Autor: Marco Linares, Victoria. 
 Lo que no se dijo del Sahara (XIX). 
 La gran mascarada y su significado     
 
 El Alcázar.    25/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 24. 

Lo ave no se dijo del Sahara.

(XIX)

LA GRAN MASCARADA Y SU SIGNIFICADO

Aquella mañana nos llevaron directamente a Daora para sobrevolar al fin la marcha verde, o lo que iba

quedando de ella.

Sentado e mi derecha dentro del helicóptero estaba Luis Fernández, el coordinador de prensa que nos

acompañaba, pero sería incapaz de recordar quiénes más venían en aquel viaje.

Iniciamos el recorrido sobre los restos del que había sido el mayor campamento de la marcha y contemplé

el abigarramiento de aquella muchedumbre con sus extrañas tiendas de campaña que. en efecto, le daban

aspecto de circo o de una inmensa verbena.

Había algunos camiones dispuestos a partir llenos de individuos que a nuestro paso movían los brazos

saludándonos, y en oíros también había fuerzas marroquíes uniformadas.

Recordé cuánto les había recomendado Hassán confraternizar con los españoles, abrazándonos cuando

nos vieran, y en principio tenían un aspecto inofensivo, pero al descender el helicóptero algunos metros y

distinguir sus cataduras, era inevitable imaginar lo que podría ser un pillaje.

EXTRAÑA RETIRADA

Otros núcleos desmontaban tiendas y en general hacían grandes aspavientos cuando nos veían. Todos

llevaban emblemas alegóricos de la marcha o alguna prenda en verde, pero había también infinidad de

banderas en rojo llegando a formar grandes manchas que recordaban sobre el

desierto yermo las amapolas sobre el trigo.

Continuamos el vuelo observando ávidamente; ahora no dependía de la imagen que algún compañero

quisiera transmitirme sino que con mis propios ojos podía apreciar aquella gran invasión con algunos

claros ya en grandes zonas, mientras que en otras por el contrarío parecía que hubiese echado raíces.

Pero poco a poco me fue dominando una gran perplejidad ¿Era aquélla acaso la turba que se retira con un

fracaso moral? ¿Y qué otra cosa hubiera supuesto levantar el campo y regresar tras tantos días de marcha,

echando por tierra sufrimientos e ilusiones? ¿Es que podían regresar acaso con aquel aspecto de

vencedores?

Abajo reinaba el júbilo y la alegría. Frente a algunas tiendas incluso se bailaba, ¿quién informó que

estaban mohínos y cabizbajos?

Aquella organización, la forma de acampar perfecta hasta por la simetría de señalar calles ¿podía estar

improvisada? ¿quién pronosticó que la marcha sería una locura?

TODO ERA UNA CORTINA DE HUMO

Otra cosa me chocó y fue comprobar el material; para un camión viejo que en verdad hubiesen podido

requisar, los demás eran flamantes y de un mismo modelo. En una palabra, tuve la impresión de una

simetría y uniformidad militar encubierta bajo una simulada apariencia civil, porque en aquel momento

yo no sabía aún nada del empréstito norteamericano concedido en marzo anterior y consistente en arma-

mento militar.

Lo peor, sin embargo, era entrever la razón dé todo aquello, el por qué de aquella gran mascarada. Era

ridículo pensar un solo momento que yo pudiera haber tenido más penetración qué otros al verlo, pero si

lo habían callado, ¿cuál era la razón de aquel silencio?, ¿por qué se nos dijo que levantaban el campo?

Si lo hacían era sin tristeza y por el contrario saludándonos con una alegría que demostraba su

satisfacción por la proeza realizada al haber tenido en jaque a la ONU. riéndose de sus dictámenes, y de

los del mundo entero, porque contra todo pronóstico de que la marcha era una locura irrealizable, aquél

era el resultado; y si encima hablan padecido hambre, violaciones, epidemias, deserción y toda una

interminable serie de plagas humanas, entonces aún tenía mucha más importancia que toda aquella turba

de desarrapados —en la que figuraban gran número de prostitutas y maleantes sacados de las cárceles

según informaron algunos desertores— hubiera sentado su planta en un territorio donde aún ondeaba la

bandera española: pues siendo civiles en su mayoría se habrían sometido para seguir adelante a la

disciplina de una organización indiscutiblemente militar.

LO QUE DEJÁBAMOS EN EL SAHARA

En cuanto a la forma de retirarse era evidente que sólo se trataba de un simulacro dentro de aquella

jugarreta, pero sin duda lo hacían por un señuelo que era preferible no imaginar ya que debía ser bien

compensatorio.

En aquel momento, caída totalmente la venda, comprendí que muchas cosas hablan sido una burda

patraña. Y empezaron a surgir una serie de porqués, algunos todavía sin respuesta, aunque su sentido

empezara a intuirse desde entonces, cuando todavía era muy difícil calcular.

Y pensé con dolor en la conclusión que se querría sacar de aquella turbia historia que tan pocas cosas

dejaba incólumes, aparte de la enorme dignidad del Ejército que en el cumplimiento de unas órdenes, iba

a tener su mayor cruz y su mayor gloria, porque la vergüenza a nuestra capitulación en el Sahara no

estaría en quien cumpliese, sino en quien "acordase". Y los acuerdos no nacían precisamente en el Cuartel

General de Aaiún, sino en los gabinetes diplomáticos y por quienes más alejados estuvieron siempre del

problema sahariano, para inhibirse luego de las consecuencias que pudiesen acarrear.

Y sentí dolor por aquel magnífico Ejército. Y bochorno pensando en la opinión mundial que tenía sus

ojos fijos en nosotros.

Pero pensé también en muchos hombres y mujeres que durante tantos años, en escuelas, hospitales y

centros diversos, cuando el Sahara era lo que su nombre revela, es decir, desierto, nada, "lo que queda tras

el rocío" según traducción literal, dejaron allí, en los años más duros, la enseñanza de la lengua española,

la salud para los enfermos y todas las realizaciones, pocas o muchas, malas o buenas, pero las únicas en

fin, que el Sahara ha tenido. Y lo hicieron con amor y fe, porque no hay fortuna capaz de compensar para

quien no ha nacido en el desierto, no un año, sino la dureza de un solo día de vida en el Sahara, como no

se viva allí por idealismo y vocación.

Luego consideré también la situación en que iban a quedar muchos compatriotas nuestros que ahora

volverían a ser saharauis en virtud de un plumazo, aunque muchos de ellos fueran los primeros en

lamentar cuantos acontecimientos nos habían distanciado durante los últimos meses.

LA GRAN MAQUINACIÓN

Y aunque en aquel momento no sabía que así se cumplían los primeros movimientos de la gran jugada

(pues la retirada de la marcha verde era a fin de dar paso a las Farm, ya que nuestro Ejército habría sido

alejado para que no pudiera presenciar lo que estaba ocurriendo, igual que ANTES de la marcha verde

nuestros pilotos recibieron orden de no sobrevolar determinadas zonas, para que no viesen la gran

columna marroquí que ya había irrumpido en el Sahara) comprendí que todo era tan absurdo,

descabellado y bochornoso que no podía ser casual, y por eso, cegados los ojos de lagrimas, lloré sin

consuelo con el mismo dolor con que a partir de entonces he llorado tantas veces por la misma razón.

Victoria MARCO LINARES.

Fotos: ARCHIVO.

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