Autor: Carro Celada, José Antonio. 
   Córdoba, mezquita y catedral     
 
 ABC.    19/03/1977.  Página: 23. Páginas: 2. Párrafos: 16. 

CÓRDOBA, MEZQUITA Y CATEDRAL

Por José Antonio CARRO CELADA

En Córdoba, bajo las penumbras de su mezquita y catedral, se entrelazan los ecos del Corán y la Biblia.

Donde los cristianos se reúnen cada domingo para orar, en otro tiempo celebraban la solemne «oración

del viernes», los muslines. Córdoba entreteje ahora en su mezquita y catedral los atauriques árabes y los

estofados cristianos. Es como un diálogo islamo-cristiano, un recinto bilingüe para orar al Dios de

Abraham. La historia de España se hace bilingüe en Córdoba, algo así como una jarcha en que convive la

sagrada belleza de dos lenguas.

QUE BIEN SE ESTABA EN CÓRDOBA

Los musulmanes se sienten a gusto en Córdoba, que es un poco cómo el espejo de su pasado. Allí, su

mezquita, da cobijo a un templo cristiano. Sus arcos, sus rincones moriscos, los nombres de sus calles,

recuerdan épocas del califato.

Pero un día la hermosa y sultana Córdoba vio alejarse los esplendores exóticos de sus califas, sintió el

vacío de la oración del viernes en su mezquita, oyó alejarse de sus calles los requiebros musicales de los

tañedores de laúd y de tambor.

Las iglesias cristianas, sin embargo, se llenaban de santiagos matamoros montados a caballo y blandiendo

espada; comenzaron las fiestas de lucha, entre moros y cristianos como medio de diversión y para

concentrar turismos nórdicos. Yo mismo recuerdo aún los libros de historia y religión de Bachiller

infectados de tensiones e incomprensiones hacia el Islam.

Ocho siglos de convivencia pueden servir para que aflore el guadiana de la comprensión y la amistad. La

amistad, con la cultura, ya está hecha. Nunca se enfadó España con la cultura árabe. Ella misma la

difundió por Europa. La propia filosofía griega se redescubrió en comentaristas hispano-árabes. Nuestra

lengua se llenó de sus artículos determinados, de la belleza exótica de su léxico y hasta la toponimia habla

bien claro y de esta convivencia. La amistad con la cultura árabe se viene estrechando cada vez más desde

que la escuela de arabistas, que aglutinaba Asín Palacios, Inauguró un nuevo estilo de investigación

desapasionada, llena de objetividad y sin fronterismos.

SANTIAGOS MATAMOROS

Pero quizá, y sin quizá, no se ha conseguido el mismo abrazo de respeto y comprensión a nivel religioso.

Aún quedan santiagos matamoros en nuestras iglesias y algunas inquisiciones por libre; todavía se

encuentran reticencias en algún que otro libro escolar y mucho tanto por ciento de leyenda negra. Si aún

hace bien poco los sermones conmemorativos cíe la Toma de Granada se perdían en apasionadas

reflexiones y se refugiaban en una oratoria punteada de asperezas y de imperialismos religiosos, con

expresiones poco o nada objetivas para el Islam, también es cierto que el Concilio Vaticano II ha barrido

esas actitudes simplistas e incordiantes y ha declarado su aprecio a los musulmanes, que adoran al único

Dios «por la oración, la limosna y el ayuno y se esfuerzan en llevar una vida moral, tanto individual como

familiar y social, en la obediencia a Dios». Ha sido el espíritu del Vaticano II el que puso la yesca entre

los católicos para que se incendiaran los malentendidos.

AMISTAD ISLAMO-CRISTIANA

En España pronto nació un grupo que se acogió a esta tentativa de acercamiento. La Asociación de la

Amistad Islamo-Cristiana surgió, además, por un secreto y dolorido sufrimiento. «¿Cómo es posible que

después de ocho siglos de convivencia estemos tan alejados cristianos y musulmanes?» —se pregunta don

Emilio Galindo, director del centro Darek-Nyumba, dependiente de la AIC. Y esta fue la otra chispa de

donde brotó la amistad. La conciencia de mutuo alejamiento prendió entre un grupo de egipcios y

españoles, entre los que estaba el copresidente cristiano actual, don Salvador Gómez Nogales, profesor de

la Universidad de Comillas y especialista en filosofía árabe medieval. La AIC sigue siendo minoritaria,

como lo fue en sus comienzos, apenas 15 personas, empeñadas en suprimir barreras, en «corregir» los

errores y equivocaciones y juicios falsos, que los hay a montones, entre cristianos y musulmanes y abrir

caminos de amistad y cooperación para hacer la fe más útil y más práctica», según comenta el profesor

Heykal, copresidente musulmán y profesor de la Universidad de El Cairo.

LA SONRISA DE AVERROES

Córdoba, a todo esto, prestó su embrujo en 1974 para el I Congreso Internacional organizado por la

Amistad Islamo-Cristiana. Su. mezquita, por primera vez desde 1236, acogía el rumor de «el salat».

Y aquella oración, como la de los 600 millones de musulmanes, expresaba una fe. Donde los cristianos

rezaban habitualmente, estaba naciendo una oración al Dios común. Era evidente que se podía andar

juntos un mismo camino, el camino de la fe en Dios, en los profetas, en los libros sagrados.

Por las calles, en una esquina recoleta, en Córdoba, la estatua de Averroes sonreía, veía posible otra vez

lo que, después de él, fue la colaboración en los traductores de Alfonso X, el respeto de los escolásticos a

su filosofía, el mozarabismo en la vida, en la lengua y en el arte de España. Córdoba, como Granada,

como todo Al-Andalus, se daba la mano con lo cristianó y desaparecían los forcejeos de unos, la

agresividad de otros.

RAZONES DE AMISTAD

No era el Islamismo, no es el islamismo, como tantos han pensado, una religión de gentes del desierto, de

beduinos fanáticos, no es una religión menor. Dante la tiene en cuenta en su .«Divina comedia» como ha

demostrada Asín Palacios en un estudio magistral, deja con él constatado´ claramente su valor cultural y

civilizador.

Muchas agresividades han nacido del alejamiento, de las luchas pasadas, de la mutua ignorancia. Un

cristiano del nosconcillo ya sabe razones para sentirse cerca. Córdoba, por otra parte, tiene aires

conciliares y dialogantes para ambas actitudes religiosas. Pero el cristiano tiene que saber que los

musulmanes respetan absolutamente el cristianismo y comparten muchas de sus creencias, hasta tal punto

—recuerda el profesor Heykal— que «no se puede ser verdadero muslín sin creer y respetar a Jesús, a

María y a la religión cristiana».

MAHOMA Y JESÚS

Córdoba vuelve a ser otra vez la Meca y la Roma de la amistad entre cristianos y musulmanes. Lo que en

el I Congreso fue respeto mutuo, magnífica buena voluntad de intercambio, ahora, en este II Congreso,

que se celebrará en la semana del 21 al 27 de marzo, ya a ser un intento de sendas aproximaciones en el

estudio de la figura de Mahoma y de la figura de Jesús. Musulmanes y cristianos profundizarán en el

Profeta del Islam, esclareciendo su biografía, su misión religiosa y política, diciendo lo que para una y

otra perspectiva supone y sin trasnochados afanes polémicos.

La animosidad con que los cristianos han enjuiciado a Mahoma tiene que borrarse. Ahora se hace

necesaria una exposición objetiva de su doctrina. Una nueva imagen, la nueva imagen de un

conocimiento limpio y sin prejuicios. Desprovista de anecdotismos de bachiller. Prescindiendo y

olvidando "a aquellas fáciles apologéticas basadas en el desprestigio de Mahoma y rezumantes de

ignorancia. Mahoma necesita, desde luego, una nueva lectura histórica y religiosa.

Los cristianos tienen que cabalgar de otra manera y abrir los ojos ante un Corán que habla de Jesús y lo

venera como profeta, aunque no lo reconozca como Dios. Quizá esta presencia coránica de Jesús puede

ocupar la base de una amistad.

NI UNA SOLA MEZQUITA

Hay actualmente en España más de 100.000 musulmanes entre estudiantes, trabajadores y diplomáticos,

que, a pesar de las dificultades de la lengua y de su particular situación social, se sienten como pez en el

agua porque no se ha diluido aún la sangre árabe que corre por las venas españolas. Es triste, en cambio,

que no haya ni una sola mezquita abierta al culto en la tierra en que se eleva la más grande y hermosa

mezquita del mundo. Ciertamente saben poco los cristianos españoles del Islam, hay que reconocer que

circula mucha historia de reconquista y de persecución. La escasa visión plural de muchos está siempre

dispuesta a discriminarlos y a justificarse con cuatro anécdotas irresponsables y prendidas con alfiler. No

está muy lejos aún, en la sensibilidad popular, el mito de los moros. Cualquier ruina medieval, cualquier

oquedad o alcantarilla misteriosa es, por sistema, «de cuando los moros». Y la alusión queda llena de

misterio, que en el fondo es ignorancia histórica, pero que se multiplica por 1.000 cuando se trata de

enjuiciamiento religioso.

Hoy ya la teología cristiana que camina firme en el estudio de las realidades no cristianas, ha tratado de

descubrir los valores del extraordinario hombre qué es Mahoma, su profunda espiritualidad, su

ejemplaridad en la virtud, su empeño en imponer un orden social justo, la valoración de la comunidad

teocrática que él fundó y, sobre todo, su mensaje religioso.

CAMINOS PARA COMPARTIR

Qué duda cabe que la sintonía entre cristianismo e islamismo se hace más patente en esa larga historia

bíblica recogida en el Corán, que es también común historia para el judaísmo y para el cristianismo. Y en

el quicio mismo de la convivencia religiosa, el sentido universalista de Mahoma y de Jesús. Los dos

consideran a todos los hombres como hermanos; uno y otro hablaron de hacer paz en esta vida. Por eso

hay un camino que musulmanes y cristianos pueden recorrer juntos: trabajar por un destino religioso, sin

codazos ni torpes proselitismos, más bien coincidentes en un empeño de espiritualidad frente a un mundo

que se materializa.

Este respeto mutuo, este proyecto común y un progresivo conocimiento son la gran tarea de la Amistad

Islamo-Cristiana. Se ha logrado crear ya lo qué se ha llamado el «espíritu de Córdoba». Y es mucho lo

que está haciendo ese espíritu surgido en el I Congreso: lavar la imagen del islamismo entre los cristianos

y a la inversa; en otras palabras, que la catedral de Córdoba no anule a la mezquita de Córdoba, que

mezquita y catedral acerquen sus ámbitos sagrados en solidaridad.

Además, la Asociación de Amistad Islamo-Cristiana, que camina de la mano en muchas cosas, trabaja

incansablemente por difundir al máximo los modos de aproximación. En este sentido desarrolla una labor

muy importante su boletín informativo, en el que adquieren resonancia todas las noticias y vinculaciones

del mundo islamo-cristiano. Se titula «Alcor», ¡qué sugerente palabra de origen árabe!, y llega a más de

1.200 lectores de España y América. Desde ese alcor sopla un abanico con viento de amistad. La misma

que supo mantener Al-Andalus durante ocho siglos, la misma que sintetiza Córdoba en su mezquita y

catedral.

EL CONGRESO DE TRÍPOLI

La AIC se mueve en una línea de serena profundizarían de mutuas relaciones. Mantiene contacto con

destacadas personalidades del mundo islámico y del mundo cristiano, intenta superar los reducidos límites

de la frontera nacional. Es, desde luego, la primera asociación de estas características que se organizó y

sus Congresos han abierto caminos nuevos al acercamiento.

Esta iniciativa, nacida en España, ha cundido y está siendo imitada en otros países. También tras el I

Congreso de Córdoba, el Vaticano organizó uno, más oficial, que se celebró en Trípoli (República Árabe

Libia) en febrero de 1976. Este intercambio de eminentes profesores de las principales Universidades del

mundo islámico y cristiano está dejando huellas inteligentes, buscando la compañía en los caminos

comunes y convergentes. Se escribe ya una nueva página en las relaciones islamo-cristianas con los

acuerdos del Congreso de Trípoli. En ellos se invita al trabajo en común para profundizar los valores

religiosos y morales; y las dos partes se comprometen solidariamente a laborar por la justicia social, la

implantación de la paz y la conquista de los derechos de la persona. Quizá lo más destacable es que se

llegara a unas resoluciones de mutuo compromiso entre dos comunidades religiosas que se han recelado y

desavenido tanto en el pasado.

CÓRDOBA, OTRA VEZ

Cuando se inaugure el próximo II Congreso de Córdoba habrá en el Alcázar de los Reyes Cristianos

importantes teólogos procedentes de Túnez, Argelia, Arabia Saudita, Egipto, Libia, Líbano, Francia,

Italia, Inglaterra, España, etc., y relevantes personalidades de los Gobiernos de diversos países. Córdoba,

como siempre, acogerá esta convocatoria de entendimientos entre musulmanes y cristianos. Los

abundantes arcos de herradura se cerrarán un poquito más hasta unirse en anillo de amistad, o se abrirán

más para dar mayor cabida de comprensión.

Una frase popular del mundo cristiano dice que: todos los caminos llevan a Roma. Sospecho que otra

parecida podrían decir los musulmanes para referirse a la Meca, su ciudad sagrada y de peregrinación.

Pero a mí se me ocurre inventar esta otra: todos los caminos de la amistad islamo-cristiana llevan a

Córdoba.—J. A. C. C.

 

< Volver