Autor: Marco Linares, Victoria. 
 Lo que no se dijo del Sahara (XV). 
 ¿Han evacuado Smara?     
 
 El Alcázar.    15/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 26. 

Lo que no se dijo del sahara (XI)

¿Han evacuado Smara?

A la caída de la tarde se encendieron algunas hogueras en el campamento marroquí.

—Quizá quieran hacer pinchitos de mono— bromeó un legionario porque les debieron fallar las abejas, o

los monos no saltaron sobre las minas.

La verdad sobre aquella historia de los simios se debía al error de trascripción de un corresponsal al aludir

a la aportación que el dictador Idi Amin hiciera a la "Marcha Verde" regalando un importante número de

"ovejas" que, por error, se transformaron en "abejas" y se les agregaron los monos, porque aquellas solas

carecían de sentido.

La hora de retraso entre el Sahara y España hacía clamar frecuentemente al taquígrafo que tomaba mis

crónicas, así que preferí escribir la de aquel día sin quitarme antes la arena.

"A menos de kilómetro y medio estuvimos ayer de la Marcha Verde", rezaría la que al día siguiente

apareció en EL ALCÁZAR.

No me importaba el cansancio ni los días que tardé en eliminar los últimos vestigios de arena. Por el

contrario, me enorgullecía aquel agotamiento que, sin ser nada, me había dado una noción sobre la dureza

de esa vida en campana que, como algo normal, vivían a diario nuestros soldados.

Pero, sobre todo, mi mayor satisfacción había sido comprobar lo que podía esperarse de un Ejército como

el que España había conseguido allí, en el Sahara. Y esto me hacía sentir una enorme confianza en el

futuro.

NOTICIAS INQUIETANTES

—La Legión está desalojando Sidi-Buya y han evacuado Smara— oí que comentaban algunos

corresponsales a la mañana siguiente mientras aguardábamos ante el Cuartel General los vehículos que

nos llevarían nuevamente frente a los invasores.

Nada sabía de ello, pues cuanto se relacionaba con el Tercio era quizá lo que yo conocía menos, limitada

siempre en el terreno periodístico por amistad a cualquiera de sus jefes y oficiales. De todas formas

aunque sentí como una contracción en mi ánimo, tuve la seguridad del "bulo" y negué con firmeza.

—Además es fácil comprobarlo— dije.

Sabía que varios colegas habían adquirido al llegar prendas militares de acuerdo con el terreno, y aunque

este segundo día, ante la experiencia de la víspera, yo me había endosado una fenomenal chilaba "todo

terreno", bajo pretexto de comprar algunas siroqueras o aquellas gafas tipo antifaz que ya tenían otros, les

acompañé al almacén de prendas del Tercio que estaba dentro del propio acuartelamiento, a cuya puerta

había parado la caravana de los informadores cuando íbamos camino de la frontera.

En principio encontré el acuartelamiento como siempre y sentí un gran alivio al poder afirmarlo a quienes

no lo conocían como yo.

ENTREVISTA CON EL GOBERNADOR DEL SAHARA

Fue sólo al salir del almacén cuando vi allí, en unos cajones a medio cerrar, unos apliques eléctricos que,

según creí recordar, pertenecían al bar de oficiales o a la sala de banderas. Sin hacer ningún comentario,

al regresar aquella tarde de nuestras posiciones, me acerqué un momento al despacho del gobernador con

la seguridad de que si algo podía aclararse, nadie lo baria como él.

Mientras salía otra visita, aguardé en el antedespacho, donde en aquel momento no estaba sino el teniente

coronel Esponera, uno de sus ayudantes. Resultaba curioso cada vez que veía a los ayudante que no sólo

yo no intentase sacarles alguna información, sino que, por el contrario, fuesen ellos quienes me

preguntasen noticias, no sé si más bien queriendo soslayar mis posibles preguntas, que por conocer la

última jabara en curso.

Yo les notaba generalmente tensos, como a la defensiva, pero esto sólo me mortificó más adelante, en una

determinada ocasión, porque comprendía perfectamente que el juego de algunos corresponsales sólo

había servido para que desconfiasen ya de todos los demás, conscientes de la responsabilidad que sus

respectivas funciones de ayudantes les exigían, aunque en el fondo supieran que por mi parte era más la

amistad que la profesionalidad lo que podía llevarme al 2° piso del edificio de gobierno.

En cuanto al gobernador, era totalmente accesible a todo el mundo, atendiendo siempre a quien quisiera

verle. Hubimos de vivir allí momentos tan críticos y trascencentales que sólo propiciaban

responsabilidades y más abrojos que laurel, por eso creo que una definición muy justa sobre el general

Salazar se la oí precisamente a un integrante del Polisario:

—Salazar cumplía una misión tan difícil que pocos habrían sabido mejorarla y salir indemnes de ella.

Salazar es, además, un hombre íntegro y creo que fue una suerte que él estuviera allí, aunque esto

entonces no pudiéramos comprenderlo.

Ante mi pregunta sobre Smara, el general reaccionó con la sinceridad que yo había imaginado.

—¿Evacuar Smara? ¿De dónde se saca eso? Puedes decir a tus compañeros que eso es una barbaridad

porque Smara no se ha evacuado y no tienen más que ir a comprobarlo.

Le dije que, no obstante, en Sidi Buya estaban embalando efectos.

—Eso es otra cosa, nuestro gobierno está decidido a que nos marchemos como anunció la primavera

última y, como sabes, hay prevista una etapa de tres meses para la evacuación, por eso el material menos

necesario va recogiéndose para enviarlo a la Península.

Antes de despedirme del gobernador aún quise recordarle su promesa de permitir mi presencia en el

Sahara hasta el último momento, porque, habiéndose distribuido entre la población civil unas tarjetas

cuyo distinto color calificaba a los titulares como necesarios o imprescindibles en el territorio, ponían

hasta 50.000 pts. de multa a quien, no teniendo la tarjeta, se obstinase en permanecer allí. Yo, que no lo

tenía, no quería riesgos de multas.

—Pero tú no necesitas tarjeta ni nada, ya se sabe cuál es la misión informativa de la prensa, así que

estarán en esa última etapa que dices. ¿Cuál es para ti la última etapa, la salida del Tercio?

—Arriar por última vez en el Cuartel General la bandera de España. Aunque el Tercio se haya ido ya, no

quiero perderme ese momento histórico para dar luego fe de él sin que nadie tenga que contármelo.

—Pues por mí no te lo perderás.

Y así fue, sólo que aquel día no podíamos siquiera imaginar que para ello faltasen apenas seis semanas, y

para evacuar Smara nada más que 20 días.

Victoria MARCO LINARES (Fotos: Autor y Archivo)

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