se enfrenta, se

disputan los votos, hay decepciones de unos amigos con otros; para ganar los votos, a veces se

utilizan elementos no exactamente de buena fe, porque se atacan unos candidatos a otros y se promete

lo divino y lo humano.

Coaliciones

Pero los partidos formarán coaliciones...

—El Gobierno tendrá que estar pendiente de esas coaliciones. Las coaliciones de pequeños partidos son

algo muy movible, que se hacen y se deshacen después por luchas de interés, que cada uno de sus

proyectos de ley puede provocar. El Gobierno tendrá que estar mirando más a las Cortes y a sus

coaliciones y a sus equilibrios en las Cortes que al interés general de la nación; mientras que un

Gobierno constituido sobre una mayoría más homogénea sería un Gobierno mucho más estable y fuerte

y permitiría un tipo de política como la que va a haber que hacer después de las próximas elecciones, en

la que hay que tomar determinaciones muy importantes: unas, de orden político, y otras, económico

sociales. Hay que continuar la segunda fase de la reforma. La segunda fase de la reforma es más

importante, a mi juicio, y probablemente más conflictiva que la primera; en segundo lugar, porque hay

esos problemas económicos y sociales que le hablaba antes, que, como creo que no se van a arreglar de

aquí a las elecciones, y lo más que se podrá hacer es ir paliándolos un poco con paños cali e n t e s,

evidentemente el primer Gobierno después de las elecciones tendrá que tomar auténticas medidas, más

duras y eficaces, y eso requiere estar apoyado por una mayoría lo más coherente posible dentro de las

Cortes. Y eso se consigue si hay pocos partidos; si hay muchos, será difícil.

Orden público

Casi me ha llevado a un tema del que, obligatoriamente, hay que hablar; el orden público. Pienso en los

personalismos impuestos ahora mismo sobre muchos partidos, y que ahí puede radicar uno de los males

de la abundancia de siglas...

¿Qué importancia le da al orden público?

—Una importancia no voy a decir que de "primer orden", porque siendo orden público parece que sería

repetir las palabras; pero yo le daría una importancia primordial. Creo que el orden público es, de alguna

manera, el sustrato sobre el cual se puede desarrollar la libertad; sin orden público es muy difícil. Se

puede pregonar libertad todo lo que se quiera, pero la verdad es que el ciudadano, normalmente, no la

puede ejercer, porque sin ese sustrato que permite que cada uno ejercite sus libertades sin perturbar la

libertad de los demás, la verdadera democracia es muy difícil. Para mi, el mantenimiento del orden

público, que no quiere decir, por supuesto, represión, sino que quiere decir autoridad y cumplimiento de

la ley, para mi, repito, es fundamental, y entiendo que es una de las condiciones esenciales para el

ejercicio de las libertades y los derechos de los ciudadanos y, por tanto, para la existencia de una

verdadera democracia.

En este punto, ¿qué papel juegan la ultraderecha y la ultraizquierda ?

—Creo que pueden ser elementos perturbadores del orden público en cuanto patrocinen soluciones

radicales y radicalizadas, y estas soluciones son siempre las más propicias a enfrentamientos. Lo que

necesita el país en este momento son posiciones dialogantes. No creo que nadie tenga que abdicar de sus

propios postulados políticos, pero lo que tiene que estar convencido es de que nadie está en posesión de la

verdad absoluta; que la verdad puede estar, en parte, en lo que uno piensa y puede estar, en parte, en lo

que piensa el otro.

Dentro del contexto de los partidos políticos, ¿qué papel juega Alianza Popular?

—Alianza Popular, en primer término, quiere hacer el servicio a la nación de ofrecer una opción política

importante. Quiere jugar, primero, el papel de poder ofrecer una opción política importante y no un

minipartido, aunque todavía no esté constituido como partido unificado, pero al menos Integrado como

federación lo va a estar en fecha muy próxima. Este es el primer ofrecimiento, que es importante: unir

varios grupos en una sola opción política es ya un servicio a España en este momento. Segundo, quiere

ofrecer una posición moderada y reformista, una posición que quiere entenderse con las demás

fuerzas políticas del país para tratar de encontrar la solución más conveniente. Es consciente de que

hay que hacer una reforma y por eso la ha apoyado. Su posición en este referéndum ha sido

constantemente de apoyo. Es consciente de que esto no es más que la primera fase de la reforma; que ha

de venir una segunda fase de la reforma política, y es consciente también de que hay que hacer además

reformas económicas y sociales. Y por eso digo que Alianza Popular ofrece una opción reformista

y, al mismo tiempo, una reforma que suponga un respeto de la historia reciente. Quizá lo que pueda

distinguir a Alianza Popular de otras fuerzas políticas es que no cree que para construir el futuro sea

necesario condenar y denigrar o destruir el pasado ni renegar de él. Y los hombres de Alianza Popular

no creen que para tener credibilidad pública necesiten hacer abdicación de mi pasado. Yo no pienso

que para que el pueblo me pueda creer, en mis próximas actuaciones publicas, tenga que renegar de haber

sido ministro de Franco. Alianza Popular cree que si uno ha servido limpiamente en el régimen de

Franco, el pueblo puede creer en él exactamente igual que en otra persona que limpiamente ha estado

oponiéndose al régimen de Franco. Creo que no se debe jugar con el franquismo y el antifranquismo para

dividir a los españoles en la posibilidad de construir el futuro, y que en ese sentido hacen mal

los que desde un extremo o desde el otro levantan el franquismo o bien para impedir cualquier reforma,

cualquier cambio, o bien levantan el franquismo para descalificar a media España, para decir que hay

que condenarlo y que no puede haber democracia ni vida futura sin hacer una previa revisión del

franquismo...

Unidas lo posible

¿ Algunas otras características de Alianza Popular?

—Alianza Popular hemos dicho desde el principio que quiere ocupar una posición de centro-derecha, lo

cual supone que está integrada por un conjunto de fuerzas que de alguna manera van desde una derecha

moderada a un centro, a un centro social. Yo, concretamente, creo que mi historial político y mi

doctrina política, que he ido desgranando a través de los años en mi servicio al pueblo español, y que

es la misma que sostengo hoy, es una doctrina profundamente social, y que nadie puede considerar que

sea—como dicen algunos por ahi, para calificarnos—una doctrina de ultraderecha capitalista. Es curioso

que yo, que he tenido que estar oyendo toda mi vida que me tacharan a veces de socialista y de

demagogo, tenga que oír ahora que me tachen de ultraderechista o de ultra-capitalista, y que lo hagan, a

veces, los mismos que antes me tachaban de socialista, lo cual es más curioso porque ellos dicen que

ahora están en el centro o en la izquierda.

—¿Cuál es su posición dentro de Alianza Popular? Porque usted no tiene ningún grupo constituido...

—Dentro de Alianza Popular, yo estoy de alguna manera representando un grupo que se llama

Democracia Social, que quería ser el ala más social dentro de este conjunto de fuerzas que constituyen la

Alianza. Yo no he constituido todavía formalmente este partido, entre otras razones porque era más

partidario de una integración total de la Alianza que de una federación, precisamente porque entiendo que

el mejor servicio que podemos prestar al país en este momento las personas que tenemos alguna

responsabilidad política es tratar de unirnos lo más posible y en el menor número de partidos posibles.

Quizás ahora lo haga para integrarlo en la próxima federación.

—¿Se puede imaginar que el futuro de la sociedad politica española se pueda decantar p o r el centro-

derecha?

—La sociedad española optará por posiciones diversas, desde la extrema derecha a la extrema izquierda.

Creo que hay una gran parte del pueblo español que puede estar en la posición que nosotros

propugnamos. No sé si va a estar la mayoría, porque también es muy difícil saber lo que la gente entiende

qué es el centro-derecha y si se va a sentir atraída o no por una posición de este tipo. Sobre todo porque al

pueblo se le intenta confundir diciéndole que todo lo que se parezca a la derecha o tenga sentido más o

menos conservador es repudiable, y equivale al supercapitalismo, al inmovilismo y a toda clase de

"ismos", cosa que no es verdad. Una posición de centro-derecha, a la altura de nuestro tiempo, tiene que

ser conservadora de una serie de valores y principios que vale la pena conservar, porque son la base de

nuestra vida, pero tiene que ser también reformista en el orden político, defensora como quien más de los

derechos y libertades y de la participación ciudadana, y avanzada en el orden social; tan avanzada, que su

gran reto es demostrar que se puede hacer una política sorial más ambiciosa en resultados positivos para

el pueblo que desde el marxismo.

Empresa privada

— ¿Y piensa que pueden tener muchos partidarios ?

—Pienso que hay una gran parte del pueblo español que quiere reformas, pero no revisionismos, que no

cree necesario destruir primero para construir después, que piensa que es mejor apoyarse en lo bueno que

se haya hecho antes para seguir avanzando, consiguiendo lo que sea necesario; que quiere paz y orden,

que tengamos cuanto antes esa seguridad de que hablaba antes, que es fundamental para el bienestar de

todos, para programar su vida y la de su familia, y su trabajo, y su empresa... Pienso que hay mucha gente

que no quiere bandazos ni saltos en el vacio. Que está conforme con la propiedad privada y la empresa

privada, siempre que tengan un fuerte contenido social, porque son más conformes con la libertad y

dignidad del hombre y producen mayor bienestar que la estatificación o la colectización de los bienes y de

la economía. Lo que hay que conseguir es un mejor reparto social de la riqueza y de los beneficios, una

mayor igualdad social a través de una política salarial adecuada, de la Seguridad Social para todos los

españoles, de la reforma social, de la reforma de la empresa..., que se acorten las diferencias de rentas,

que todos tengan iguales posibilidades de promoción en la vida, cualquiera que sea su situación

económica; que la cultura y la defensa de la salud, y la pensión suficiente, y la vivienda adecuada no sean

privilegio de ningún sector social... Alianza Popular quiere todo esto, y pienso que para mucha gente

puede ser atractivo...

Juan de la Cruz Gutiérrez Gómez

(Fotos: Emilio Polo de Guinea.)

YA

9 / I / 1977

 

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