Autor: Marco Linares, Victoria. 
 Lo que no se dijo del Sahara. 
 La víspera del día D     
 
 El Alcázar.    04/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 24. 

Lo que no se dijo del Sahara

LA VÍSPERA DEL DÍA D

Mientras, continuaba la evacuación que algunos días parecía acelerarse en relación a los acontecimientos.

En aquellas fechas no quedaban en Aaiún más mujeres que las que cumplían alguna misión especial y

estuvieran autorizadas a permanecer. Algunas no habían vuelto ya después del verano y ello hizo que, en

ciertos casos, se perdieran todos los enseres, pues no hubo quien pudiera recogerlos cuando el ejército

pasó prácticamente de sus destacamentos a la cabeza de playa en espera de ser embarcado.

Sin embargo, se hubiera dicho que nadie parecía creer que por una razón u otra se imponía la marcha

definitiva de la población civil, a la que convenía evitar el riesgo de una evacuación de emergencia, pero

al parecer confiábamos en "Un milagro que a última hora detendría la "marcha", ante el proceso de

descolonización, el plazo de salida, previsto en tres meses, aún podría demorarse.

Algunos optimistas calculaban, incluso en aquellos momentos, que mientras se marcaba fecha para el

referéndum del pueblo saharaui y se realizaba la trasmisión de poderes, no pasarían menos de tres o

cuatro años.

UNA EXTRAÑA PROFECÍA

Sin embargo, una de aquellas noches, un jefe de una de las unidades de Smara, que por cualquier razón

había necesitado venir a Aaiún, fue mucho más clarividente.

—Lo mismo nos hemos ido ya para Año Nuevo.

Cenábamos en casa con varios amigos de distintas Armas y con una amistosa rechifla apenas le dejaron

concluir.

—Tomadlo a broma que bueno será si no recibimos orden de arriar bandera ante los marroquíes y

presentar armas a su paso, ¿y qué podríamos hacer más que obedecer? Por supuesto; a mí también me

hierve la sangre, pero ya me ocurrió en..., cuando lo cedimos a Marruecos y lo mismo tendría que hacerlo

aquí si me lo mandan. Es aquello de "disciplina, disciplina..."

Muchas veces me han venido al recuerdo aquellas palabras que entonces me parecieron el mayor

imposible, pero que por primera vez me hicieron pensar si no era un mal síntoma invocar la disciplina no

habiendo una necesidad aparente para hacerlo. ¿Quién podría haber imaginado entonces que sólo 23 días

después, en Smara precisamente, se viviría en toda su amarga crudeza aquel dilema que aquella noche

aún nos parecía inadmisible?

Mientras tanto, la salud del Caudillo. sufría frecuentes altibajos, así, mientras el domingo día 2 había

oído misa y comulgado en unión de sus familiares, otra noticia nos trajo posteriormente la inquietud de su

nueva recaída que exigió una grave operación, como si todas las circunstancias se desencadenasen

haciendo más crítica la situación.

No obstante, entre la población de Aaiún yo no apreciaba precisamente temor, sino indignación por el

continuo avance de la Marcha Verde, ante la incompetente apatía de unas Naciones Unidas que, si

desaprobaban la agresión de Rabat, no tomaban ninguna medida eficaz ante la convocatoria de nuestro

representante Fernando Arias Salgado, quien, sustituyendo a Piniés aún enfermo, había dicho en la sede

de la O.N.U.: "La política de Marruecos al margen de las Naciones Unidas constituye un desafío

inaceptable a la legalidad en materia de descolonización, convirtiéndose en una amenaza a la paz y la

seguridad internacionales. El gobierno español, consciente de las obligaciones, como potencia

administradora, que le imponen, con arreglo a la carta de las Naciones Unidas la defensa del territorio, su

integridad territorial y la protección a la población contra todo abuso, declara que, de realizarse la marcha

anunciada por el Rey de Marruecos, la repelerá por todos los medios a su alcance, incluso con el empleo

de la fuerza armada.

Parece indudable ante esta afirmación tan rotunda que, al menos entonces, no existía acuerdo definitivo.

EL PRISIONERO MARROQUÍ

Kurt Weldheim designó a Andre Le-win para llevar a Hassán un mensaje del propio secretario general de

la O.N.U., mientras éste sin ningún resultado continuaba a su vez una ronda de consultas con los

embajadores de los países implicados en el Sahara, tras haber propuesto los cinco puntos del llamado plan

Weldheim, que nosotros en el Sahara ingorábamos totalmente, ya que apenas se aludió a él. O se dio una

versión diferente.

Al mismo tiempo, Osman, primer ministro de Hassán, dejaba Madrid regresando a Marruecos porque,

según dijo, no se había llegado a ningún acuerdo.

Y como los representantes marroquíes son muy dados a las declaraciones, mientras los nuestros pecan en

cambio por un excesivo mutismo, aún concretó que había mantenido diversas entrevistas con altos cargos

de nuestro gobierno, que la Marcha era pacífica y no estaba dirigida contra nuestro ejército ni contra

España porque "tenemos mucho respeto por el pueblo español para atentar a la dignidad del ejército y a la

vida de esos españoles que viven en el Sahara".

En el aeropuerto le despidieron, entre otras personalidades, el ministro Solis Ruiz y el primer introductor

de embajadores señor Pan de Saraluce.

El ministro marroquí se había referido también a la Marcha Verde desmintiendo que hubiera problemas

sanitarios, pero lo cierto es que en ella se acusaban brotes epidémicos de cólera y tifus, registrándose

varias muertes, debidas igualmente a inanición y a enfermedades digestivas, ya que las raciones

alimenticias eran cada vez más deficientes, al aumentar las dificultades de abastecimiento en proporción a

la distancia recorrida por los invasores.

Esta información fue confirmada, al parecer, por un muchacho marroquí, llamado Hassán Ben-Mohamed,

quien, queriendo matar el hambre, se alejó de la Marcha hasta ser encontrado al Norte de la Sebja

Undeboa, afirmando además que los "voluntarios" de la Marcha habían sido reclutados entre facinerosos

o entre los parados a quienes ofrecían la Marcha o la cárcel.

Pero esta historia que nos fue contada espontáneamente en uno de los últimos breefing, parecía un tanto

extraña y como si pretendiera desviar de algún punto la atención de los corresponsales, pues se nos dijo

que el marroquí había sido hallado por unos turistas extranjeros que atravesaban el Sahara y resulta

chocante que a dos pasos de un campo minado, y cuando el enfrenta-miento parecía inminente, unos

extranjeros pudieran atravesar el Sahara haciendo turismo, como algo lógico y natural.

Nunca supe qué había de real en esta historia, o qué se nos ocultó de ella, pero quienes la escuchamos

comentamos luego que sin duda había algo más.

No obstante, si en relación a la Marcha, el hambre y la miseria eran resortes hábilmente utilizados para

movilizar sus voluntarios, también se les hablaba del Sahara como tierra de promisión a la que se llegaría

con un simple paseo, y los primeros en llegar se repartirían viviendas, industrias y cuanto allí hubiéramos

realizado nosotros.

Aquella noche, un nuevo toque de generala sonó en Aaiún y a continuación la ciudad se saturó de los

ruidos que los Land-Rover del ejército hacían recorriéndola a toda velocidad.

En la esplanada donde yo vivía, frente a la Iglesia Castrense, pararon dos vehículos, uno de la A.T.P. y

otro del Tercio, y casi simultáneamente, de las viviendas contiguas salieron dos comandantes, a juzgar

por el saludo de los conductores. Luego ambos vehículos, que habían aguardado con el motor en marcha,

arrancaron como una exhalación haciendo chirriar los neumáticos al tomar una curva próxima.

Filosóficamente opté por acostarme de nuevo; estas alarmas se habían repetido varias veces y calculé que

ante la proximidad de la Marcha Verde se había querido realizar como un ensayo general. Lo que no sabía

yo, en aquel momento, es que en esa madrugada, amanecíamos ya en la víspera del día D.

VICTORIA MARCO LINARES

Fotos: AUTOR Y ARCHIVO

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