Autor: Herrero, Pedro Mario. 
 Así fue lo del Sahara (V). 
 Sin novedad en Tah     
 
 Ya.    27/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

27-I-77

ASI FUE LO DEL SAHARA (V)

"SIN NOVEDAD EN TAH"

Ataque del Polisario y macabra danza de garrotes del PUNS • Hassan convoca a su pueblo a una

marcha voluntaria sobre el desierto saharaui

Después de la visita de la ONU y de que el Gobierno del territorio dijera la célebre frase "Nos vamos"

todo cambió en el Sahara. Cierto que Piniés aseguraba en las Naciones Unidas que España no

abandonaría el Sahara bajo ningún concepto. Pero la población española lo dudaba. "Sí. Eso pasó también

en Ifni, en Cabo Juby, en Marruecos y en Guinea." El escepticismo era absoluto.

Comenzó el éxodo. Se enviaban las mujeres y los hijos a Canarias y a la Península. En el aeropuerto se

amontonaban bultos, y las oficinas de Iberia eran un hormiguero. El Aaiún se muere poco a poco. Las

existencias en el mes de julio comienzan a escasear. El vino es un artículo de lujo. No hay ni embutidos ni

pan de molde. Los encargados de los grandes almacenes ya no traen de Canarias más mercancías. El

Aaiún es una ciudad casi sin mujeres, exceptuando a las "camareras" de los pequeños e innumerables

bares donde pulula la tropa. Hay una inevitable psicosis de entrega y nadie piensa que el futuro del

Sahara depende de la resolución de las Naciones Unidas. La situación se deteriora día a día. La gente

vende sus muebles (las casas no se las compra nadie porque saben que las abandonarán) a precios de

saldo. Un hondo pesar subterráneo se apodera de los españoles del territorio.

Una gran parte de los militares quieren entrar en acción. Marruecos está hostigando las fronteras y

matando a soldados (El 25 de junio, por una mina, mueren un teniente, un sargento y tres toldados

españoles). Quieren luchar. Pero las órdenes del Gobierno son terminantes: "No atacar. No pasar bajo

ningún concepto la frontera". Y así, los marroquíes siguen entrando en el desierto y envenenando pozos

del Ejército a base de arrojar animales muertos por la noche.

El 3 de julio llega una llamada del puesto de Tah, uno de los más cercanos a Marruecos. Los catorce

saharauis de la Policía Territorial que están en el puesto piden ayuda. Han llegado treinta camiones

marroquíes a la misma frontera, han encendido sus faros, convirtiendo la noche en un ascua sobre el

puesto, que ofrece un blanco perfecto. El comandante Fernando Labajos sale con varios "jeeps" y unos

cien soldados. Se va sin pedir permiso. Cuando se entera el Gobierno del Sahara se echa a temblar. Se

reúne urgentemente porque teme que haya un enfrentamiento irremediable. Se llama constantemente

durante toda la noche al puesto de Tah pidiéndole explicaciones al comandante Labajos. Pero la radio de

Tah sólo contesta machaconamente: "Sin novedad". Al día siguiente, con alivio, vuelve la Policía

Territorial sin haber disparado un solo tiro.

Por otra parte, la política del Sahara también se deteriora peligrosamente. El día 30 de junio hay una

manifestación del Puns, el partido creado por el Gobierno. Su desprestigio es total y pretende, quién sabe

para qué, resucitar de nuevo. El Polisario sólo envía a la manifestación a un grupo de mujeres que insulta

a todo el mundo.

El Gobierno del Sahara, de pronto, concede disco verde al Polisario. Puede manifestarse públicamente

cuando quiera, con la condición de que sus jefes admitan una entrevista con las autoridades españolas.

Pero el Polisario no acude a la cita.

UN DÍA SANGRIENTO

El día 7 de julio sucede algo inenarrable. A las nueve y cinco de la mañana el Polisario ataca la oficina

principal del Puns, situada en la avenida del Ejército, en pleno corazón de la ciudad. Tras media hora de

luchas, treinta heridos van al hospital. A las diez de la mañana, el Polisario ataca la oficina del Puns, en la

barriada de Co lominas, incendia el edificio y todos sus enseres, hasta el punto que las máquinas de

escribir quedaron carbonizadas. Tras un intervalo de estupor, el Puns se organiza y se lanza al mundo.

Con el Puns van los esclavos negros de los jefes de tribu, que cuidan el ganado en el desierto y que han

llegado a la ciudad no se sabe por qué permiso. Todos los esclavos llevan un garrote de medio metro,

procedente de los picos de trabajo. En camiones suben hacia los barrios de las colinas donde se supone

viven los miembros del Polisario, y sin piedad alguna comienzan a machacar cabezas. El espectáculo es

dantesco. De un camión descienden treinta o cuarenta energúmenos, entran en una casa y golpean a

diestro y siniestro a ancianos, a mujeres, a niños. No respetan nada. Van ciegos, llenos de odio.

Aquella acción inesperada no puede ser detenida por la Policía Territorial. Hay conversaciones en el

Gobierno para intervenir de inmediato, puesto que el Puns es el partido crea-. do por España. Los

vandálicos esclavos golpean a placer y el festín de los garrotes dura tres horas. A la una y media de la

tarde, la Policía Territorial comunica a los dirigentes del Puns que quien vuelva a golpear será

inmediatamente arrestado. Retorna la paz, pero en el Sahara se ha producido la ruptura entre la población.

Irremediablemente los dos bandos serán ya irreconciliables. Y surge la pregunta: ¿Por qué estaban los

esclavos en el Aaiún? Es evidente que sin un permiso especial ningún jefe de tribu se atrevería a traer a

sus esclavos a la capital. Pero aún hay más: ¿Cómo es posible que todos llegaran con mangos de picos

ocultos bajo la ropa? ¿Quién dio la orden de machacar cabezas?

Los Chiuj están muy excitados y dolidos, porque a causa del Polisario han perdido su poder. Durante años

y años su palabra era ley. Pero desde 1970, el polisario grita: "Fuera los Chiuj, mercenarios de los

colonialistas". Entonces se creyó llegada la ocasión de la venganza, la ocasión de demostrar que el

pacífico Puns ("nosotros amamos, nosotros no matamos") también sabía y podía machacar a sus

enemigos.

UNA CARTA PARA EL REY HASSAN

Durante los meses de agosto y septiembre sigue el deterioro, el éxodo, el recelo y la desconfianza en la

población española.

Y es cuando llega una carta a Rabat. Un personaje muy importante lleva una carta para el Rey Hassan II.

La carta debe entregarla personalmente. Nadie conoce el contenido de aquella carta. Quince días después,

Hassan habla a su pueblo y le dice que quiere organizar una gigantesca marcha sobre el Sahara y pide

medio millón de voluntarios.

Comenzaba el acto final.

Pedro Mario HERRERO

 

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