Autor: Herrero, Pedro Mario. 
 Así fue lo del Sahara. 
 Unos 3000 saharauis boicotearon un acto organizado por España     
 
 Ya.    09/01/1977.  Página: 4-5,7. Páginas: 3. Párrafos: 20. 

Ya

9-I-1977

ASI FUE LO DEL SAHARA

UNOS 3.000 SAHARAUIS BOICOTEAROS UN ACTO ORGANIZADO POR ESPAÑA

CAPITULO I; "EL DÍA 17 DE JUNIO DE 1970"

La protesta masiva se concentró en Jatarrambla ? Se produjeron dos muertos y veintitantos heridos al

intervenir la Legión ? El general Pérez de Lema, gobernador del Sahara, habló en la plaza de El Aaiún a

unos doscientos

Entre los heridos con pedradas en la frente figuraba el capitán Labajos, de la Policía Territorial

El día 17 de Junio de 1970 amaneció en El Áaiún, la capital del Sahara, un día luminoso. Las autoridades

españolas del territorio están contentas y esperan una Jomada patriótica llena de vibraciones y vítores a

España. La cuestión es muy sencilla. Se ha organizado una concentración de nativos en la plaza de la

Secretaria General, la plaza más bella y significativa de la ciudad, orillada al desierto, donde todos los

días se Iza y se arría ´la bandera española, ante la curiosidad de la gente.

El motivo de la concentración tiene algunas pe-quenas razones, aunque ninguna de ellas tan importante

como para causar verdadera preocupación. Resulta que días atrás, allá por el final de mayo, Bachlr Buera,

un comerciante inteligente, amigo de España, llegó hasta la Policía Territorial y preguntó por don

Femando Labajos, capitán Jefe de la primera compañía. "¿Qué pasa, Bachlr?" "No sé exactamente; pero

algo se fragua en Smara. Los soldados saharauis nómadas están muy calientes." "¿Por qué?" "Al parecer,

hablan de crear un partido contra el Gobierno o algo parecido." Labajos lo comunicó de inmediato a las

autoridades, que no sabían nada y que tampoco Be preocuparon nada con la noticia.

Ayudas y quejas

Habla algo más. El pueblo saharaui andaba con gran resquemor contra los chiuj, los jefes de familias de

las tribus, los hombres más importantes del desierto. El Gobierno español, que entregaba una considerable

ayuda mensual a la población en material, dinero y víveres, usaba a los chiuj como intermediarios para,

repartir la ayuda de la forma más equitativa. Pero el pueblo se murmuraba cosas al oído, que, según todos

los síntomas, eran verdades, como puños. "Sí; pasan con los camiones llenos, pero ¿a quién reparten ? A

sus familiares. O sea, que los mismos chiuj se quedan con toda la ayuda que entrega España." Habla más

aún. Por aquellos días las radios de Marruecos están desmadradas y se dedican,a repetir cien veces al día

la misma frase: "El Sahara es marroquí. El Saraha es marroquí." Los saharauis, al principio, se quedaron

pasmados, pero poco después comenzaron a montar en cólera y a cuchichearse sus penas de boca a boca:

"Si el ´Sahara no es marroquí, ¿por qué España no lo desmiente por sus ´radios y por la nuestra?" España,

sin embargo, siguió muda como una muerta.

Habla más todavía. Los trabajadores saharauls que construían las carreteras interiores del territorio vivían

en sus poblados, que se iban moviendo a medida que avanzaban las carreteras, y ganaban un buen dinero

a base de sudar bajo el sol. Pero la mentalidad del saharahui es muy especial. Ellos nunca piden nada. Son

orgullosos e hidalgos. Pero como le regales mil pesetas a uno de ellos, inmediatamente te piden todos mil

pesetas. Y decían: "Los chiuj no dan ni golpe; los chiuj se quedan con todo ¿Por qué tenemos que trabajar

nosotros tanto?"

Con todas estas cosas, los chiuj, que andaban un poco escorados e inquietos, fueron a ver al gobernador

del Sahara, el general de división don José María Pérez de Lema, y le propusieron hacer un acto, una

concentración, algo que acallara los rumores. España asegurarla tajantemente que el Sahara no era

marroquí; España hablarla, como siempre, de igualdad para todos; ´España hablaría de justicia, etc.

Acto del 17 de junio

El gobernador aceptó la idea encantado, y fue así como se fijó para el día 17 de junio el patriótico

acontecimiento, con la buena idea de poner camiones a disposición de lo» trabajadores del interior para

que asistieran al acto y sintieran que ninguno de ellos estaba olvidado por las autoridades españolas. La

idea, pues, lo abarcaba todo.

En las primeras horas de la mañana del día 17 de junio comenzaron a llegar camiones a El Aaiún. Pero

para llegar al pueblo hay que pasar por las Casas de Piedra, por Jatarrambla, donde existe una gran

explanada. Son los barrios pobres de la capital del desierto, los barrios que están sobre las pequeñas

colinas.

Bien. Las autoridades esperaban en la plaza de la Secretaría General la llegada de la multitud. Y no

llegaba nadie. Allí había cuatro gatos. "¿Qué pasa?" "Pues pasa que todos los camiones se detienen en

Jatarrambla, y allí descargan a la gente, y allí se están concentrando." "¿Y por qué?" "Eso no se sabe."

Hacia las doce del mediodía, el gentío llegaba a tres mil personas. "Alguien les detiene."

Basir. Basir, al parecer. ¿Quién era Basir? Un misterio. Unos decían que habla nacido en una pequeña

tribu del Sahara; otros decían que no. Había estado en Marruecos; de allí, según noticias, lo habían

echado por motivos políticos. El caso es que escribía. El caso es que parecía un hombre fino, que era un

hombre instruido, un intelectual, un poeta. Y nada más. ¿Había estado en Smara y había hablado con los

nómadas que querían formar un partido? Cierto que Basir estaba en El Aaiún y que celebraba reuniones

privadas, sobre todo en las casas de los pobres, en las que se decía que los salarios eran insuficientes, que

las escuelas eran insuficientes. Pero nunca se habló mal de España. Eso lo sabían muy bien Bachir Buera

y Beri Cal-lah, dos saharauis metidos en las reuniones para informar al Gobierno español. Solamente en

una de ellas, ante un joven exaltado, que dijo algo sobre la justicia de las autoridades, Beri Cal-lah sacó

una pistóla y dijo: "Al que hable mal de España lo dejo tieso." Y se zanjó" el asunto.

En Jatarrambla

Como alrededor de las doce había en Jatarrambla tres mil personas, y en la plaza de la_Secretaria

General, lugar de la cita, no más de doscientas, la cosa comenzó a preocupar "¿Tendrá esto algo que ver

con el asunto de Smara?" Por lo pronto, la Policía Territorial envió un par de coches con agentes, que sólo

¿levaban porras, y que se quedaron mirando a la multitud, sin intervenir. También subió un par de veces

para Informar el capitán Peral, de la segunda compañía. Y de parte del gobernador se les preguntó que por

qué no bajaban.

Ellos, entonces, dicen que una comisión quería hablar con el gobernador para exponerle unas

reivindicaciones. "¿Qué comisión?" Cuatro hombres: Ahmed Uld Kald Salan, hijo de un teniente de

tropas nómadas; Buda Uld Ahmed Hamua-dl, hermano del alcalde de El Aaiún; Gali Sidi Mustafá,

antiguo cabo de la Policía Territorial, Muisa Uld Luchaa Uld Letoser, comerciante. "Esta bien", se les

dice, "Vengan con nosotros a hablar con el gobernador." Pero ellos contestan: "´El mismo camino hay

desde aquí a allá. Que suba el gobernador."

Ante las nuevas, el gobernador llama a López Huerta, delegado gubernativo de la región norte, y a

Fernando Labajos. Y se van hacia arriba en dos coches. En el primero va el capitán

Labajos; en el segundo, el gobernador, López Huerta, y el teniente coronel Asensi, ayudante del

gobernador.

Labajos llega a Jatarrambla, ve la multitud, ve que aquello es una especie de feria, ve tipos cubiertos con

el turbante, con sólo al aire los ojos, y recomienda al gobernador que no entre en la explanada". Este

acepta el consejo y vuelve a su despacho.

El capitán Labajos se ya al zorro viejo, y allí caza a El Latri, personaje chiuj muy significativo y con gran

poder, y a Muld, jefe de una tribu, cuyo padre, por aquello de dominar lo más posible, había repartido a

sus hijos entre Argelia, Marruecos y Mauritania. Los interroga, Niegan su participación en el asunto y

aseguran que en Jatarrambla no tienen hombres de sus tribus. Se niegan a subir.

Se teme uno marcha

En este intervalo, el gobernador vuelve a subir con el teniente coronel Asensi, habla con algunos de los

manifestantes, pero no arregla nada. Vuelve a la plaza de la Secretaría, y ante un número ridículo de

personas lanza a los vientos su preparado discurso, que es traducido por un locutor de Radio Sahara.

La Policía Territorial envía otros dos coches a Jatarrambla, pero esta vez, además de las porras, en cada

coche va un hombre con un fusil. A las dos de

la tarde, la concentración se despejó un poco. Muchos saharauis se fueron a comer. De todas formas se

deja un servicio de Policía, al mando del teniente Carrero, sobrino de Carrero Blanco.

A las cinco de la tarde, la cosa se pone más grave. La multitud ha crecido. Se escuchan gritos y más gri-

tos—sin contenido, sólo para animarse ellos mismos— y comienza a temerse una marcha sobre el

corazón de El Aaiún, con el peligro que supone siempre una masa incontrolada.. Suben dos coches más

de la Policía y se alerta a la unidad. Suben López Huerta y Labajos y otros oficiales. Un saharaui extiende

una mano de amigo y recibe una bofetada. Allí sucede lo nunca visto. Jamás un saharaui había ni siquiera

insultado a un español. Pero, tras la bofetada, comienzan a llover piedras y más piedras sobre los

españoles. Las mujeres hablan preparado verdaderos montones de piedras, y todas fueron lanzadas, sin

dejar una. Labajos recibe una pedrada en la frente. Le Chorrea la sangre por el ojo y por la cara, pero no

se limpia. Conoce el miedo a la sangre de los saharauis y avanza entre ellos, que se paralizan de horror.

Comienza a dar bofetadas .mientras grita: "Pero ¿qué hacéis, qué hacéis? ¿Queréis que os matemos a

todos? Iros inmediatamente para casa." López Huerta también recibe una pedrada.

Toque de generala

Tiros. Se oyen tiros. ¿De la Policía Territorial, que había recibido la orden de no disparar? ¿De oficiales

de la delegación gubernativa, que habían subido con pistolas? Tiros, rebotes de balas, heridos. Se

repliegan los coches de la Policía cincuenta metros. López Huerta y Labajos entran en la enfermería, les

ponen un esparadrapo y van a ver al gobernador.

Como no se quiere de ninguna manera hacer una matanza, no se quieren emplear ametralladoras, ni

fusiles, ni atacar a la multitud, se piensa y se encuentra una idea: realizar una maniobra de disuasión.

Asustar. Que salga el grupo ligero blindado de la Legión, con sus autoametralladoras, con su temible

despliegue, que dé un par de vueltas encañonando a la multitud y que la multitud asustada, huya.

¿Subió el grupo ligero? No. Tocaron generala, reunieron una compañía al mando del juez de la

Legión, capitán Artocha, reunieron cocineros, albañiles, mecanógrafos, se lanzaron hacia Jatarrambla y

cayeron sobre el gentío. Los saharauis, al ver aquello, sacaron los garrotes y se defendieron. Entonces, la

Legión dijo para atrás, cuerpo a tierra y fuego a discreción. Muertos, según la versión oficial, dos;

heridos, veintitantos. Así terminó la concentración.

A la noche comienza a detenerse a saharauis significados. A pocos. A los cuatro cabecillas y a un locutor

de Radio Villa Cisneros. No se les hizo nada. Se les soltó pronto, y la única represalia sobre ellos fue

despojarlos de sus destinos de funcionarios.

Buscan a Basir

Pero ¿dónde está Basir? ¿Dónde está el organizador de todo aquello, el alma de todo aquello, el poeta, la

llama, el que dio vida a la disconformidad existente, el que se reunía las noches en los barrios pobres, el

posible hostigador de Smara ? A ése sí hay que detenerle.

Así que el capitán Labajos llama a Bachir Buera y a Beri Cal-Lah. "Tenéis que traerme a Basir. Porque el

teniente coronel Asensi dice que sois del Partido y os va a detener, y la cosa no está para bromas.". Ellos

encuentran a Basir en una casa vestido de mujer y lo entregan a las autoridades españolas. Estuvo en la

cárcel unos quince días.

La versión que se dio más tarde fue que Basir había sido expulsado por la frontera de Marruecos, que es

lo que se realizaba normalmente con todo aquel que se infiltraba y no estaba documentado en el Sahara.

Pedro Mario Herrero

 

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