Autor: Ortega y Gasset, Eduardo. 
   Oposición Ridruejo y oposición de hecho     
 
 F.E.L.N. (Frente Español de Liberación Nacional).     Páginas: 1. Párrafos: 5. 

OPOSICIÓN "RIDRUEJO" Y OPOSICIÓN DE HECHO

por Eduardo Ortega y Gasset

Difícil es de comprender lo absurdo de la política dinástica y clerical que ha imperado, sin la menor participación del pueblo español, durante los siglos XVII y XVIII. El Santo Oficio y la serie de ineptos borbones danzan en torno de un pueblo sometido a parálisis. El ideal de eso que no nos atrevemos a llamar política es el inmovilismo que engendra una creciente parálisis general progresiva. Es preciso haber vivido muchos años contemplando el triste espectáculo para dar testimonio de esa parálisis que en ocasiones es mantenida a sangue y fuego. Pena de muerte a quien se mueva. Todo movimiento es subversivo. A veces se toleran pequeños gritos orquestados por el Santo Oficio. A propósito de estos gritos semi-autorizados, vamos a comentar el articulo que bajo el título de « Oposición legal y oposición de hecho», escribe el poeta exfalangista Dionisio Ridruejo en el último número de la revista «Ibérica» de New York. A su vez, comenta Ridruejo la entrevista que publicó « Le Monde » de París, del doctor salmantino Tierno Calvan. En lo único en que estamos conformes con Ridruejo es en que esa oposición necesita ser clarificada.

Que no marchemos sobre conceptos confusos, sobre e-quívocos resbaladizos. Un régimen ´ que se tiene que suceder a sí mismo no tolera ni aún que se hable de cambios. Toda novedad es subversiva. El régimen de Franco está envuelto en bandeletas como las momias faraónicas. Esto lo proclama el señor Ridruejo: « Sólo un gobierno — dice — que admita la crítica, que ofrezca la apertura informativa del país y acepte una alternativa distinta de las suyas, puede legalizar Ja oposición propiamente dicha. Todo lo cual significa, en efecto, un verdadero cambio de régimen a plazo cierto porque ¿de qué serviría una crítica que quede sin efecto, o una alternativa a la que no se puede optar?

Para el sistema de integral y brutal totalitarismo de Franco toda discrepancia tiene jerarquía de delito de lesa majestad.

Como varias veces he dicho, iodo el mecanismo se condensa en el criminal y sangriento dedo de Franco.

En esto coincide Ridruejo al decir: « El centro de las decisiones políticas sigue consistiendo en España en una sola y suprema voluntad personal. La estructura jerárquica del sistema convierte a « todo lo demás » en simple extensión y emanación de esta voluntad. Ni movimiento, ni Cortes, ni grupos, ni altos funcionarios pueden tener voluntad autónoma para dar un paso de semejante calibre. Porque ese paso — no lo ocultemos — significaría, inmediatamente, el traslado del centro de decisión de la persona-régimen a la soberanía nacional». La claridad de estas palabras resulta en desacuerdo y antítesis con la postura «oposicionista » de Ridruejo. Porque esa oposición que para nada sirve, según él mismo reconoce en el d´áfano razonamiento, evidencia que es más que dudoso « que la persona-régimen se deje impresionar por argumentos». Y si los argumentos para nada sirven ni aún fraguados por la retórica aristotélica de Ridruejo, ¿qué sentido tiene tal oposición? El sistema totalitario deja actualmente murmurar... hasta que la policía que la policía denuncia que denuncia que tono de protesta crece. Entonces la murmuración impotente y la oposición formularia terminan contando las baldosas de una celda carcelaria. Cuando se trata del vieo falangista arrepentido, elegante escritor y poeta, las penas son ínfimas. Las emigraciones logran pronto retorno. El toque está en aceptar la máxima formulada por Julián Marías: «Aquí se puede « de hecho» hacer muchas cosas, pero no se tiene el derecho de hacer ninguna ».

¿Cómo pondremos término ai inmovilismo del régimen franquista que incluye a esa oposición de meros ademanes de espantajo, de mangas sin brazos y sombreros ´Sin cabezas que no asustan ni a los gorriones?

Esta parálisis ha comenzado hace más de dos siglos a invadir la esclerótica estructura de la monarquía borbónica y antiespañola. Podemos estudiar esta patología en la investigación que acaba de publicarse en París de Marcelin Defourneaux, «La Inquisición y los libros franceses del siglo XVIII». El trabajo es tan meticulosamente objetivo e imparcial que llega en momentos a exculpar, o al menos a explicar, los excesos inquisitoriales aguijados por el celo político-religioso más que por la cultura y la fe de aquel ennegrecido Santo Oficio. Disponemos de un sustancioso extracto de esta obra debido al historiógrafo José Antonio Maravall que se ha publicado en la « Revista de Occidente ».

 

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