Discurso del ministro de Asuntos Exteriores español     
 
 Pueblo.    11/01/1977.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 24. 

DISCURSO DEL MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES ESPAÑOLES

"Es necesario establecer entre ambas orillas una política de estrecha colaboración y desarrollo mutuo que

equilibre las diferencias actuales"

El ministro español se mostró partidario de reforzar la seguridad en tan importante zona estratégica, por

considerarla un peligro constante para los países que habitan sus costas

«Muchas gracias, señor ministro, por vuestras palabras. Sé que están dictadas por la gentileza, la cortesía,

la hospitalidad que son pro-pías del alma tunecina. Pero sé también que los habéis dicho con verdadera y

calurosa amistad. A ella me acojo para hablaros también como un amigo.

Dejadme deciros primeramente que me conmueve de manera extraordinaria el encontrarme aquí, en

Cartago. Cartago es casi una palabra mágica para los españoles y suscita en nosotros el recuerdo de uno

de los más antiguos nudos que atan las, historias de nuestros dos pueblos.

Igualmente levanta en mí sentimientos amistosos muy especiales el hecho de encontrarme esta noche en

Dar Maghrebia, la case del Magreb.

El Magreb representa otro hito de nuestra historia común a lo largo de los siglos, desde que vuestro

Kairuán fue la originaria capital espiritual y política del Islam de Occidente y Córdoba dependía de ella

hasta el fin del largo periodo durante el cual el Magreb y el Andalus formaron parte de un mismo

conjunto cultural que constituyó, en las tierras donde el sol se oculta, una de las mejores joyas del mundo

árabe. Gracias por haberme ofrecido estas dos hermosas ocasiones.

Pero, señor ministro, si he aceptado con alegría el alto honor de ser vuestro invitado no era sólo para

solazar mi espíritu, evocando el pasado en esta tierra maravillosa de Túnez. Era también, y muy

principalmente, para servir a una idea política concreta.

El Gobierno de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I, al que me honro en pertenecer, tiene la firme

decisión —como ha probado hasta hoy— de fortalecer con hechos la amistad que liga a mi país con los

pueblos árabes, amistad que. junto a tas fraternales relaciones que unen a España con su íntima familia de

naciones hispanoamericanas, constituye uno de los ejes permanentes de la acción exterior de mi país.

A ello responde la proyección do nuestra política tanto respecto al Oriente Medio como al Mediterráneo y

al Magreb. y en esa coordenada se inscriben nuestras muy cordiales relaciones con Túnez.

ORIENTE MEDIO

En relación al Oriente Medio, como ya tuve ocasión de señalar en mi discurso ante el plenario de la

asamblea general de las Naciones Unidas, "concedemos la máxima prioridad al objetivo de la pronta y

satisfactoria solución del conflicto en la zona, sobre la base de las resoluciones 242 y 338 del Consejo de

Seguridad".

Tal ha sido y es la postura de España. Permitidme aquí que señale, con admiración y profundo respeto

hacia la figura extraordinaria del "combatiente supremo" Habib Burguiba. creador del Estado tunecino,

verdadero padre de la patria, la coincidencia de fondo entre la tesis española y la que ya hace casi doce

años —y anticipándose a fórmulas que habían de tardar en llegar— señalaba vuestro Presidente como

único camino a seguir, en sus famosos discursos de 1965 en Jericó y Jerusalén.

Así, como es posible, este problema fuese estudiado en algún foro internacional, España es partidaria de

que en las discusiones participen los legítimos representantes del pueblo palestino, cuyos derechos

inalienables no pueden ser menoscaba-dos. España cree, como Burguiba dijo en Jericó, que los palestinos

son "titulares de un derecho violado".

Con e! mismo realismo —entonces no comprendido— con que Burguiba enfocaba e! problema del

conflicto, España debe contemplarlo reafirmando los principios hasta ahora sostenidos, pero también sin

abdicar de su vocación de universalidad que un día podrá llevarla, en el momento oportuno, a la

normalización dé relaciones con todos los países.

EL MEDITERRÁNEO

Respecto a nuestra política en el Mediterráneo, es ésta otra cuestión de interés común a la que deseo

referirme. Este área geográfica en la que nuestros dos países se hallan insertos, es de la máxima

importancia para toda la comunidad internacional, pero en primer lugar, para los países ribereños. El

hecho de que su importancia estratégica le haya inscrito en el terreno de juego de las dos superpotencias

mundiales, la ha convertido en zona de peligro constante para los países que habitamos en sus costas. Su

inclusión en concepciones estratégicas globales ha desplazado el centro de gravedad de todas las

atenciones desde el área de los intereses propiamente mediterráneos a la de los intereses mundiales, con

grave perjuicio para la seguridad, desarrollo y prosperidad de los habitantes de nuestro mar por ello, y

aunque no quepa fácilmente prescindir de esta realidad, España piensa que los pueblos mediterráneos,

deben redoblar sus esfuerzos para concertar, si resulta posible, un sistema complementario de seguridad

de la zona en el que ellos participen activamente Un sistema que no sólo contribuya a disminuir la tensión

dentro del área y en cierto modo a "desalienar" a los pueblos mediterráneos de su artificial situación de

hoy, sino que también cree las condiciones indispensables para el establecimiento de una política de

autonomía futura. Será . sumamente necesario, en esta óptica del porvenir, superar la dicotomía norte-sur

del Mediterráneo y establecer, entre ambas orillas, una política de estrecha colaboración y desarrollo

mutuo que equilibre las diferencias actuales.

EL MAGREB

En línea con estos pensamientos y concentrándome en un área común todavía más concreta, quiero

señalar aquí también la importancia inmensa que para España tiene una política de amistad sincera y

eficaz con los países del Magreb. Como afirmé al principio, decir Magreb entre nosotros es mencionar un

solar histórico común. Ese brazo de mar que separa a España de los países del Magreb y que algunos

geógrafos han llamado "la mancha mediterránea", ha sido mucho más área de comunicación y de unión

que abismo separador. Por ello, está destinada, a ser, en el futuro, la fácil vía de comunicación de unos

pueblos que deben constituir un conjunto internacional de cooperación cada vez más estrecha. El destino

que ha unido —hasta para enfrentarse— a los países del Magreb con la Europa de enfrente, opera en el

caso de España y ha ds operar en el inmediato porvenir, de manera intensa. Creo que no se puede

concebir una política exterior española que no sea, en gran parte, política magrebí. Por estas obvias

razones, mi Gobierno desea del pasado ningún contencioso perturbador, no hay tampoco hipotecas que

graven nuestro futuro o que estorben la marcha de nuestra posible cooperación. Estamos libres ante el

porvenir. En ese sentido podríamos hablar de. que nuestra situación es un modelo ejemplar de lo que

puede ser una relación fructífera entre un país europeo y uno magrebí. Podemos, pues, acelerar nuestra

marcha en el camino de la cooperación, en el que esperamos alcanzar nuevos y fecundos frutos.

España se siente, en sus relaciones con Túnez, perfectamente inserta en lo que podríamos llamar la natu-

raleza de las cosas. Para los españoles, esas relaciones son casi tan antiguas como la historia misma y

conservamos viva una profunda admiración hacia vuestro pueblo No podía ser de otro modo, pues este

país es una suma admirable de espíritus diversos, en la que se funden las almas de los pueblos numidas,

valerosos defensores de su tierra matricia, de los fenicios inteligentes y audaces, que hicieron la grandeza

de Cartago; de los romanos, que trajeron el genio greco-latino e incorporaron esta tierra a la más uni-

versa! de las civilizaciones de su tiempo; de los fuertes germanos, que fundaron el reino vándalo; de los

refinados bizantinos, y, en fin, el fervientemente que se alcancen con los países del Magreb formas de

colaboración íntima y fecunda. En la tarea de armonizar estas perspectivas es mucho lo que puede hacer

Túnez con su bien ganado prestigio de potencia dialogante y mediadora.

LAS RELACIONES HISPANO-TUNECINAS

En la lógica de estas reflexiones que yo llamaría hispano-árabes, hispano-mediterráneas e hispano-

magrebíes, hay, como en una secuencia de anillos concéntricos de afuera adentro, el anillo último y

central: las relaciones hispano-tuneciñas.

Con una gran satisfacción quiero recordar aquí que en nuestras relaciones bilaterales no existe ningún

problema, Al no haber heredado alma poderosa del Islam, que dio la forma definitiva a vuestra

civilización y la preparó para que un día cuajara en un país independiente y soberano.

Todo ese patrimonio diverso del que vuestro país es heredero ha sabido ser inteligentemente aceptado y

asumido por el Túnez de Burguiba. Yo sé que en una sala principal del palacio presidencial de Cartago

hay cuatro estatuas, las de Yugurta. Aníbal, San Agustín e Ibn-Jaldun que son los cuatro personajes que

mejor resumen vuestra historia, hecha de diversidades. Me parece que esa manera de proclamarlo resume

también el espíritu abierto, equilibrado y unificador que caracteriza a Túnez, un país que no renuncia a

ningún capítulo de su historia.

Si alguien en los tiempos modernos ha encarnado más vivamente ese espíritu de equilibrio y de razón es

el Presidente Burguiba, a quien deseo aquí rendir mi homenaje más sincero de admiración. En la obra que

Burguiba ha llevado a cabo, con tenacidad impresionante, con inteligencia clarividente, con serenidad

siempre, sufriendo incomprensiones, persecuciones, cárceles y destierros que dañaron su salud, vemos los

españoles la garantía mejor del futuro de Túnez. Pedimos al Todopoderoso que devuelva la salud a

vuestro jefe de Estado y le dé largos años de vida, pero sabemos también que su sacrificio no fue estéril y

que. gracias a él, su pueblo ya está ante un camino abierto, andando por él con naturalidad y sin

complejos, tratando de ver siempre lo que está enfrento con realismo y calma, sin entregarse a sueños o

presiones inútiles: sólo a la pasión de construir una sociedad cada día más libre, justa y mejor.

Nos complacería mucho a los españoles coincidir en ese camino, frecuentemente, con nuestros amigos

tunecinos. Estamos convencidos de que Túnez es un factor de equilibrio, contacto y moderación en el

Mediterráneo, y creemos que el trabajo en común puede añadir cantidades grandes y positivas al esfuerzo

de progreso pacífico en ese área.

En nuestras conversaciones durante estas horas hemos pasado revista a los diversos capítulos de nuestra

cooperación, tanto en el terreno económico como en el cultural y en el técnico. Creo que hemos podido

comprobar que hemos hecho en todos estos órdenes de cosas, algunas considerables. y, sobre todo, que

estamos haciendo y podemos hacer mucho más. No es éste, quizá, el sitio para enumerar detalladamente

los diferentes proyectos en desarrollo, pero si para afirmar que mi Gobierno está decidido a llevarlos a

buen fin y a incrementar la cooperación de todo orden de manera que España pueda participar en los

prometedores y equilibrados planes de desarrollo tunecinos, que han dado hasta ahora resultados tan

brillantes. Esta será una de las maneras de concertarse los dos países y de hacer realidad operante y

cotidiana esa solidaridad a la que me he referido romo una de las líneas maestras de la política exterior

española.

En eso espíritu, permitidme, señor ministro, que levante mi copa para agradeceros una vez más vuestra

generosa hospitalidad y agradecer la compañía de todas las distinguidas personalidades que hoy se reúnen

con nosotros en este "Dar Maghrebia" para brindar por la salud de su excelencia el Presidente de la

República, a quien desde aquí envío mi saludo de respeto y afecto y el mensaje de amistad de todos los

españoles, que en él ven el gran amigo de siempre: por su excelencia el primer ministro y todo el

Gobierno tunecino: por la prosperidad y felicidad de este querido pueblo que ocupa un lugar privilegiado

en el corazón de los españoles; y, en fin, por vuestra salud y ventura personal y de la señora de Chatty, a

quienes mi mujer y yo renovamos nuestra gratitud.»

11 de enero de 1977 PUEBLO

 

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