Autor: Salas y Guirior, José. 
 Roma. 
 No al turismo en España, escribieron los terroristas en los escaparates de Iberia  :   
 Los últimos atentados responden a una campaña sistemática y bien sincronizada. 
 ABC.    06/03/1963.  Página: 47-48. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

ROMA

«NO AL TURISMO EN ESPASA», ESCRIBIERON LOS TERRORISTAS EN LOS ESCAPARATES

DE «IBERIA»

Con la bomba colocada en la oficina española se trata de sembrar el pánico entre los viajeros

LOS ÚLTIMOS ATENTADOS RESPONDEN A UNA CAMPAÑA SISTEMÁTICA Y BIEN

SINCRONIZADA

Roma 5. (Crónica de nuestro corresponsal.) A las doce y treinta y cinco de la noche estalló la segunda

bomba de esta serie, a una distancia temporal de menos de veinticuatro horas con respecto a la primera.

Ayer le tocó a un centro español de investigaciones culturales. Esta madrugada a una compañía española

de aviación. No sabemos dónde caerá la tercera, pero hay que suponer que tendremos que escribir sobre

ella, en breve, ya que no nos encontramos frente a una acción esporádica, sino frente a un plan de acción

organizado.

Esta última bomba, a base de trilito, na estallado en las oficinas de Iberia. Un artefacto modernísimo,

colocado entre la verja y la puerta, provocó la explosión. Como en la explosión de ayer, no hubo víctimas.

Y no las hubo por la misma razón: porque Dios no quiso. El vigilante nocturno de la plaza de San

Bernardo acababa de pasar por el escaparate de Iberia. Los pasos que cabe r>-idar en menos de un minuto

son los que le separaron de la muerte.

La plaza de San Bernardo no pertenece a ningún suburbio o arrabal. Está en el centro o casi en el centro

de Roma. Enfrente de Iberia está el cuartel de los Coraceros de la Presidencia. A menos de cincuenta

metros se halla el Ministerio de Defensa. Y también, en las inmediaciones, la Policía política. Quisiera

que el lector tomase nota de ello, por lo que irá leyendo a continuación. Porque debo insistir en lo que

decía en mi crónica de ayer: estas bombas y estos atentados no responden a un clima italiano ni a una.

animadversión italiana con respecto a España, sino a una consigna de tipo general bien sincronizada

internacionalmente, con objetivos muy precisos. Se trata de conseguir una desarticulación del turismo,

que tan generosa y entusiásticamente se vierte sobre España, alumbrando unas fuentes de riqueza de

primer orden. Se trato, de sembrar inquietud y miedo en los viajeros que a nuestra tierra se dirigen en

busca de paz y alegría. Se trata de impedir que esos millones de viajeros que pasan por nuestra patria cada

año se conviertan en voceros y propagandistas de nuestra estabilidad y de nuestro progreso. Y para

demostrar que se trata de eso., basta con leer la tarjeta, de visita que dejaron les terroristas, a base de

alquitran, bajo uno de los escaparates de Iberia: "No, al turismo en España."

Por si no bastara esa prueba, habría qne considerar los esfuerzos que en el mismo sentido se han llevado a

cabo en diferentes capitales de Europa, al mismo tiempo que se colocaban estas bombas en Roma, Y por

si eso fuera poco, habría que recordar las actividades del comunismo yugoslavo en la zona de Trieste para

atraer a la órbita de Tito al marxismo italiano y el desplazamiento de parte del terrorismo francés hacia

Italia. ¿Algo más? La campaña de los periódicos anarquistas contra e] turismo en España y la actividad

delos grupos exiliados españoles, ttus últimamente han difundido una especie de manifiesto firmado por

el Consejo de Liberación, diciendo que la economía ibérica se sostiene gracias a las divisas extranjeras

que los numerosos turistas del mundo democrático occidental proporcionan viajando sobre todo a bordo

de los aviones de Iberia.

Sin duda, estos grupos cuentan con el indiscutible apoyo de ciertas zonas italianas. De la misma forma

ocurrirá, sin duda, en los países donde también se realiza el esfuerzo a que me refiero. Pero, lo repetiré

una vez más, esos grupos no son Italia. Italia está mucho más presente en las protestas que aparecen en

algunos periódicos y en los gestos de simpatía que prodigan a los españoles en estos momentos. Estos

gestos de simpatía no tienen su base en la fervorosa indignación, sino más bien en algo parecido al rubor

y a !a impotencia frente a lo que sucede.

Es natural. Porque lo grave que sucede en Italia no es que unos grupos intenten crear una atmósfera de

terror y miedo en torno a lo español. Lo grave, lo gravísimo estriba en las condiciones óptimas que

encuentran en Italia para llevarlo a cabo. Por una parte, a causa de la ineficacia de una Policía inoperante;

por otra, la atmósfera que para ello depara la política italiana de izquierdas, siempre propicia a un "dejar

hacer", siempre que lo que se haga lleve la marca de la "democracia" y la "libertad", o la realicen grupos

que la superan en izquierdismo. El resultado de todo esto lo sufren igualmente los italianos. Y todo ello

constituye un círculo vicioso. Porque si esa misma Policía, tan eficaz a la hora de encontrar ladrones de

cochea y casas sospechosas, se pusiera en movimiento sobre el rojo exiliado o el antiespañolísimo

militante, se encontraría con el grito puesto en el cielo por los representantes de esos partidos que nutren

su propaganda con teorías similares. Y esos representantes pueden formar el Gobierno míe salga de las

elecciones de abril. Por oirá parte, ¿quién levantará Ja voz, con el riesgo de verse acusado frente a las

urnas? ¿Qué policía querrá mostrarse eficaz para que el recuerdo de la camisa negra le ponga en vía de ser

depurado? ¿Qué elector se opondrá a ello en el plano político, cuando e_l tinglado político italiano ha

deparado bienes económicos a Italia? No, no cabe esperar detenciones ni castigos, ni forma alguna de

represión que contenga a quien quiera campar por sus respetos. Por tanto, lo que si cabe esperar son

nuevos atentados, o intentos de atentados, contra todo lo que sea español en Roma. Al menos, "te medio",

así dice el diario comunista "Paese-Sera". Y cuando él lo dice.,. Viniendo de la Vía del Veinte de

Septiembre y de la plaza de San Bernardo, en cuya esquina se encuentran las oficinas de Iberia, me he

tropezado con varios españoles que iban a observar de cerca los desperfectos producidos por la explosión

de anoche. No se notaba apenas nada. Todo fue reparado en pocas horas, y el letrero, borrado. Las

oficinas funcionaban normalmente. El director, Sr. Ferrer, me ha informado que ni un solo pasajero de los

que tenían billete para hoy había dejado de viajar. Y seguía recibiendo encargos de reserva; que el control

de los aviones sería llevado al máximo, como garantía de los viajeros que deseen -visitar España.

También me ha dicho que la bomba era potentísima y de muy moderna fabricación, ya que no se han

encontrado rastros de relojería, mecha o cualquier cosa por el estilo. Por tanto, es diferente

de la de ayer, que ha resultado de fabricación francesa.

Viéndole trabajar, alegre y animado, después de arreglarlo todo durante la noche y ordenar al personal

que se presentara y actuara como si nada hubiese pasado, no he podido menos de recordar que Ferrer fue

en nuestra guerra capitán de la Legión, cinco veces herido.—José SALAS Y GUIRIOR.

 

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