Nuestra política exterior se mueve. 
 Ofensiva española en el mundo  :   
 Fuerte desequilibrio comercial. 
 Pueblo.    05/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

OFENSIVA ESPAÑOLA EN EL MUNDO ÁRABE

Viajes del Rey, el presidente del Gobierno y el ministro de Asuntos Exteriores

Fuentes diplomáticas han confirmado a Logos que, por ahora, el Rey no viajará a Túnez, sino que sólo irá

en los próximos días el ministro de Asuntos Exteriores, Oreja Aguirre, iniciando así una serie de

contactos diplomáticos con el mundo árabe,

Posteriormente, el Rey viajará a otros países árabes, pero no los mismos que haya visitado previamente el

presidente Suárez. El programa de estas visitas está siendo preparado por Asuntos Exteriores y supone

toda una amplia operación, en tres fases, de promoción de las relaciones hispano-árabes.

UNA INICIATIVA NECESARIA

LA política de amistad de España hacia los países árabes apenas ha dado como resultado, a lo largo de

cuarenta años, alguna que otra declaración platónica de adhesión y simpatía, alguna que otra

manifestación de solidaridad en las Naciones Unidas y algún que otro gesto de buena voluntad. Poco más

podía contabilizarse en este largo período de relaciones excelentes, que han estado basadas sobre todo en

la postura española contraria al reconocimiento de Israel como Estado asentado en tierras palestinas. ¿De

quién ha sido la culpa de este escaso rendimiento de los lazos de parentesco y de simpatía? No es hora de

plantearse tal cuestión ni tampoco hora de lamentaciones, porque es evidente que durante largo tiempo

España ha carecido de medios idóneos para capitalizar esta amistad permanente. Otros países, con más

posibilidades económicas, con más experiencia en comercio exterior, con más agresividad y visión de

futuro, han ido arrebatando a España el puesto que por naturaleza le correspondía ocupar en el marco del

desarrollo de estos países tan cercanos, pero a veces tan alejados.

Ha llegado el momento, sin embargo, de la «puesta a punto» de nuestra política exterior, de acuerdo con

las auténticas posibilidades económicas del país y de acuerdo también con la evolución política interna,

que no ha modificado, afortunadamente, las coordenadas de la acción exterior en el mundo árabe. Hace

muy pocas semanas, España votaba favorablemente, una vez más, una resolución de las Naciones Unidas

que reclamaba el derecho del pueblo palestino a establecer su hogar nacional. Se producía este gesto

cuando más arreciaban las presiones para que la política exterior española diese un giro de 180 grados y

orientase sus miras hacia Israel. Los avezados diplomáticos del palacio de Santa Cruz, conducidos desde

julio por el ministro de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja, ya advirtieron las consecuencias de un

cambio tan dramático de la acción externa española. Lo ideal seria que la política de apertura iniciada

tiempo atrás, de amistad proclamada con todos los países del mundo, sobre la base de la reciprocidad, no

tuviese lagunas como ésta de Israel, o la de Méjico, o la de la U. R. S. S. Pero ciñéndonos concretamente

al Estado hebreo, era y es normal que el buen entendimiento con los vecinos árabes pusiera un freno al

establecimiento de relaciones con Tel Aviv; el mismo que los propios árabes tienen echado y que soltarán

en el momento en que la convivencia sea posible en el Cercano Oriente, e Israel, lejos de ser un problema

para la seguridad de la zona, sea una plataforma de paz. Sólo faltaría para ello que un pueblo, el palestino,

deje de ser el paria de la Historia contemporánea.

A Quizá sea necesario decir todo esto para entender el alcance de la iniciativa tomada en la Zarzuela,

conjuntamente con Castellana, 3, y el palacio de Santa Cruz, a fin de dar un impulso efectivo a nuestra

cooperación con el mundo árabe. Ha sonado la hora de emprender una política exterior agresiva,

vigorosa, cerca de unos países que repetidas veces han solicitado la aportación de tecnología española

para contribuir a su desarrollo. Es absurdo esperar un trato de favor en el aspecto comercial de los

suministros de petróleo, de los que dependemos. Pero es plenamente legitimo competir con otros países

para que nuestra presencia económica sea decisiva en la consolidación de unas relaciones de siempre

necesitadas de otro tipo de intereses comunes. En buena hora ha sido tomada esa iniciativa de los viajes

de Don Juan Carlos, Adolfo Suárez y Marcelino Oreja de viajar al Cercano Oriente, porque casi todo está

por hacer en nuestras relaciones con los árabes.

Manuel CRUZ

FUERTE DESEQUILIBRIO COMERCIAL

Dos características fundamentales reviste el comercio español con el mundo árabe. Por una parte, el

fundamental desequilibrio en las cifras de intercambio, dado que —como puede comprobarse en el cuadro

adjunto— nuestras importaciones en la mayoría de estos países no suelen ser compensadas por el valor de

nuestras exportaciones. Por otra, y como consecuencia de la premisa anterior, existe un intercambio

polarizado en alguna materia prima por parte de ellos, mientras que por la nuestra se produce una

atomización de las partidas exportadoras, sin que ninguna de ellas tenga entidad suficiente como para

compensar el desequilibrio resultante.

Durante el año 1974 se produjo el salto fundamental en el volumen de nuestras compras a los países

árabes, a causa de la elevación experimentada en el precio de los crudos. Aunque también las

exportaciones españolas han sufrido un notable incremento durante los últimos años, el déficit en la

relación comercial se ha ensanchado. La falta de agresividad exportadora española se ha visto además

agravada por una fuerte competitividad por parte de empresas europeas establecidas en el mundo árabe

desde los tiempos de la colonización.

Aunque ligeramente reducida durante el último año (109.000 millones de pesetas durante 1974, por

95.800 millones en 1975). el espectacular déficit de nuestra balanza comercial con Arabia Saudita

constituye el ejemplo más típico del referido desequilibrio. Y ello a pesar de la buena voluntad puesta de

manifiesto por el fallecido rey Feisal, quien durante su visita a nuestro país, hace dos años, dijo: «Los

españoles son nuestros amigos, nuestros hermanos: deben venir a Arabia Saudita con sus productos y sus

ideas, y ofrecer precios y calidades que puedan competir con los de otros países. Siempre que haya

igualdad de condiciones. España tendrá ventaja, por esa fraternidad que acabo de señalar».

No obstante, la buena voluntad se ha mostrado incapaz de superar un desequilibrio radicado en nuestra

necesidad de importar una materia prima que ha multiplicado espectacularmente su precio en poco tiempo

—petróleo— y en nuestra incapacidad para encontrar un producto exportable compensatorio.

Así, vemos que, mientras el 90 por 100 de nuestras compras a Arabia Saudita corresponden al petróleo la

parte más señalada de nuestras ventas los neumáticos, no llegan a ser la mitad de nuestras

exportaciones a ese país.

Más ejemplos: Omán sólo nos proporciona petróleo, mientras que el 40 por 100 de nuestras exportaciones

corresponden al capítulo de fundición de hierro y acero: el 95 por 100 de nuestras compras en Irak es

también petróleo, constituyendo la cuarta parte de nuestras ventas los productos refinados del mismo,

además de neumáticos y tejidos: el 90 por 100 de lo importado del Irán es petróleo, siendo los perfiles de

hierro y acero el 50 por 100 de nuestras ventas. También es petróleo la casi totalidad de lo que

compramos a Kuwait, Argelia y Libia, figurando entre los productos que les vendemos, barcos, cementos

hidráulicos hilados, trigo y maquinaria herramienta. La polarización importadora en el petróleo sólo se

rompe para ir a recaer en otra materia prima, lo cual hace que se mantenga idéntica estructura: el 80 por

100 de nuestras adquisiciones en Egipto son de algodón, y el 50 por 100 de nuestras compras en

Marruecos, fosfatos.

¿HACIA UNA SOLUCIÓN?

La creación del Banco Árabe-Español hace poco más de un año y la inauguración oficial de la Cámara

Arabo-Hispana de Comercio, en octubre pasado, constituyen dos importantes hitos en el intento por

remediar tan anómala situación Esta última «cumbre» hispanoárabe, celebrada en Madrid, ha abierto un

importante resquicio a la participación española en el desarrollo árabe. Todos los participantes en la

misma estuvieron de acuerdo en señalar que ha llegado el momento de convertir en resultados prácticos

palabras y antiguas tradiciones. Por propio derecho, por su vinculación al mundo árabe durante tantos

siglos, España no puede permanecer ajena al desarrollo de estos países. Así lo comprendieron los

miembros del Gobierno español, que con su presencia y participación refrendaron todas y cada una de las

actuaciones de la Cámara.

Y así lo han comprendido también los Presidentes de las Repúblicas de Colombia y Venezuela, cuando en

sus discursos, con motivo de la presencia de Su Majestad Don Juan Carlos I por tierras americanas, han

destacado la importancia de España como «puente- natural en las relaciones con el mundo árabe. La idea

de una comunidad iberoamericana se entrelaza, al mismo tiempo, con la de un macromercado común

árabe-ibero-americano, en el que España ha de ser el eje crucial que ofrezca una alternativa a la economía

árabe en su dependencia, hoy casi exclusiva, de Europa, los Estados Unidos y el Japón.

Dentro de este nuevo clima en las relaciones económicas con el mundo árabe, hay que situar también la

negociación de un crédito de Kuwait a España de 500 millones de dólares, planteado como una emisión

de bonos a un tipo de interés mejor que el conseguido en el crédito de la Banca Internacional a España,

firmado el pasado mes de agosto, por valor de 1.000 millones de dólares.

Servicio de Documentación

 

< Volver