Autor: Gozalo, Miguel Ángel. 
 Gibraltar. Ida y vuelta al peñón. 
 Esperanzas gibraltareñas ante el momento político español     
 
 ABC.    04/03/1976.  Página: 17-18. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

ESPERANZAS GIBRALTAREÑAS ANTE EL MOMENTO POLÍTICO ESPAÑOL

, «Somos británicos, no ingleses.» Es algo que le dirán a usted en cuanto llegue a Gibraltar. Se lo dirán

con acento andaluz, sonrientes. El gibraltareño es un andaluz descarriado que, como todos los andaluces,

ha visto pasar por su lado a mucha gente. Gibraltar es una especie de incómodo apéndice de la. Península

Ibérica. En octubre de 1969 "España —después de una larga historia que ustedes se conocen de

memoria— decidió proceder a operarse de tan molesta adherencia. Gibraltar lleva tres siglos recordando a

los españoles que es un trozo irredento de España, una punta del paisaje, que. nos ha sido arrebatada y

que no hemos sabido recuperar. El primero de octubre de 1969, una política, embarcada en la dignidad

irrenuneiable, intentó la operación definitiva: cortar amarras entre España y la Roca Gibraltar sería una

isla,una base militar: España terminaba en San Roque y seguía hacia Algeciras, dejando perdida en la

bahía un promontorio que, sin teléfono que le uniese con nosotros, sin comunicaciones con la Península,

sin trabajadores españoles, acabaría extingliéndose de manera natural...

No ha sido así. Siete años después, Gibraltar sigue firme. Es más base británica que nunca. Y, por primera

vez, empieza a parecer más inglés que español. Le dije a Don Salvador Hassan —sir Joshua para los

amigos ingleses, sefardí casado en primeras nupcias con una española, primer político gibraltareño,

dirigente máximo del partido laborista, que ha estado en el Poder prácticamente desde que los ingleses

dejaron que los «llanitos» organizasen su vida política— que por qué no había más letreros en castellano

por las calles de la Roca, puesto que todos los gibraltareños hablan «también» el español. Su respuesta:

«Como no pueden venir los españoles a leerlos, para qué los vamos a poner en español...»

He pasado en Gibraltar un fin de semana. Gibraltar es un mundo sorprendente, un microcosmos donde, en

domingo, los gibraltareños le dan continuas vueltas a la Roca para olvidar que el Peñón es una prisión.

Algunos de los principales políticos gibraltareños hicieron un hueco en su pausa dominical para hablar

conmigo.

TELEFONO EN NAVIDAD

Entre estas personalidades políticas que tuve ocasión, de entrevistar estaba, naturalmente, Salvador

Hassan, a quien los ingleses llaman Joshua, sir Joshua Hassan.

Hassan es judío sefardita, es decir, que es una especie de español por partida doble: por sefardí y por

gibraltareño. Está en la política de Gibraltar desde que en la Roca hay política. Es uno de los destacados

miembros de la comunidad Judía gibraltareña —600 personas, cuatro sinagogas— y sus ideas sobre

España y Gibraltar deben calificarse de moderadas. «La Prensa española me ha tratado muy mal —me

dijo—. Y debo decir que, sinceramente, no me lo hemerecido, porque yo he sido una persona que no ha

dicho nada nunca contra España. Ni siquiera he hablado, de Franco como persona. Porque yo sabía que

no podría comprometer e] futuro de Gibraltar y sus relaciones con, España.»

En el jardín de la sede del Gobierno, Hassan, que había empezado la entrevista con cierto mal humor

porque llegamos tarde a la cita, era domingo y tenía muchas cosas que hacer («ustedes los españoles lo

quieren todo: grabar una entrevista contra reloj, que les conteste a todas las preguntas, que les reciba en

día de fiesta...»), se mostró muy cordial y simpático; enseguida bromeó, recordando la reacción de un

periodista español al que le recibió en Londres después de que le había calificado, en una diario de

Madrid, de «presidente del Sindicato de Contrabandistas de Gibraltar», y evocando la Peña de amigos que

tenía en Madrid ante de la guerra.

Los veinte minutos inicialmente concedidos se convirtieron en casi una hora. La síntesis de sus

declaraciones es que el cierre de la frontera, con la incomodidad que ha supuesto para la población

gibraltareña, no ha contribuido a mejorar las relaciones entre España v Gibraltar ni a facilitar la posible

aproximación. Al contrario: los gibraltareños están irritados y creen que lo primero que hay que hacer

para que la situación mejore es eliminar estas actuales dificultades de comunicación.

Hice ver a Hassan que en las Navidades se había vivido una experiencia inédita en siete años: el

restablecimiento de las relaciones telefónicas durante algunos días.

El resultado fue 1.000 llamadas diarias entre Gibraltar y España (600 de España a Gibraltar y 400 desde la

Roca al resto de la Península), en un gesto que este responsable de Gibraltar no deja de valorar. Bossano,

influyente líder sindical de la Roca, se había manifestado en contra de la aceptación de esta especie de

«caridad telefónica». Pues bien: sus compatriotas agradecieron mucho el restablecimiento del servicio y

esperan que se repita: no hay que olvidar que los lazos entre Gibraltar y España no se han roto desde

1704. Hay 3.500 españolas casadas con gibraltáreños. En 1958 en La Línea vivían 400 familias

gibraltareñas.

CONFIANZA EN EL FUTURO

Como resumen de la charla con Joshua Hassan, su comentario ante las últimas declaraciones oficiales que

ha hecho España sobre Gibraltar en el primer mensaje de la Corona y en el discurso del presidente Arias a

las Cortes: según él, aunque en el fondo se sostiene la misma tesis de siempre, se hace en un lenguaje

menos rígido que parece insinuar el hecho de que en Gibraltar hay una población gibraltareña que hay que

tener en cuenta y de que este es un problema a resolver entre tres.

Todos los políticos gibraltareños con que hablé utilizaron, para comentar el asunto, la imagen del joven

que quiere cortejar a una chica y la trata a palos. «Así no hay nada que hacer», me decía uno de ellos, que

confesaba: «Si yo fuera español también pediría la devolución da Gibraltar. Yo comprendo que España

quiera Gibraltar. Pero los gibraltareños no tenemos la culpa de lo que ha ocurrido... Yo tenía un amigo

español, muy español y muy amigo, que me decía: "Vamos a llorar un día por la pérdida de Gibraltar.

Pero vamos a procurar seguir siendo amigos los otros trescientos sesenta y cuatro"...»

Ante el viaje de Areilza a Londres, estas declaraciones, nada crispadas a pesar de las dificultades

humanas que sufren los gibraltareños por el cierre de la frontera, tienen cierto interés. Gibraltar mira con

cierta expectativa confiada él momento político español. Piensan que Areilza — como Fraga, como el

propio Rey— representan una España más dialogante, más transigente. Areilza, antes de ser ministro de

Asuntos Exteriores, dijo que, sobre Gibraltar, él no tendría «una rigidez excesiva», pues es «algo que

caerá por su base un día», y afirmó que «hay que tener en cuenta a la población gibraltareña y prestar más

atención a los líderes políticos de la Roca y a sus opiniones». Fraga, al cesar como embajador en Londres,

señaló: «Estoy convencido de que existe una base seria de negociación para encontrar una solución que

permita equilibrar .los intereses legítimos de España (restablecer su soberanía y su integridad territorial),

de Inglaterra (mantener su presencia militar en Él Estrecho y sus accesos) y de la población gibraltareña

(conservar sus formas de vida y su economía).»

Veinticinco mil gibraltareños miran hoy hacía Londres. Quieren adivinar si la España del Rey es una

España distinta que ya a abrir una rendija en la frontera —y no sólo en Navidades— para que una minoría

peninsular, mezcla étnica dejada ahí por tres siglos de historia, que no es inglesa ni española, no siga de

espaldas, como un buque anclado, a una tierra que le es familiar.—Miguel Ángel GÓZALO.

 

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