Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   La monarquía de España     
 
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LA MONARQUÍA DE ESPAÑA

figura española que nos ha regido en los últimos años dio una alta medida de su responsabílidaíd ante la

Historia. Y acertó plenamente.

Ninguna empresa de largo aliento histórico se logra sin una base institucional en que apoyarla y sin la

convicción en un gran número de personas de que sirviéndola se van a crear nuevas oportunidades. La

Monarquía debe dar a muy amplios sectores la confianza en que lo ya logrado por el país, en cuanto

supone orden, sentido de la autoridad, desarrollo de los recursos económicos, se va a ver confirmado y

continuado; pero también de que ello será compatible con nuevas dosis de justicia, con nuevos avances

sociales, con actitudes ejemplares de los de arriba. En ese equilibrio, en esa síntesis, estará su éxito, y

desde ahora la esperanza que inspira.

A los que prefieran no correr ningún riesgo, encerrándose en su cascarón; y a los que deseen exponerlo

todo a la ruleta rusa de una improvisación, les debería hacer meditar la posibilidad de una evolución

ordenada, pero real; prudente, pero sin pausa, segura y audaz a la vez.

Como estos mismos días recordaba el gran economista liberal Von Hayek, ninguna forma de Gobierno

puede ser ilimatada.. También la democracia ha de aceptar limitaciones. Los anhelos de reforma han de

aceptar asimismo la necesidad de marchar a un paso que para no tener pausas ni contramarchas no fuerce

las prisas. Una fórmula mixta de Gobierno, con la Corona como moderador, se adapta muy bien a

nuestras circunstancias de país en trance de desarrollo económico, social y político.

Nuestros autores clásicos de la Edad de Oro española sabían contraponer a la visión platónica del

Gobierno de los filósofos la experiencia histórica del Gobierno equilibrado de base mixta y coronación

monárquica. A los sueños radicales de la nueva izquierda, cuya Platón es Marx, como a los sueños

reaccionarios de quienes desearían volver el reloj al antiguo Régimen (con Inquisición y todo), hay que

oponer con seriedad, firmeza y esperanza una Monarquía a la vez reformada y reformista.

A una España llena de energía y de impulsos le va a venir muy bien un Rey joven, que se ha criado en

ella y con ella. Un Rey valiente, lo que va a hacer mucha falta. Un Rey sin compromisos previos con

personas ni con grupos. Un Rey que sabe bien que su destino personal y el de su casa está unido

hondamente al de un país consciente también de que será decisivo su éxito para el bien de todos.

A esa Monarquía me apunto, sin reservas, y confío en que lo hagan muy amplios sectores del país. Y

espero en que Don Juan Carlos de Borbón sea, con la ayuda de Dios, el ancla firme que dé seguridad al

navio del Estado en medio de las tormentas que le esperan en estos tiempos revueltos.

Manuel FRAGA IRIBARNE

 

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