Autor: Herrero, Pedro Mario. 
 Así fue lo del Sahara (III). 
 El PUNS murió casi antes de nacer     
 
 Ya.    18/01/1977.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

INFORM ACIÓN NACIONAL

ASI FUE LO DEL SAHARA (III)

EL PUNS MURIO CASI ANTES DE NACER

"España colonialista", "España afloja", repite el eco del desierto • Terroristas infiltrados con cincuenta

mil pesetas en moneda española en el bolsillo • El jefe del PUNS desapareció de El Aaiún llevándose

todo el dinero de la caja

Hubo muchas ocasiones de realizar un referéndum honrado en el Sahara, preguntando a los nativos si

querían ser una provincia española. Este referéndum se hubiera ganado por una mayoría aplastante de

votos. Pero resulta que...

De vez en cuando, los procuradores saharauis visitaban al almirante Carrero Blanco. Les acompañaba

siempre un jefe militar. Como sea que la oficialidad y los altos mandos del Sahara estaban de acuerdo

sobre el referéndum, el Jefe militar así se lo transmitía a Carrero. (Esta es la psicología del saharaui:

siempre observa profundamente a su interlocutor. Y si quiere sacar algo de él, lo único que piensa es en

decirle al interlocutor lo que al interlocutor le gusta escuchar. Es decir, busca dar coba, hacer feliz por

encima de toda idea. Más coba, más se saca, Y de Carrero Blanco podía sacarse mucho.) Cuando los pro-

curadores escuchaban al Jefe militar, se exaltaban y se llenaban de ardor patriótico: "Nosotros estamos

con España; nosotros amamos a España; nosotros ofrecemos nuestra vida a España." Carrero les

escuchaba, y luego rotundamente zanjaba la cuestión: "Nada de referéndum; no es necesario; no interesa."

Superficialmente parecía lógico. Carrero pensaba: "¿Para qué un referéndum si están todos con nosotros?.

¿Por qué arriesgarnos?". Carrero lo entendía al revés. Este fue el error. El error de muchos políticos. No

profundizar en el carácter y en la psicología.

En febrero de 1974 sucede un hecho capital para el futuro del Sahara: llega como gobernador el general

don Federico Gómez de Salazar y Nieto, acompañado del coronel Rodríguez de Viguri, ya perteneciente a

la clase B. Por lo pronto se realizó un cambio importante. El teniente coronel Duyos, muy amado por el

Ejército, que estaba de secretario general, comenzó a aburrirse. Poco después se aburrió más. Luego se

fue. Nadie le echó, quede claro. Se fue por propia voluntad. Ocupó su cargo el coronel Rodríguez de

Viguri.

Cada equipo nuevo de mando que llega a un lugar como el Sahara lleva órdenes del Gobierno, eso lo sabe

cualquiera. Y el Gobierno en Madrid florecía en una nueva esperanza. Don Carlos Arias había

pronunciado su célebre discurso del 12 de febrero. España lanzaba sus campanas al aire.

El nuevo gobierno del Sahara no ocultó, al parecer, sus proyectos. Cartas boca arriba. Y así dijo que

llegaba con la idea de promover la independencia del Sahara lo más pronto posible. ¿Es normal que un

Gobierno hable tan claro? ¿Era un camuflaje ?

Una de las primeras medidas fue la orden de integrar saharauis en la Administración, de darle más

poderes a la Asamblea, de aprovechar jóvenes para cargos importantes. Bueno, de acuerdo.

De pronto, y de una forma inesperada, el nuevo Gobierno del Sahara aceptó reuniones de viejos y jóvenes

saharauis, donde éstos podían hablar libremente, y les dijeron que sentían que los otros Gobiernos del

Sahara hubieran hecho las cosas mal, que ahora se iba a remediar el asunto. A los oficiales, por su parte,

les demostraron que eran unos colonialistas. Ante esto, el Ejército del Sahara comenzó a pisar mala

hierba. (El colonialismo real del Sahara siempre ha partido, igual que marca inexorablemente la historia

de nuestras conquistas, de una actitud personal de los gobernadores de querer atraerse a los Chiuj, a los

jefes de los tribus, y darles todo lo que pedían, y enriquecerles, para tener un grupo de caciques y dominar

apoltronados y sin problemas el Territorio. En otro aspecto, los saharauis tenían prácticamente el mismo

derecho que los españoles, según, la ley).

Aquel cambio, que se puede considerar asombroso en el Gobierno del Sahara, produjo un desconcierto

enorme. Los españoles, al sentirse llamar colonialistas, se acoquinaron y adivinaron los negros

nubarrones. "¿Viene este equipo a entregar el Sahara?" También produjo desconcierto en los saharauis,

qué tras una leve etapa de perplejidad quisieron pulsar hasta dónde podían llegar y apretaron la tuerca en

las reuniones. Se levantaban y pedían más dinero, más trabajo, más todo. Y se les escuchaba.

Por su parte, el Polisario aprovechó aquella perla que le llegaba caída del cielo y, por primera vez, una

palabra llenó todo el Sahara de ecos: "Colonialista. España, colonialista." Los jóvenes, soliviantados; los

hombres saharauis, pasmados de la nueva libertad; las mujeres, empujando ferozmente a los maridos; el

Polisario, frotándose las manos. Y todo el Sahara diciendo: "España afloja."

Hasta tal punto "España afloja" que, por primera vez en la historia del Sahara, los Chiuj se presentan al

gobernador con una pretensión demencial. Exigen la destitución inmediata del teniente coronel Valdés,

delegado gubernativo del Norte, y del teniente coronel Lopez Huerta, jefe de la Policía Territorial. El

gobernador no les hizo ni caso, pero la verdad es que a España comenzaban a tocarle los mofletes en el

Sahara.

EL GRAN MIEDO

Marruecos aprovecha, a su vez, la ocasión y comienza a enviar terroristas. El 3 de mayo estalla la primera

bomba en un bar, frente al cine. Las Dunas. La segunda bomba estalla debajo del coche de un brigada, en

Colominas y le hace un boquete como un túnel. Al dia siguiente, otra bomba en las traseras de la Jefatura

de Intendencia. Murió un niño de catorce años, que apareció destrozado. Dos días después pusieron otra

bomba detrás de un local, La Lucha Canaria. Murió un niño español que paseaba por allí. La Policía se

mueve; el terror se apodera de El Aaiún. La gente desconfía de todo. Se ve un paquete raro en la calle,

llamada inmediata. Se ve una moto aparcada durante media mañana con un paquete detrás, llamada. La

Policía actúa rápida y bien. El gobernador le asigna un equipo de artificieros de artillería para desmontar

las bombas. Caen pronto en las redes nuevos terroristas. Todos infiltrados de Marruecos. Todos con

cargas de plástico, granadas de mano, bombas con relojes eléctricos con pila. Todos con cincuenta mil

pesetas en el bolsillo, en moneda española.

El gran miedo duró unos diez días. Porque a los terroristas se les preguntaba dónde habían enterrado las

otras bombas. Lo decían y se les invitaba a sacarlas. No sabían una palabra de explosivos. Así que al

desenterrarlas, algunos...

A todo esto, el PUNS está en marcha. ¿Qué es el PUNS? El Partido Unión Nacional Saharaui. ¿Quién lo

creó? Al parecer, era una vieja idea para contrarrestar al Polisario o, mejor dicho, una idea anterior al

Polisario. Se había dicho: "¿ Por qué no creamos un partido para canalizar a los jóvenes? Para que

resuelvan sus problemas hablando y no dando garrotazos; un partido honrado"; ésa era la idea. ¿Por qué

nace el PUNS? Al parecer, porque Rodríguez de Viguri estudia el asunto y le parece factible. Para la crea-

ción del PUNS no hubo reuniones, no salió de un estudio ni de una discusión. Apareció de la noche a la

mañana.

Entró buena gente en el nuevo partido, esto es lo cierto. Gente Joven, amiga de España. Pero todo se hizo

muy mal. En primer lugar, el PUNS llagaba a destiempo, pues el Polisario avanzaba con el acelerador a

toda marcha; en segundo lugar, se hizo tan gubernamental, que aquello olía a podrido. Se dio dinero a la

gente, se la pagó bien. Lo que quiera decir que el PUNS no tenía ninguna idea ni ningún espíritu más que

el dinero. Podría haberse conseguido algo si los miembros del PUNS se hubieran acercado a la frontera de

Mauritania y se hubieran enfrentado al Polisario. Pero no fue así.

UN MUCHACHO LLAMADO JALIHENNA KACHID

Las autoridades del Sahara le dieron un jefe al partido, un muchacho joven llamado Jalilienna Rachid.

Dicen en El Aaiún que fue una elaboración de la Dirección General de Promoción del Sahara. Jalihenna

siempre había estado en España. Aseguraban que era ingeniero, pero más tarde, al parecer, se comprobó

que no tenía ese título. El muchacho llegó a El Aaiún y comenzó a mandar. Como nadie le conocía, no

tenía gran autoridad. Además, la gente desconfiaba de él por sus costumbres europeas.

Y el Polisario envió a sus mujeres a molestar al PUNS. "Sois unos cobardes. Estáis pactando con los

colonialistas, mientras los verdaderos saharauis mueren en la frontera de Mauritania."

Amagos de ataques en el Norte, provocados por Marruecos. Minas en los caminos frecuentados por los

"jeeps" en el desierto. En Guelta desertan dos patrullas de soldados nativos nómadas y se llevan a

nuestros oficiales al Polisario. El Gobierno del Sahara desarma a los nómadas y pide que también se

desarme a los nativos de la Policía Territorial. Pero su jefe, el teniente coronel López Huerta, se niega.

Los necesita para lo que se avecina: los necesita para la lucha del desierto. López Huerta se sale con la

suya.

Y en una éstas, Jalihenna Rachid desaparece de El Aaiún, llevándose todo el dinero de la caja: 600.000

pesetas. Es la muerte del PUNS, casi antes de nacer.

Allá, al fondo, se anuncia la llegada al Sahara de la Comisión de la ONU.

Pedro Mario HERRERO

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