Autor: Hernaiz, Eduardo. 
 Entrevista con Marcelino Oreja Aguirre. 
 Análisis de nuestra política exterior     
 
 Pueblo.    23/11/1976.  Páginas: 2. Párrafos: 53. 

ANÁLISIS DE NUESTRA POLÍTICA EXTERIOR

UNO de los hecho perfectamente constatados más acá de nuestras fronteras es la curiosidad con que se

mira a España en sus históricos momentos actuales. Quizá en esa distinta forma de mirarnos, en esa

visión, está también el encuentro de una imagen distinta. En este fenómeno de óptica política sólo hay una

razón: España es otra. Y si es otra aquí, entre nosotros, lo es también fuera de nosotros. El país, caminante

en la romería de la democracia desde el advenimiento de la Monarquía, tiene otra presentación —y otra

presencia— en nuestras relaciones exteriores; éste ha sido el móvil de la exhaustiva entrevista que

protagoniza Marcelino Oreja, en una especie de chequeo a la política exterior de la Corona en su primer

aniversario. Tengamos presente que el Joven canciller español fue el segundo de a bordo en el palacio de

Santa Cruz desde el primer gabinete de la Monarquía, y titular en la cartera desde julio pasado, lo que le

autoriza a ser el primer conocedor de las relaciones exteriores españolas en el último año.

También hago constar que Marcelino Oreja no ha dejado una sola pregunta por responder y que en todo

momento ha hecho gala de un buen talante, hacia el entrevistador, respondiendo a su fama de hombre

extremadamente cordial

LAS CARAS DE LA MISMA MONEDA

—Usted fue subsecretario con el señor Areilza, y al señor Areilza se le acusó de «vender» al exterior un

producto que no existía, que no había concordancia entre la España que él presentaba y la que realmente

teníamos entonces. ¿Hasta qué punto está ligada la política interior con la exterior?

Política interior y política exterior están liga-das hasta el punto de que, como creo haber dicho ya en

alguna ocasión, constituyen las dos caras de la misma moneda. La política exterior debe constituirse en

reflejo de la interior, porque de otra manera perdería coherencia y, desde luego, credibilidad. La política

exterior requiere por ello un consenso nacional, un acuerdo básico en lo sustancial, una identificación con

los datos de la propia comunidad. Cuando se me plantea el tema de las relaciones entre política interior y

política exterior, yo suelo citar un texto de Ganivet en el «Idearium español», en el que el clarividente

pensador y diplomático afirmaba: «Disparatado es pretender que nuestra nación recobre la salud perdida

por medio de la acción exterior.» En definitiva, se es en el exterior lo que se puede ser en el interior.

En lo que no estoy de acuerdo es en las criticas que se le hicieron a mi predecesor de «vender» un

producto que no existía o, segun un antiguo refrán, «vender la piel del reo antes de cobrarlo». Areilza se

convirtió en portavoz de unos propósitos que, como la realidad está demostrando, pronto habían de ser

puestos en practica. El propósito firme existía y las mismas palabras del Rey asi lo anunciaban. Desde ese

punto de vista le que el conde de Motrico hacía, y lo hizo brillantemente, fue anunciar la existencia de una

voluntad. Y eso también constituye un dato real

—¿Por que aceptó la cartera de Asuntos Exteriores cuando los observadores esperaban una identificación

con el canciller Areilza? Usted tenía ademas, el antecedente de haber dimitido cuando fue subsecretario

de Pío Cabanillas.

—Las condiciones bajo las que se produjo mi aceptación de la cartera de Asuntos Exteriores y aquellas

que imperaban cuando dimití de mi cargo de subsecretario de Información Y Turismo son objetivamente

diferentes, Napoleón solia decir que el político es un mercader de esperanzas, y yo añadiría que el político

debe ser el primer creyente en esas esperanzas. Cuando Pío Cabanillas deje el Ministerio de Información

y Turismo, mi capacidad de creencia estaba agotada. Sin embargo el nombramiento de Adolfo Suárez

como presidente del Gobierno significaba para mi, y sigue significando, la existencia real de una

esperanza y la posibilidad concreta de su puesta en practica. E1 hecho de que yo aceptara la cartera de

Asuntos Exteriores no quiere decir nada en cuanto de mi identificación con José María de Areilza,

identificación que fue total en cuanto a planteamientos objetivos de la política exterior, y que además

existió, y sigue existiendo, en muchos otros terrenos personales. Creo que durante mucho tiempo la vida

política española ha estado centrada en torno a fidelidades o animadversiones personales. Y que éstas

servían para medir el nivel de las coincidencias ideológicas. Creo que deberíamos objetivar nuestras

actitudes políticas en torno a ideas y planteamientos y no exclusivamente en´ torno a personas.

Finalmente, mi gestión al frente de Asuntos Exteriores signe por las mismas líneas que Areilza y su

equipo, del que yo formaba parte, trajeron al palacio de Santa Cruz.

UNA NUEVA FRONTERA DE POSIBILIDADES

—Se dios que el anterior Gabinete no fue —ciertamente— el primero de la Monarquía, sino el ultimo de

Franco. En lo concerniente a la política exterior, ¿qué podría decir sobre ese particular?

—No quiero pronunciarme sobre la afirmación que usted hace en la primera parte de su pregunta. Lo que

al puedo decirle es que ya que el primer Gobierno de la Monarquía fijó unas lineas y alcanzó unos

resultados en política exterior que suponían, al no necesariamente un nuevo planteamiento, si por lo

menos una nueva frontera de posibilidades. Para citar únicamente dos ejemplos concretoss el 25 de enero

de 1976 se firmó el tratado de amistad y cooperación entre España y de Estados Unidos,primero de los

documentos de este tipo que tiene el rango formal de tratado y que introduce datos hasta entonces

desconocidos, como son la desnuclearización del territorio y la aparición de un primer sistema de

coordinación con la N. A. T. O. Él segundo ejemplo es el de la negociación con la Santa Sede, comenzada

en esa época, y en la cual participé activamente como subsecretario de Asuntos Exteriores, que habría de

finalizar con el acuerdo que firmé en Roma el 27 de julio. Esos casos, y algunos otros, lo que demuestran

es que ya durante el primer Gobierno de la Monarquía la política exterior española comenzó a

comportarse de manera distinta a lo que fue su norma de conducta durante muchos años. Comienzan a

desaparecer las hipotecas, es una diplomacia más afirmativa y menos a la defensiva de la que

anteriormente habíamos conocido.

—¿Puede hablarse de una política exterior española antes y después de los viales de los Reyes?

—Estrictamente, no. La política exterior de cualquier país, como ya he dicho también en algunas

ocasiones, responde a condicionamientos muy precisos que aunque no tengan una influencia determinista

limitan las posibilidades de acción en terrenos muy concretos. Es decir, datos de orden histórico,

geopolíticas, económicos, culturales o demográficos son factores que en la práctica configuran la política

exterior para un país determinado en un momento determinado. Lo que si es cierto, sin embargo, es que la

proyección de la Corona hacia el exterior potencia enormemente las posibilidades de nuestra política

exterior, y que en ese sentido los viajes que los Reyes han realizado en el curso de los últimos meses han

sido extraordinariamente positivos y fructíferos. Tanto en Iberoamérica como en los Estados Unidos y en

Francia, los viajes de los Reyes han supuesto la afirmación de una voluntad de presencia y de una

posibilidad de relaciones más profundas. Al mismo tiempo, no es posible olvidar el impacto social y de

opinión pública que esos viajes han tenido. Factores todos ellos que indudablemente tendrán un peso

especifico en el replanteamiento de nuestras relaciones con los países ya visitados y con los que en el

futuro los Reyes puedan visitar.

—El discurso del Rey en las Cortes el día de su proclamación puso como punto de relieve en la política

exterior española la cuestión de Glbraltar. ¿Cómo se encuentran actualmente esas gestiones, esos trabajos,

y qué puede adelantarse sobre la solución que se pueda encentrar a Gibraltar en un futuro mas o menos

próximo?

—Para Gibraltar no puede haber otra solución que la recogida en las innumerables resoluciones de las

Naciones Unidas al respecto, y en los planteamientos, recogidos en los correspondientes libres rojos, de

ese gran patriota que es Fernando María Castiella. Por el momento, y en espera de que las negociaciones

comiencen, se están manteniendo una serie de conversaciones de carácter exploratorio con Gran Bretaña,

conversaciones ciertamente irregulares y ampliamente insatisfactorias. Naturalmente me es difícil

predecir cuál sea el resultado de las negociaciones, cuando finalmente comiencen. Lo que sí puedo

adelantarle es que para España no hay otra solución final posible o aceptable que la de la reintegración del

Peñón a nuestra soberanía, teniendo naturalmente en cuenta los intereses legítimos de todas las partes en

presencia.

EL CONCORDATO. LOS DERECHOS HUMANOS Y HELSINKI

—¿Qué representa para las relaciones entre España y la Santa Sede la revisión de un Concordato firmado

hace más de veinte años. y en qué estado se encuentran los trabajos sobre ese tema?

—La revisión del Concordato significa simplemente el encuentro de un nuevo nivel de comprensión y

entendimiento entre la Iglesia y el Estado. La historia pretérita es desgraciadamente testigo de problemas

y de tensiones que a nadie favorecen y cuya unica solución radicaba en alcanzar lo que ahora se ha hecho:

mantener la concordia sobre la base de la mutua independencia y del respeto mutuo. En el momento

actual, y tras el primer acuerdo por el que se reanunciaba al privilegio del fuero y al derecho de

presentación episcopal, comisiones estatales y eclesiásticas trabajan activamente en la preparación de

nuevos acuerdos para sustituir a las disposiciones correspondientes al Concordato de 1983. Creo que en

fecha muy reciente, y sobre la base de los proyectos respectivos, podremos comenzar la negociación

propiamente dicha entre los representantes de Asuntos Exteriores y los que la Santa Sede designe.

—Usted firmó en la pasada Asamblea de las Naciones Unidas los acuerdos mil novecientos sesenta y seis,

relativos a los derechos Humanos. Esta firma, al, parecer, no vincula y solo establece un compromiso

moral» del Gobierno español. ¿Realmente ha supuesto un paso importante en la imagen democratizadora

del Gabiente?

—Cuando el Gobierno decidió autorizarme para la firma de los pactos de mil novecientos sesenta y seis,

la intención del Gabinete no era la de favorecer la imagen democratizadora, sino la de adquirir

compromisos muy concretos para el respeto total de los derechos humanos y de las libertades

fundamentales. Es importante que ello se comprenda asi independientemente de que la estructura legal de

los textos firmados supongan únicamente un compromiso moral Compromiso que en cualquier caso no es

despreciable. El Gobierno, en fecha próxima remitirá a las Cortes los textos firmados para proceder a su

ratificación para porteriormente firmar el protocolo facultativo de jurisdicción obligatoria que va anejo a

uno de los pactos. Y naturalmente es voluntad firme del Gobierno que todos esos compromisos

encuentren adecuado reflejo en la normativa legal española y en la práctica de las autoridades

administrativas competentes. El tema de los derechos humanos revisto para mí una importancia capital, y

creo que en la vida Internacional, en estos momentos, es uno de los temas que necesitan de más atención

y de más acción. Como tuve ocasión de decir ante la Asamblea general de la O. N. U., el respeto de los

derechos humanos es una de las condiciones previas y necesarias para el mantenimiento de la paz y de la

seguridad entre las naciones.

—Otra firma importante fue la llevada a cabo por el entonces presidente Arias: fueron las actas de

Helsinki, y, en ellas el punto referente a las injerencias extranjeras en los asuntos internos de otros países.

Se dice que determinados jefes de gobierno extranjeros, líderes de partidos políticos, ayudan, moral y

económicamente a sus correligionarios españoles. ¿Es el tema éste competencia de su departamento?

¿Existe alguna política exterior en este sentido, recordando —a base de pruebas concluyentes— la

necesidad de mantenerse al margen del proceso democratizador español?

—El tema de la no Intervención en los asuntos internos es uno de los mas vidriosos no ya únicamente del

acta final de la Conferencia de Helsinki, sino de todo el derecho ínter-nacional público. Por una parte es

necesario tener en cuenta que de dicha acta final se suele hacer una cita selectiva, en la que aparecen

subrayados únicamente los deberes de abstención de los Estados y no sus obligaciones positivas, como es

el de cooperación entre los Estados, el respeto de los derechos humanos o el cumplimiento de buena fe de

las obligaciones internacionales. Con ello quiero decir que vivimos en un mundo cada vez más

interpenetrado, en donde no conviene exagerar los perfiles de la obligación de la no intervención. Este

limite, de muy necesario respeto, debe estar en aquellos intentos directos o indirectos dirigidas a

condicionar la soberanía nacional o la voluntad libremente expresada de los miembros de la comunidad.

En concreto y por citar un caso que recoja expresamente el acta final de Helsinki, la abstención de prestar

asistencia directa o indirecta, a las actividades terroristas, o de actividades subversivas o de otro tipo,

encaminadas a derrocar por la violencia al régimen de otro Estado participante.

EL BLOQUE DEL ESTE

—Volviendo a la cuestión anterior, y sin necesidad de recordar al célebre «oro de Moscú», se sabe que

algunos paises del bloque del Este subvencionan las actividades de partidos marxistas y marxistas-

leninistas, ¿Hasta dónde influyen estos hechos —y si no hechos, rumores al menos muy insistentes— en

las relaciones españolas, con dichos países?

—Sobre la base del estricto respeto a la no injerencia en los asuntos Internos, y aplicando las

consideraciones que lo haga en mi contestación a la pregunta anterior, lo que espera e1 Gobierno español,

y lo que espera cualquier Gobierno, es una absoluta y estricta neutralidad con respecto a la evolución

interna del país. No hemos sido nosotros los que inventamos la teoría de la coexistencia pacifica, pero

justo es recordar que tal teoría presupone el estricto respeto y la armoniosa convivencia de regímenes

políticos y sociales diferentes. Si existe una voluntad firme para que ello sea efectivamente asi, no hay

razón para que nuestras relaciones se vean afectadas por hechos que, como usted bien señala, podrían ser

simples rumores.

—¿En qué estado se encuentran las conversaciones encaminadas al restablecimiento de relaciones

diplomáticas con los países del bloque del Este? Muchas veces ha repetido que no hay conversaciones

para el establecimiento de relaciones diplomáticas con los países del Este europeo. No puede haber

conversaciones al respecto, porque de lo que se trata es de manifestar bilateralmeate una voluntad política

y concreta en un acto formal. Esta acto, perfectamente definido por el derecho diplomático e

internacional, no implicaría de por sí el abandono de cuestiones pendientes, pero tampoco podría ser

condicionado por requisitos o exigencias previas.

—Europa: ¿Cómo se orientan los trabajos del Gobierno de cara a la integración plena —política, cultural

y económica— de España en las Comunidades? ¿Predomina el fondo político en la cuestión, por encima

del económico y cultural?

—De hecho, no hay predominancia en ninguno de los aspectos que usted menciona en el proceso de

nuestra Integración en la Comunidad Económica Europea. Son los tres aspectos, y mas bien el político y

el económico, los que deben ser considerados de manera conjunta y paralela. Durante mucho tiempo, se

ha argumentado que las dificultades que existían para nuestra integración en el Mercado Común eran de

índole estrictamente económica, cuando la realidad era que las dificultades definitivas eran de orden

político. Al hacer ese tipo de afirmación se recurre a un fácil expediente parecido a la afirmación del «no

estan maduras». Hoy nos encontramos en situación próxima a superar los obstáculos políticos que

impedían nuestra adhesión al tratado de Roma, con todas sus consecuencias, y precisamente por eso

también en situación de reconocer que los problemas económicos que se plantean son gran-des y

completos. Por el momento el Gobierno español está negociando la ampliación del tratado suscrito

en mil novecientos setenta entre España y los seis miembros originarios de la Comunidad a los tres que

también forman parte de ella a partir de mil novecientos setenta y dos —Gran Bretaña, Dinamarca e

Irlanda—. Una vez conseguido ello, en negociaciones que ofrecen un aspecto preliminar satisfactorio, y

una vez que España está en situación política favorable y presente su petición formal de adhesión a la

Comunidad, comenzará el proceso de negociación Económica para que el tránsito se produzca sin

traumas ni tensiones económicas. Como verá, es todo un conjunto de cuestiones las que deben

considerarse en pie de igualdad.

—El ingreso de España en la N. A, T. O., ¿es tema puramente militar? ¿Cómo se coordinan los trabajos

entre las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Asuntos Exteriores? ¿Existe, por parte de la N.A. T. O.,

algún condicionamiento político para este ingreso?

—El tema de la eventual entrada de España en la N. A. T. O, nunca puede ser exclusivamente militar.

Mas bien, yo diría que es un tema que entraña una opción fundamentalmente política. Por encima de los

aspectos militares que la Alianza encierra están sus perfiles de cooperación política y, sobre todo, de

filiación de unas lineas ideológicas muy precisas. En cualquier caso, señalo que, así como en el caso de la

C. E. E., España ha hecho bien patente un positivo deseo de pertenencia, en el caso de la N. A. T. O.

no ha sido ésta la situación: el Gobierno de Madrid nunca se ha manifestado al respecto. Por otra parto,

para, entrar en la Alianza se requiere una invitación unánime por parte de ésta. Cuando tal invitación se

produzca, y en el caso de que se produzca, el Gobierno tendrá en consideración todos los factores que en

el caso intervienen, para, teniendo en cuenta aspectos políticos, financieros, militares y estratégicos,

adoptar la postura que resulte más conveniente para nuestros intereses. Y, por supuesto, coordinando,

como ya se viene, haciendo, los pareceres de las Fuerzas Armadas y del Ministerio de Asuntos Exteriores.

LOS REFUGIADOS VASCOS

—Un tema importante son las relaciones bilaterales España-Francia: por vecindad y, por ésta, el tema de

los refugiados vascos, ¿Podría precisar a dónde se ha llegado en este terreno?

—Han existido una serie de contactos de las autoridades competentes de los dos paises, siendo el más

reciente el que hace pocas semanas mantuvo el ministro de la Gobernación, señor Martin Villa, con su

colega francés, el señor Poniatowsky. Yo creo que se ha llegado a la convicción básica y mutua de que los

acuerdos de Helsinki a que antes hice referencia necesitan ser cuidadosamente respetados, Ello redundará

en beneficio de las relaciones de buena vecindad y de la normal evolución política en los dos paises.

Porque, como usted sabe muy bien, no se trata indiscriminadamente de los refugiados vasco, sino

solamente de aquellos elementos que utilizan la violencia para la consecución de sus fines.

—El asunto de la materia reservada sobre Guinea. ¿Por qué el levantamiento ahora?: Se ha dicho que, una

de las causas del levantamiento, ha sido la intención de ofrecer a los medios informativos unos temas que,

publicados, su-ponen el desprestigio popular de algún líder de la oposición y de otros políticos aliados»

de cara a las elecciones, políticos que ocuparon carteras en anteriores gobiernos. Todo esto. porque,

asimismo, se habla de intenciones por parte de miembros del actual Gabinete en el sentido de presentarse

a dichas elecciones.

—Todo ello son especulaciones sin niguna base ni sentido. El Gobierno no quiere desprestigiar a nadie ni

tiene nada que ocultar. El levantamiento de 1a materia reservada, que ya se venia considerando desde los

días del primer Gobierno de la Monarquía, responde a una cuestión de principio; la única materia

reservada dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, y estimamos que las condiciones existentes

nos permitían normalizar la situación al respecto sin grave daño para nuestros intereses. Y creo que fue

precisamente el temor a estos daños lo que aconsejó en su momento la adopción de la materia reservada.

—A su regreso de Nueva York, el mes pasado, afirmó que en su valija venía la documentación del «caso

Lockheed en España.. Luego hubo un desmentido. ¿Qué hay, en definitiva, sobre este particular?

—Creo que mis palabras fueron mal interpretadas, porque se me huso decir que yo traía la lista de los

implicados en el caso Lockheed, cuando lo que verdaderamente dije es lo que usted afirma: que yo traía la

documentación sobre el caso. Dicha documentación fue puesta es conocimiento del fiscal del Supremo y

el desenlace, sobre la base de los documentos que yo traje, es ya del conocimiento público.

PRESENCIA NORTEAMERICANA

—La presencia, económica y militar, de Estados Unidos en nuestro país, ¿sigue haciendo de U. S, A, el

principal apoyo extranjero a España y, en consecuencia, la mayor influencia en los acontecimientos

españoles?

—Yo creo que la mayor influencia es los acontecimientos de nuestra Patria la están teniendo actualmente

los propios españoles. Qué duda cabe que la cooperación con los Estados Unidos es un dato importante en

nuestra presencia internacional, por-que entre otras razones no en vano los Estados Unidos son uno de

nuestros principales clientes y uno de nuestros principales proveedores, independiente-mente de ello, qué

duda cabe también que en la división bipolar que el mundo actualmente conoce, nuestra presencia, y aún

sin estar integrados en ninguno de los bloques, es más próxima de la postura americana que de la

encarnada por el Pacto de Varsovia. Y por otra parte, al responder a este tipo de cuestiones, me parece

importante afirmar que, querámoslo o no, no estamos solos, no vivimos astamos no podemos pretender

realizar la imposible autarquía. Parece como si el fantasma de la influencia de le injerencia o de la

intromisión nos estuviera acechando permanentemente, y ello crea una dialéctica en donde el

entrevistador afirma la dependencia y el entrevistado debe siempre pronunciarse por la independencia.

Creo que deberíamos superar esa dialéctica estéril, para afirmar que, naturalmente, tenemos apoyos en el

extranjero, que naturalmente unos y otros intentan influenciar nuestras decisiones, que naturalmente

nuestra» decisiones deberán tener en cuenta el contexto global. Al mismo tiempo, hay que afirmar que en

ese contexto global a todos nos corresponde una parte alícuota de responsabilidad y decisión y que de lo

que se trata es de hacer posible la convivencia civilizada de unos con otros. Y todo ello exige

necesariamente un grado de interdependencia.

—La política exterior española, respecto a Iberoamérica, se está revisando tal como se ha venido

diciendo, en el sentido de «actualizar» el concepto de hispanidad a algo más que un paternalismo

histórico. ¿Se puede concretar sigo sobre las relaciones con Méjico?

—Positivamente, si una de las prioridades del Ministerio de Asuntos Exteriores es, en los momentos

presentes, el revitalizar todo el complejo de nuestras relaciones con Iberoamérica. Y ello en todos los

aspectos: comercial, cultural, técnico, financiero, etcétera.

Poco puedo concretar sobre nuestras relaciones con Méjico, aunque si afirmar que,tras los gestos y las

manifestaciones de los responsables de los dos países, en un futuro no muy lejano se podría contemplar

el fin de la anomalía que desde hace tantos años preside las relaciones entre España y Méjico.

—Respecto a la Península, ¿se han recibido propuestas concretas para una remodelación del Pacto

ibérico por parte del Gobierno portugués?

-No hay urgencia española para la remodelación del Pacto Ibérico, y en ese sentido no hemos recibido

respuestas concretas por parte del Gobierno portugués. Somos conscientes de la necesidad de su

revisión,y ése será segura-mente uno de los temas que el presidente Suárez aborde en Lisboa con el

primer ministro portugués Mario Soares. Y dijo que no existe urgencia porque al fin y al cabo el Pacto

Ibérico responde a la forma clásica de un tratado de no agresión. Cuando se proceda a su revisión, lo que

se tratará, imagino, porque eso es lo más importante, es de sentar las bases de unas nuevas y más

fructíferas relaciones. Durante mucho tiempo España y Portugal, a pesar de su vecindad, a pesar de las

declaraciones platónica» de amistad y buen entendimiento, se dieron la espalda. Hoy de lo que se

trata es de valorar al máximo las posibilidades de fructífera cooperación en todos los terrenos entre dos

paises vecinos que tanto tienen en común. Argelia, Marruecos y Mauritania: ¿en qué han cambiado las

relaciones de España por la cuestión Sahara»? —En el momento mas álgido de la crisis, hace ahora un

año, las relaciones de España con los tres países magrebíes estaban efectivamente teñidas por las

implicaciones del tema del Sahara. Hoy, cuando España ya no tiene ninguna responsabilidad interna

e Internacional sobre el territorio, creo que la perspectiva debe ser radicalmente diferente. Los tres paises

mencionados son vecinos y amigos, y con ellos queremos mantener las relaciones que dictan nuestros

tradicionalmente buenos contactos con ellos tres.

—Las negociaciones que en su dia se lleven para el establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel,

¿van a suponer un deterioro de 1a tradicional y amistosa política exterior española con el bloque árabe?

Si esas negociaciones supusieran el deterioro que usted menciona, probablemente nunca tendrían lugar.

—Finalmente y a título pertonal. Usted es figura Importante en el grupo Tácito. ¿Se presentará por él, o

por las coaliciones en que forme parte el grupo, a las elecciones generales del año próximo? —Como

usted sabe, pertenezco al grupo Tácito desde su creación y siempre me he sentido personalmente solidario

con sus Integrantes. Pero desde que se produjo mi entrada en el Gobierno mi postura es la definida por el

presiden-te Suárez: total y absoluto imparcialidad con respecto al próximo proceso electoral.

Al salir del despacho, donde la conversación ha transcurrido sin protocolo de algún tipo, y con la sola

interrupción .de dos llamadas telefónicas de otros tantos embajadores españoles desde el extranjero, tomo

nota de dos fotos situadas encima de la vitrina que aloja la cartera —de cuero negro— de Asuntos

Exteriores. Una de ellas es la imagen del padre del ministro durante un mitin en el frontón de Euskalduna,

de Guernica, Marcelino Oreja padre —muerto en Mondragon, año 1934— fue diputado tradicionalista.

La foto ya la había visto el varano pasado en el Ministerio de Jornada, en San Sebastián, La segunda de

las fotos es de Fernando Maria Castiella, dedicada en 1968 a Marcelino Oreja, el más sólido valor de la

diplomacia española». Una profecía —con fundamente— del que fuera antecesor a Marcelino Oreja en el

despacho del palacio de Santa Cruz.

Eduardo HERNAIZ

Fotos Ángel

MOLLEDA

 

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