Autor: Herrero, Pedro Mario. 
 Así fue lo del Sahara (II). 
 En 1970 nació el Polisario     
 
 Ya.    15/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

15-I-77

ASI FUE LO DEL SAHARA (II)

EN 1970 NACIÓ EL POLISARIO

Exaltación del patriotismo sin hablar de que España abandonase el territorio • Las mujeres, las más

agresivas • Hasta la llegada de la ONU, el tema no parecía tener importancia • Un empleado de Fos

Bucraa y otro de Radio Sahara, ayudas para los polisarios

Después del sangriento 17 de junio de 1970, y desaparecido Basir—el alma y la llama del suceso—, las

autoridades españolas sólo expulsaron del territorio a una persona: Rabbani, locutor de Radio Sahara.

Rabbani se estableció en Nou-ad-Hibou, ciudad fronteriza de Mauritania, cercana a La Güera. Allí abrió

una oficina y comenzó a reclutar gente para seguir la idea de Basir. En todos los países hay descontentos

y resentidos y éstos fueron los primeros en alistarse a un partido que no tenia doctrina ni idéales, que

nacía solamente con el propósito de molestar a España. Los otros cabecillas, El Gali, Muisa y Buda, el

hermano del alcalde de El Aaiún, también se unieron a Rabbani tras negarles el Gobierno del Sahara la

reincorporación a sus puestos de funcionarios, bien pagados, por cierto. Llegó más gente, hombres sin

trabajo de Argelia y Mauritania y, naturalmente, muchos idealistas. Ninguno de ellos cobraba un céntimo.

La primera de sus acciones de hostigamiento a la frontera española del Sahara fue robar unos camellos.

Hubo disparos. En el desierto todo se ve, todo se oye, todo se sabe. La noticia corrió como reguero de

pólvora de boca en boca, y nadie imaginaba que con aquella noticia iba naciendo, casi sin darse cuenta los

mis protagonistas, el F. Polisarlo (nombre absolutamente español: F, Frente. Po, Popular. Li, Liberación.

Sa, Sahara. Rio, Rio de Oro. Frente Popular de Liberación del Sahara y Rio de Oro). Nadie lo sabía

entonces; no existía ni el nombre, pero el manantial comenzaba a dar agua.

Una bandera

Siguieron pequeñas acciones, siempre en la frontera con Mauritania, para molestar a la Administración

española. Más tiros. Se pasaba, pues, de la oratoria de las reivindicaciones sociales—mejores salarios,

mejor distribución de la ayuda, más puestos de trabajo—a empuñar el arma y luchar. Aquello produjo un

tremendo impacto en la población saharaui. Resurgía, al parecer, el valor y el ímpetu de las tribus arab, a

las que no les importaba morir, a las que dejaron por todo el desierto su sangre por amor a la guerra. La

juventud comenzó a soñar: estaba, sin duda, al lado de aquellos guerrilleros. Sin embargo, nadie hablaba

de que España se fuera del Sahara; ni siquiera se pensaba. Era simplemente la exaltación del patriotismo.

Las más traumatizadas fueron las mujeres, porque el Sahara es un matriarcado. Empujaban a sus maridos

a la lucha y poco a poco la idea fue tomando cuerpo, y una noche apareció en El Aaiún una extraña

bandera: verde, roja y negra, con una media luna y una estrella roja de cinco puntas. El F. Polipario ya

tenia nombre y ya tenía bandera.

¿Quién les ayudaba? Argelia. Argelia vio de inmediato la posibilidad de canalizar aquel movimiento y de

conseguir cierto poder en el Sahara —donde no tenía ninguno—, y así les entregó armas, y vehículos, y

dinero. Todo racionado, es cierto, pero suficiente para las escaramuzas fronterizas y para hacer acto de

presencia en El Aaiún. Aparecieron más banderas en las calles. El método más usado era unir la bandera a

una cuerda con una piedra da contrapeso y colgar la bandera de los cables de la luz. Un día la cosa fue

más seria. En Jatarrambla, barrio de los pobres en las pequeñas colinas, apareció una bandera del

Polisario con una bomba adosada. Afortunadamente no hubo víctimas.

También a las noches lanzaban panfletos. Las octavillas, impresas en Arge1ia, eran farragosas, no se

entendían y estaban escritas por personas que casi no sabían el castellano. (Las escritas en árabe tenían

mucha menos audiencia, porque los saharauis no entienden el árabe.) Los textos eran de tipo

marxistaleninista, y hablaban de la opresión, de los nazis, de campos de concentración. Estaba muy claro

que se copiaban textos antiguos de los que habían empleado los argelinos en su lucha de liberación contra

Francia; No tenían ningún sentido actual. Pero Argelia, mientrastanto, empleaba sus medios de

información para dar publicidad a los valientes saharauis que luchaban contra España, de aquellos

hombres que comenzaron a hostigar la frontera de Mauritania simplemente porque el Gobierno del Sahara

les había separado de sus cargos de funcionarios. Argelia creó el partido y le dio entidad.

Hubiera sido fácil

¿Que pensaban las autoridades españolas del Sahara? No le dieron gran importancia. En realidad no la

tenía. Hubo muertos, ciertamente. Pero en un largo período que alcanza desde 1970 a 1975, trece muertos

no parecen demasiados. Por otra parte, el Polisario no se manifestaba nunca públicamente. La Policía

española sabía que algunos dirigentes se reunían a veces en las zonas periféricas, en Jatarrambla, en las

Casas de Piedra, en el barrio del Cementerio. Se les detenía, se les interrogaba, y una hora después se les

dejaba en libertad, porque no había pruebas contra ellos, ya que en El Aaiún nunca realizaron ninguna

acción.

En aquel tiempo hubiera sido muy fácil cortar de raíz aquel hostigamiento y terminar con el grupo activo

del Polisario. Pero el Gobierno español no permitía que se persiguiera al Polisario más allá de las

fronteras argelina o mauritana. Más de una vez, algún oficial actuó por su cuenta y se adentró veinte

kilómetros fuera de territorio español y copó a un grupo de polisarios. Pero al comunicar la noticia a los

superiores aulló la radio del "jeep" con la orden tajante y terminante de replegarse inmediatamente sin

disparar un solo tiro. Hubiera sido muy fácil. Pero detener la idea era harina de otro costal. Una idea no se

detiene a cañonazos, y todavía nuestra civilización no ha encontrado el medio de detenerla.

Así pues, el problema de fronteras no era grave, puesto que lo resolvía la Policía Territorial sin necesidad

de que interviniera el Ejército. Los cabecillas del Polisario viajaban regularmente a Argelia, cruzando el

Sahara y entrando por Tinduf, para recibir órdenes. El viaje lo realizaban en Land Rover. (La flota de

Land Rover de los saharauis era impresionante. La casa comercial no podía servir todos los pedidos y era

necesario apuntarse en una lista de espera. Los saharauis compraban los vehículos a plazos, y muchas

veces entre varios.) Argelia soplaba al oído lo que era necesario realizar. Los saharauis hubieran sido

incapaces de crear un partido: no entendían de política, no sabían una palabra de lucha de guerrillas.

Había alguien más que ayudaba a los polisarios. Españoles.

Españoles que ayudan al Polisario

Uno de ellos tenía un café en la empresa de Fos Bucraa. El yacimiento de fosfatos era un nido de

discordia y descontentos que irradiaba su inquietud a toda la población saharaui. Los trabajadores nativos

ganaban en Fos Bucraa un sueldo doble, a veces triple( de cualquier trabajador del Territorio. Todos

querían ir a Fos Bucraa. Pero la Compañía escogía a los trabajadores a dedo. El Gobierno español del

Sahara, ante el descontento, impuso listas por orden riguroso de demanda de trabajo. Pero la Compañía,

que buscaba siempre a los saharauis mejores, los del Norte, se inventó un truco ab-so1utamente honesto.

"De acuerdo. Que el Gobierno nos envíe la gente, pero nosotros la examinaremos. Y se contratará al

mejor. Tenemos derecho, ¿no?´´ Así que la elección continuó siendo a dedo. En este ambiente, el titular

del cargo indicado era un activista. Se reunía frecuentemente con el Polisario, empujaba a los propios

españoles a apoyar el partido, porque, al parecer, pensaba ser el líder blanco del Sahara en el futuro, y por

ello atacaba constantemente al Gobierno español.

Mas adelante llegó un personaje a quien se le confió la dirección de Radio Sahara. Curiosa historia la de

este hombre. Afeminado, untuoso, móvil, estaba muy protegido por el Gobierno del Territorio. Poco

después de su llegada—en 1975—sucedió algo sorprendente.

Una noche depositaron por las calles de El Aaiún unas octavillas del Potisario. Pero la redacción no era la

normal, es decir, aquel engendro que llegaba de Argelia. La redacción era en perfecto castellano, con

giros levemente catalanes. La tinta de las octavillas estaba fresca, mientras que en las antiguas octavillas

estaba seca, puesto que las traían de Argelia. Además existía la ñ, cosa que faltaba antes. La Policía

Territorial comenzó a investigar, y llegó un día a Radio Sahara y preguntó si había alguna multicopista en

el edificio. Había una que dijeron que no se usaba. La Policía le echó una ojeada y vio que la tinta estaba

fresca, del día anterior. Pero... no había más pruebas. (Luego este hombre fue expulsado del Sahara.)

En el pueblo saharaui algo cambiaba. Las miradas de los hombres hacia los españoles, algún que otro

gesto insolente. Las mujeres, exaltadas, decían en las tiendas que, iban a cortarles la cabeza a los

españoles. En Villa Cisneros se celebró una pequeña manifestación y los calabozos del Tercio se llenaron

de gente. El Sahara avanzaba muy deprisa. Una autoridad que se hubiera alejado un año del territorio, al

volver ya no podía conocer los problemas.

Todo era subterráneo. Siempre. Hasta que llegó la visita de la ONU.

Pedro Mario HERRERO

 

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