Autor: Barra, Alfonso. 
 Londres. 
 Intelectuales ingleses protestan por las dificultades que Francia pone a los anarquistas españoles  :   
 Sin embargo, reconocen que han organizado actos de violencia y sabotaje contra las autoridades y el turismo. 
 ABC.    22/11/1963.  Página: 53. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. VIERNES 22 DE NOVIEMBRE DE 1963.

INTELECTUALES INGLESES PROTESTAN POR LAS DIFICULTADES QUE FRANCIA PONE A

LOS ANARQUISTAS

ESPAÑOLES

Sin embargo, reconocen que han organizado actos de violencia y sabotaje en España contra las

autoridades y el turismo

Londres 21. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) En estos días se registra en Inglaterra y en

algún otro país una pandemia aguda, cuyo síntoma más característico es la tendencia irrefrenable a

escribir cartas colectivas de protesta. Hay ahora un considerable número de remitentes enrolados en

"brigadas epistolares" que alimentan un copioso fuego de hostigamiento sin dar síntomas de escatimar la

munición.

Ha sido detenido un sujeto que disparaba misivas contra la Soberana para amenazarla de muerte. Otros

grupos alimentan una campaña para expresar su oposición a la boda del primer ministro de Uganda.

Varios destacamentos batallan con la pluma para que se haga el inventario de los buzones de correos

instalados durante e! reinado de la Reina Victoria. Abundan los objetivos de ataque y lo más optimista es

que no faltan tampoco voluntarios para contraatacar con los mismos medios en favor de la boda del

"premier" de Uganda y para que sean destruidos todos aquellos buzones sin dar tiempo a las tareas del

inventario .

Otro de los rasgos típicos de esas aficiones colectivas es la originalidad de los temas. Dentro de este

denominador común milita el gruño de intelectuales británicos que ha escrito al director del periódico

"The Guardian". Protestan enérgicamente por las dificultades que pone el Gobierno francés con el fin de

que los llamados anarquistas españoles, con sede en ese país, no ejerciten a capricho sus actividades

políticas. Estas células de libertarios emplean como herramiento de trabajo el explosivo, la metralleta o la

navaja. El grupo de intelectuales que aboga, por esos "demócratas" españoles está encabezado por figuras

como Ber-trand Russell, Philip Xoynbee y Michael Abercrombie.

AI parecer, el pasado mes de septiembre la Policía francesa realizó una serie de servicios que culminaron

con la detención de unos 70 libertarios españoles, enrolados en cierto movimiento que patrocina

soculíones también libertarias. De esa redada hay 21 que siguen siendo huéspedes de las autoridades

penitenciarias de Francia.

Los intelectuales británicos reconocen que los detenidos han sido tratados como sospechosos, por

organizar actos de violencia y sabotaje en España, con el propósito de incomodar a. las autoridades

españolas y a los turistas extranjeros. Pero según los firmantes, la acusación carece de pruebas

fehacientes: la Policía sólo ha encontrado material de propaganda subversiva en poder de los libertarios.

Hasta este pasaje la misiva no apunta la nota, de inspiración que distingue a la actual epidemia epistolar,

pero los párrafos siguientes son ya de mérito.

"Está bien claro—escriben—que detrás de aquella acción policíaca alienta el deseo por parte del

Gobierno francés de favorecer al Generalísimo Franco, como compensación tal vez por la actitud de las

autoridades españolas frente al terrorismo del O. A. S durante la crisis argelina." Los remitentes de la

carta de protesta ponen punto y aparte para proseguir: "Perturbados por tales medidas, por el peligro que

suponen para el derecho de asilo que todavía uno asocia con las mejores tradiciones democráticas de

Francia, y alarmados ante ese aspecto, más bien siniestro, de la colaboración entre los Gobiernos de

España y Francia, nosotros deseamos espresar nuestra simpatía por los libertarios españoles y lamentamos

esa asistencia que el Gobierno del presidente De Gaulle presta a España."

La carta es un picaro ejemplo de las aficiones epistolares. Cuando so trataba de poner punto final al

terrorismo argelino, varias de aquellas plumas ilustres se movían con diligencia para exigir, en nombre de

la civilización, la ayuda de todos los Gobiernos. Pero el ataque a la bemba de plástico es recomendable o

no, según las simpatías de los remitentes y la identidad de las víctimas. No suele invocarse el derecho de

asilo cuando se trata de juzgar a algún dirigente del bando que perdió la guerra. Si un país no resulta

simpático a los hidalgos de la pluma, los individuos que cometen crímenes, comunes, que serían

recompensados en Inglaterra con la horca, entonces parece muy humanitario escribir cartas en defensa de

les santos y buenos terroristas.

La postdata más ingeniosa de la carta sería que Bertrand Roussell y amigos ofrecieran el derecho de asilo

en Inglaterra a las bandas de aquellos libertarios amigos del explosivo y la pistola. La patria de los autores

de la carta, sin embargo, tiene unos procedimientos tan inteligentes como para impedir la entrada y el

refugio en el país de negros inocentes de Jamaica o de blancos de Malta. Para los viajeros del tipo

libertario, los funcionarios del Servicio de Inmigración —Policía con muy buen sentido—tienen una

fórmula práctica y democrática: hacer que cojan el próximo barco o el próximo avión. Los movimientos

libertarios y los anarquistas son buenos para el prójimo.—Alfonso BARRA.

 

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