Autor: Cruz Gutiérrez Gómez, Juan de la. 
 Rafael Pérez Escolar. 
 La postura reformista de centro encontrará el consenso mayoritario     
 
 Ya.    14/11/1976.  Página: 25,27. Páginas: 2. Párrafos: 49. 

14-XI-1976

Rafael PÉREZ ESCOLAR

"LA POSTURA REFORMISTA DE CENTRO ENCONTRARA EL CONSENSO MAYORITARIO"

"LA OPOSICIÓN HA SIDO INEFICAZ EN CUANTO AL DESPLAZAMIENTO DEL

FRANQUISMO"

"LA BIPOLARIZACION DE FRANQUISMO Y ANTIFRANQUISMO HA DE SER TOTALMENTE

SUPERADA"

"SALGAMOS A LA PALESTRA POLÍTICA TODOS CON ESFUERZO GENEROSO"

"LUCHARE POR EL LIBRE JUEGO DE LAS FUERZAS DEMOCRÁTICAS"

Visita en su despacho jurídico de la calle Juan de Mena madrileña. Espera de media hora con un periódico

de la tarde y alguna que otra revista. De repente se oyen unos pasos que retumban en el edificio y aparece

nuestro invitado de hoy con traje gris, chaqueta cruzada y abrochada, que me saluda diciendo:

—Pérez Escolar, encantado de saludarle. ¿Pasamos al despacho?

Pasamos. Mesa de despacho y de junta. Varios cuadros de corte contemporáneo. Pide un café y me

pregunta sobre las líneas esquemáticas de la entrevista. De vez en cuando se quitará la gafas y se pasará la

mano por los ojos, en una especie de gesto cansado y animoso a la par.

—Mi vida política se inicia en un momento en que las posiciones no son de carácter positivo, sino que

tenemos que asumir una posición negativa ante la existencia del franquismo.

Son los trazos, los rasgos previos de la conversación. Creo que interesa, en los políticos de hoy, sus

inicios. Más allá, el franquismo en su auge. ¿Nos entendemos? Primera hora de la mañana.

—Cuando vamos a las aulas universitarias, cuando nos enfrentamos con la vida bajo nuestra propia

responsabilidad nos encontramos con un régimen de dictadura franquista. El régimen de dictadura no nos

concierne. Creemos que la privación de las libertades fundamentales de la persona sería un terrible mal

para la vida política de un pueblo, y la definición de los hombres de aquella época no es que esté adscrita

fundamentalmente a un partido, es que responde a una reacción ante la existencia del franquismo. Esto

me importa mucho subrayarlo porque creo que, en este momento, nos está, condicionando mucho a todos.

Un respiro y un sorbo de café. Emilio, fotógrafo, aprovecha los tiempos muertos. Sigue:

—Es decir, la dialéctica franquismo-antifranquismo, que entonces tenia plena vigencia por encima de

cualquier consideración ideológica, en este momento, por desgracia para nuestro país, persiste y es lo que

tenemos que desterrar... Pero quiero decir que, en el orden puramente personal, mi talante era liberal,

democrático y, por supuesto, contrario manifiestamente a la dictadura.

Creo que ha tomado nota, y bien, de cómo queremos encarrilar la entrevista. Me habla del congreso aquel,

famoso por cierto, de Munich, "el famoso contubernio", que dice Pérez Escolar. Y habla, con gracia, de la

llegada desde el mismo:

—... Porque cuando llegaban a Barajas los asistentes al Congreso eran cogidos por la Policía, que lee

estaba esperando tranquilamente sentada, y los mandaban al extranjero o Canarias... Pensé que lo mejor

sería pasar unos días en París y venir tranquilamente por la frontera. Cuando yo ya estaba en España,

haciendo una vida ordinaria profesional, e incluso de cierto relieve, firmando convocatorias de juntas y

entidades importantes en los periódicos y en el "Boletín", la Policía todavía estaba en Barajas

esperándome, lo cual indica que la Policía lee poco el "Boletín Oficial del Estado".

__ ¿...?

—Lo que sí creo, y hay que ser sinceros, es que la oposición ha sido profundamente ineficaz. Si nuestro

propósito era desplazar al franquismo, lo que no hay duda es que el franquismo no ha sido desplazado, y

esto hay que interpretarlo como el reconocimiento claro de un fracaso en las actitudes de la oposición.

Esto no quiere decir que no sean válidas.

— ¿Algo más respecto a sus actividades de carácter político?

Se calla un instante.

—Me llamó Antonio Barrera de Irimo para presidir la Comisión de Financiación del Plan de Desarrollo y

para llevar a cabo una labor realmente apasionante y necesaria, como era la fusión de las refinerías del

INI. Y le puse varias condiciones: que aquellos cargos no debían suponer en absoluto el juramento de los

Principios Fundamentales del Movimiento, que me negaba a toda visita protocolaria de alto nivel, que mis

ideas y formulaciones democráticas tenia que dejarlas perfectamente claras nada más aceptar aquellos

cargos, para que no se entendiera que yo declinaba una posición tradicional que había venido sosteniendo,

como era el testimonio permanente de un sentimiento democrático. Luego vino la conferencia que

pronuncié en Siglo XXI, que levantó alguna ampolla en algún miembro muy calificado del Gobierno,

hablando de la necesidad de la unidad de las jurisdicciones, de la independencia del poder judicial, de la

supresión de las jurisdicciones especiales, entre otras, del Tribunal de Orden Público... En una palabra,

preconizaba un auténtico estado de derecho en la línea de los países, europeos, y, por tanto, con la

aceptación de todas las libertades que en este momento determinan la existencia de un estado de derecho

en todos los países.

Franquismo-antifranquismo

Después de una pequeña parada, prosigue diciendo:

—Creo, y sobre todo en las postrimerías de la vida de Franco, que había que irse preparando para la

recuperación de las tesis franquismo-antifranquismo. Por tanto, entonces ya se planteaban con claridad las

dos grandes opciones de la vida política española, aparte, naturalmente, del inmovilismo, que no vamos a

entrar en él porque es absolutamente antagónico con cualquier planteamiento democrático. Pero la ruptura

y la reforma estaban en el tapete de la vida política española. Pensándolo profundamente entendí que la

ruptura no era posible en este país, como no quisiéramos conducirle a una situación revolucionaria, a un

caos. Por otro lado entiendo, con todos los respetos, que grandes sectores de los que hoy día se titulan

oposición carecen en absoluto de fuerzas representativas. La representación hay que buscarla

precisamente en el voto popular. Todos hemos de hacer ejercido de humildad y reconocer que en este

momento no tenemos capacidad de desarrollo de ideas políticas respaldadas por la base, sino, a lo sumo,

cierta capacidad de convocatoria al país para ver si el país respalda o no nuestras posiciones políticas.

Está ahora en el disparadero. Intento, en más de una ocasión, inútilmente, atajarle.

—¿Qué hice? Entendí que las posiciones reformistas del profesor Fraga eran las que coincidían

totalmente con unos planteamientos que a mi vez, en un orden estrictamente personal, me había trazado.

Luego viene la constitución de FEDISA.

—Fui uno de los firmantes de la escritura de constitución y está en esa misma linea, en la linea del

reformismo. Creo que esa línea es la que procede en este momento ante el país, porque entiendo que las

posiciones políticas, fundamentalmente de centro, son las que encuentran o pueden encontrar el consenso

mayoritario: son las que pueden producir la transformación del país sin consecuencias violentas, sin

traumas completamente innecesarios... Y es la operación que condujo a la potenciación de GODSA y

luego la constitución de Reforma Democrática.

El hombre y su línea, su comportamiento político. Habla del "libro blanco para la reforma democrática".

Se declara enemigo de las nacionalizaciones:

—Creo que hace falta la hora de los hombres con vocación política, pero con un profundo conocimiento

de lo que es España y si es España precisamente el objeto fundamental de nuestra preocupación.

—Lo que no cabe duda, pienso, es que los términos franquismo y antifranquismo todavía están vigentes

en los caminos políticos españoles. De acuerdo con esa linea de reformismo de la que hablaba que había

que estructurar para el país, ¿cómo inciden estos términos? No sé si me explico, quiero decir...

—De una manera muy grave. Entiendo que la bipolarización de la vida política española con

planteamientos de franquismo y antifranquismo ha de ser totalmente superada. Diría que hay personas

que hoy se tildan de demócratas y que han sido o brillantes embajadores con el general Franco o ministros

más o menos brillantes, si es que a alguno se le puede calificar de brillante en una época dictatorial,

cuando no existe oposición.... A mi me parece entonces que la brillantez sobra por completo.

Cuando ha habido hombres que ya en las postrimerías de Franco han jurado cuatro veces, por ejemplo,

las Leyes Fundamentales y hoy se titulan demócratas, a mí me parece que hacen muy bien, pero lo que no

pueden esos hombres, ni otros que han estado en posiciones más radicales de oposición, es cursar en

estos momentos patentes de democracia y decir que Fulano, por haber sido ministro de Franco, no puede

intervenir en la vida política española. Esto lo dicen muchas veces hombres que han sido directores

generales con Franco y que no han podido ser ministros, y, por ejemplo, los subsecretarios, y los

directores generales y los embajadores sí pueden tener credencial de demócratas, y en cambio los ex

ministros, no. Lo que hay que hacer es ser serios y prescindir, en este momento, totalmente de

esa caracterización de franquismo o antifranquismo, sin que nadie renuncie a su historia, sin que

cometa la pirueta realmente ridícula de decir que ahora se olvidan por completo de su pasado franquista

o antifranquista. No. Yo no he jurado las Leyes Fundamentales y me siento perfectamente identificado

con personas que sí lo han hecho, y con personas que creo tienen un talante democrático exactamente

igual que el mío. A ver si somos capaces de borrar absolutamente todo eso. Entonces, cuando incluso se

critica a Alianza Popular, no se la critica por sus ideas, que son claramente reformistas, sino por las

personas. Y considero, entonces, que no es una crítica legítima, por que, por ejemplo, también podía

ahora criticar a un señor que se intitula de demócrata, puesto que fue él quien contribuyó, en gran

manera, con sus fracasos políticos, a provocar la guerra del 36 o a otro señor que poco más o menos es la

vestal de la democracia, que ha estado haciendo unos negocios—que a lo mejor había que precisar su

contenido ético—, y otros, aprovechándose de una situación, cuando a lo mejor, pues, había catedráticos

que estaban expulsados y ellos no dimitían precisamente de sus cátedras.

Solución generosa

—¿Y dónde está la solución?

—En que todos los españoles hagamos un esfuerzo de generosidad y salgamos a la palestra pública todos

los que tenemos vocación política, no entreteniéndonos en argumentos puramente humanos, porque

entonces esto nos llevaría a recordar situaciones políticas. Mire usted, hombres de gran significación

liberal, que a mi me inspiran un profundo respeto en el mundo intelectual y político español—y que no

voy a citar los nombres, ¡para qué!, porque, además, es público y notorio—, el día que Hitler entró en

París, se reunieron en una cena aquí en Madrid para brindar con champaña francés por la entrada de los

alemanes en la capital francesa. Y hoy día son grandes demócratas. No desenterremos el pasado nada mas

que en lo estrictamente indispensable, si usted quiere. Todo aquel que no esté incurso en el Código Penal

tiene el mismo derecho en este país a participar en el juego electoral y a no ser excluido. Lo que no

podemos hacer es estar enredándonos en cuestiones históricas, ya que entonces no tendríamos tiempo

para hacer este país. Y este país lo tenemos que hacer entre todos. A mí me parece muy bien la crítica,

todo lo que se quiera, pero, señores, vamos a fijarnos fundamentalmente en las ideas más que en las

personas, porque si nos fijamos en las personas, mucho me temo que estemos todos rebozados en la

misma mierda. Unos más que otros.

—Pero vamos por partes. ¿En qué condiciones participaría todo ciudadano que no esté dentro de las

finalidades del Código Penal en este proyecto del que me habla?

—No hablo solamente de este proyecto. Hablo de la vida pública española en general. Es decir, cada

español lo que tendrá es su legítimo derecho a adscribirse a aquel grupo que considere que está de

acuerdo con sus ideas políticas, económicas, sociales..., en definitiva, es el derecho de los ciudadanos a

participar bien de una manera activa en el activismo político, en la elaboración de programas, en todo lo

que supone la vida de un partido, bien a través de su voto a favor de aquellos grupos, tendencias, partidos

que dan su confianza o que tienen sus preferencias políticas... Es decir, yo hablo de una participación

generalizada. Pero en lo que me obstino es en que no se puede excluir del juego político a unos

determinados señores por haber participado más activamente en el franquismo, porque me parece

inmoral. Mire usted: durante la época de Franco nos quejábamos, y con razón, de que se otorgaba patente

para la actuación política a determinados señores, que eran los franquistas. Entonces, señores, no

hagamos ahora lo mismo, pero al revés, porque aquella crítica, que era perfectamente legítima nuestra

sobre las soluciones de la dictadura, se vuelve precisamente como un "boomerang" contra nosotros. Deje

usted participar absolutamente a todos, y si hay unos señores que se quieren agrupar y constituir un

partido de centro-derecha o de derecha tienen la misma legitimidad para actuar que cualquier otro que

haya estado en la llamada oposición, que, como digo, de oposición ha tenido mucho, pero de eficacia ha

tenido no tanto como hubiéramos querido tener los que estábamos en actitudes de oposición.

Lo primero, ideas

—En este camino, en estas tareas de participación ¿tendrán mayores posibilidades los partidos más

financiados ?

—Creo que lo que fundamentalmente va a contar van a ser las ideas. ¡Qué duda cabe que la financiación

vendrá por los cauces que podríamos llamar más vinculados a cada una de estas tendencias! No hay duda

de que el Partido Socialista contará con sus afiliados y que cualquier otro partido contará con los suyos. Y

los afiliados a uno u otro partido, o los simpatizantes, tendrán que ser los que financien las actividades de

este partido. Es decir, exactamente igual a como ocurre en cualquier otro país. Fíjese usted en la realidad

europea. Recientemente he prestado una gran atención a todos los aspectos y a la financiación de los

partidos europeos. España no puede ser ninguna excepción en ningún sentido. Exactamente igual que se

hace fuera de España habrá que hacerlo aquí. Luego el tema de la financiación creo que a ningún partido

con auténtica representación popular le debe preocupar, porque, tanto los partidos de derecha como los

de izquierda, contarán con medios para poder actuar realmente. Y diría que no más unos que otros. Lo

que sí creo es que deberla estar absolutamente prohibida toda intervención extranjera en la financiación

de los partidos políticos. Esto me parece que no es solamente perturbador, sino vejatorio, desde un punto

de vista de un español con actitud política.

— ¿Hablamos de las ideas que distingue en la realidad política de España?

—Estamos saliendo todavía del franquismo, y cuando se critique, se critique con razón la proliferación de

siglas y de grupos, pues los críticos no se dan cuenta cabal de que es consecuencia inevitable de la

terminación de un periodo dictatorial. Es decir, que cada hombre con inquietud política o cada grupo con

inquietud política se manifiesta. Y cuando se habla, por ejemplo, de la escisión de tales tendencias o de

que no acaban de ponerse de acuerdo tales otras, es triste, lamentable, casi inevitable. Entiendo que eso es

superable. Una de las cualidades fundamentales que ha tenido la existencia de Alianza Popular ha sido el

revulsivo que ha supuesto para la unión de otros grupos. Sólo con esto ya ha cumplido una función útil

desde el punto de vista político. Ha servido de ejemplo para que hombres con ciertas rivalidades políticas

se hayan puesto de acuerdo, hayan elaborado un programa y hayan actuado en política coherentemente.

Ha sido para el país un indudable ejemplo...

Estado de derecho

Tomamos, aunque sea por unos segundos, otros derroteros en la charla. Parto de la base de que estas

conversaciones son amigas en las que se pretende la lección política. ¿La lección política? Sí, digo bien.

Me refiero al nombre y su secuencia.

—No he sido hombre del franquismo, pero no tengo ningún inconveniente en estar con hombres del

franquismo, siempre que se respete el libre juego democrático. Tengo que acentuar precisamente mi

postura de Estado de derecho, de unidad jurisdiccional, de libre juego de las fuerzas democráticas.

Lucharé lo posible porque esto prevalezca, pero también creo que esto se va a producir dentro de Alianza

Popular. Lo creo sinceramente. Entonces ¿qué ocurre con los demás grupos ? Que tienen que hacer

prácticamente lo mismo: acelerar los trámites. Aquí, a excepción de los extremos absolutos a la derecha y

a la izquierda—¡para qué vamos a contar con ellos en un juego realmente democrático!—, creo que es

imprescindible la legalización del Partido Comunista. Comprendo que en este país el PC suscite, por

razones muy particulares, un gran recelo, y también por razones generales..., porque no creo en el fondo

democrático del comunismo. La cosa es clara. Y es un tópico, pero un tópico es una verdad

constantemente repetida. En todos los países en que el comunismo ha triunfado se han suprimido las

libertades públicas. Y esto es innegable. Ahora bien, desde el punto de vista de España, el reconocimiento

del PC evitará diversos males.

Suena el teléfono. Se entretiene unos cuantos segundos. Recuerdo que mientras subía por las escaleras

hacia su despacho y unas cuantas personas subían en el ascensor, alguien decía a Pérez Escolar, que subía

unos cuantos tramos delante de mí: "Ahí va uno de los líderes políticos." Lo cuento, usted lo entiende,

como anécdota.

—Estábamos hablando de los ideales: el gran ideal es de centro. Los ideales generalmente son

irrealizables, por lo menos a corto plazo. Le puedo decir que he hecho todo cuanto he podido por lograr la

integración de esas fuerzas de centro, y ahi reconozco, y lo digo con cierta amargura, que ha habido un

gran fracaso; si no un gran fracaso, si una gran demora en alguna solución más positiva. He hablado

prácticamente con todos los grupos que pueden calificarse, de una u otra manera, de centro. Le puedo

decir que los personalismos, las divisiones, el recelo al que antes me refería, de unos que han sido

franquistas y de otros que no lo han sido, han llegado incluso a extremos realmente ridículos. Por tanto, si

ahora, a través de Alianza Popular (que conste que no es arrimar el ascua a mi sardina) se va a una

solución de centro-derecha, creo que esto puede ser la base de un gran partido.

Demasiados "peros"

—¿Está la oposición poniendo demasiados peros al Gobierno ahora mismo?

—Creo que en este país el pueblo, con su profunda madurez, no ha encontrado una auténtica talla de

políticos ni en la derecha ni en la izquierda. El espectáculo de las divisiones de los hombres públicos, de

las incomprensiones de un Momento tan difícil como el actual, es algo que afecta a la responsabilidad

moral de los dirigentes de los diversos grupos políticos. Y no excluyo a ninguno. ¿Qué es lo que, a mi

juicio, hay que hacer en este momento? La posición del Gobierno es difícil; no comparto muchas de sus

decisiones o actitudes, pero, sinceramente, creo que es un momento en el que hay que ayudarle, porque

igual que al Gobierno hay que exigirle neutralidad en el juego político, porque no tiene ningún respaldo

popular, también hay que ser consciente de las profundas dificultades de este momento histórico y no

acentuar las tensiones que determinan que la economía se erosione de un modo considerable por falta de

confianza del inversor, del pueblo español. Creo que hay que ayudar al Gobierno para que complete el

proceso de apertura democrática en el país y se pueda llegar rápidamente a las elecciones e incluso

anticiparlas en todo lo posible.

—¿Alianza Popular no ha sido un partido demasiado atacado?

—Eso no es malo. Antes aludíamos a que los ataques obedecen fundamentalmente a motivos de carácter

personal, pero incluso la misma reacción tan violenta que se ha producido en algún sector y en algún

editorial periodístico, pues entendemos que no sólo se ataca duramente aquello que merece ser atacado

duramente. Un peso pesado nunca atacaría a un niño en la calle. Un peso pesado sólo atacaría a otro peso

pesado. Si ha habido ataques violentos contra Alianza Popular creo, sinceramente, que es que tiene

categoría de un peso pesado más en el "ranking" político del país.

—¿Está de acuerdo en que la creación de Alianza Popular viene quizás a olvidar un poco, a aminorar los

partidos políticos?

—De ninguna manera. Creo que a lo que viene es a poner las cosas en su sitio. Es decir, que esto sirve de

catalizador para que los demás también acentúen sin proceso de unión. Si aquí se da un ejemplo de unión

de personas o de grupos que antes mantenían cierto tipo de rivalidad interna o personal, y todo eso se

echa por la borda y se da un ejemplo al país de que los hombres públicos pueden entenderse

razonablemente a través de la formulación de unos programas comunes, creo que lo que hace es incidir

favorablemente en la vida pública española para que otros grupos también afines y sustancialmente

homogéneos renuncien a sus particularismos y acentúen el proceso de unión.

Hombre de centro

— ¿Dónde está situado Pérez Escolar? Políticamente, claro.

—Sigo siendo un hombre de centro, profundamente liberal y, como en alguna ocasión he dicho,

inmovilista. Es decir, mis convicciones profundamente democráticas no han cambiado desde que adquirí

uso de razón.

—¿Es hombre de Fraga?

—Creo que lo que en este momento hay que hacer es no ser hombres de otros hombres, sino hombres de

partido. Soy hombre del partido donde está Fraga, Creo que debemos ir eliminando cualquier tipo de

manifestación carismática y fijándonos claramente en las formulaciones ideológicas. Estoy

profundamente identificado a Fraga y le tengo enorme admiración. Creo que es el hombre público, el gran

estadista que requiere el momento histórico español actual. Esto, por supuesto. Estoy prendido en las

ideas reformistas de Fraga, con las que coincido.

—Le dejo el micrófono abierto por si quiere añadir algo...

—Una última consideración. En este país todos los políticos nos hemos puesto demasiado serios cuando

hablamos de política; es como si hubiera una crispación generalizada. Creo que habría que ir a una

distensión de estas actitudes e introducir el elemento del humor, que es importantísimo, e incluso en los

momentos más serios. Precisamente, cuanto más serio es el momento, creo que habría que tratarlo con

gran seriedad, por supuesto, pero sin perder nunca el sentido del humor.. Por esto pienso que seria bueno

que hubiera controversias públicas en televisión, evidentemente, tratando con seriedad y altura todos los

problemas.

Juan de la Cruz Gutiérrez Gómez

(Fotos Emilio Polo de Guinea.)

 

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