Autor: Pedrós Martí, Ramón. 
 ABC en Moscú. 
 Sobria solemnidad en el acto de la firma  :   
 Un minuto después, Radio Moscú transmitía la noticia a todo el país, el más extenso del mundo. 
 ABC.    10/02/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. JUEVES 10 DE FEBRERO DE 1977.PAG. 7.

ABC EN MOSCÚ

SOBRIA SOLEMNIDAD EN EL ACTO DE LA FIRMA

Un minuto después, Radio Moscú transmitía la noticia a todo el país, el más extenso del mundo

MOSCÚ, 9. (De nuestro corresponsal.)España y la U. R. S. S. han establecido relaciones diplomáticas

mediante la firma de un comunicado conjunto, hecho público hoy oficial y simultáneamente en Moscú y

Madrid por el que se intercambian representaciones entre los dos países al más alto nivel diplomático.

El acuerdo ha sido formalizado con un canje de notas entre el ministro de Asuntos Exteriores de España,

Marcelino Oreja Aguirre, y el miembro del Buró político del Comité Central del P. C. U. S. y ministro de

Asuntos Exteriores de la U. R. S. S., Andrei Gromyko.

COMUNICADO CONJUNTO.—«España y la unión Soviética —dice el comunicado— desarrollaran

relaciones sobre la base de los principios de coexistencia pacífica, conforme la carta de la O. N. U. y en el

espíritu de los entendimientos logrados en la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa.

Ambas partes expresan la seguridad de que el establecimiento de relaciones diplomáticas entre España y

la U. R. S. S. contribuirá al desarrollo ulterior de la cooperación en los campos político, económico,

comercial, cultural y otros, para el bien de los pueblos español y soviético, en aras del fortalecimiento de

la paz y la seguridad en Europa y en todo el mundo.»

«SOBRIA SOLEMNIDAD».—A las doce en punto, hora de Moscú (diez de la mañana en España, y en el

palacio de Santa Cruz), se intercambiaban las notas según los minuciosos acuerdos establecidos. El

embajador.Rafael Ferrer, jefe de la Delegación comercial española en Moscú, acompañado por los

consejeros Eugenio Bregolat, Juan José Santos y Luis María Linde de Castro, recibía la nota firmada por

Gromyko de manos del viceministro soviético de Asuntos Exteriores, Anatolí Gabrielovich Kovaliov.

Al acta, calificado mas tarde como de «sobria solemnidad» y «cordial satisfacción», asistió el principal

interlocutor soviético de estas, prolijas conversaciones para la, normalización, luri Vladimirovich

Dubinin, jefe del primer Departamento de Europa, todo, el personal de su oficina, así como el embajador

jefe de protocolo del Ministerio y altos funcionarios soviéticos. Se descorcharon unas botellas de

champaña de Crimea. Afuera, una increíble ventisca de nieve subrayaba (fue el invierno ruso nos estaba

regalando uno de los días más fríos del año. Pero la contenida emoción de los presentes no admitía la

réplica de las metáforas. Ferrer y Kovaliov remarcaron el carácter histórico del acontecimiento en breves

palabras. A las doce y un minuto, Radio Moscú, por el aparato de un coche estacionado ante la fachada

principal del Ministerio, cantaba la noticia.

CULMINACIÓN DIPLOMÁTICA. — Con este sencillo, pero emocionado acto, quedaba —se puede

decir— prácticamente culminada no sólo la ofensiva diplomática española para la normalización oficial

con los países del Este europeo, cuyo bloque fue abierto hace un mes por Rumania, sino que también se

alcanzaba la resolución de un episodio largo, apasionado, no, exento de polémicas, en el que nuestros

contactos con la U. R. S. S., a través de los sesenta años de existencia del primer país socialista del

mundo, no llegaron a adquirir más que muy brevemente la forma de un intercambio regular a nivel de

embajadores ni a plasmarse con el sello de la normalidad.

Las relaciones diplomáticas entre los dos países se rompieron con el acceso al Poder de los bolcheviques

durante la revolución de octubre de 1917. Se volvieron a romper con el acceso al poder de Franco. Unos

pocos años antes, en 1933, el Gobierno republicano había reconocido al nuevo y creciente Estado

socialista, dirigido a la sazón por Stalin, y se propuso establecer relaciones que sólo llegaron a cuajar,

cuando, ya la guerra convirtió a España en campo de batalla. El embajador español, Marcelino Pascua,

llegaba a Moscú una vez iniciado,el conflicto armado y era trasladado a París mucho antes del 1 de abril

de 1939.

FIN DE UNA ANOMALÍA—Por todo ello, y por la inmensa anomalía que se crea á partir de ahí, hace ya

más de dos generaciones, cabe escribir con cierta veracidad "que ha sido hoy cuando, por fin, se ha

abierto oficialmente el diálogo normal con un Estado de 260 millones de habitanes, el más extenso del

mundo, que ocupa una buena parte de la superficie terrestre,que en determinados campos de la

investigación espacial, científica y energética y de la estrategia mundial rivaliza con el primer país

capitalista del mundo, los Estados Unidos, y que se dispone a celebrar en noviembre el IX aniversario de

la revolución que llevó a los comunistas al Poder. Lenin,Stalin, Kruschef y Breznef son los cuatro

eslabones de esos sesenta años.—Ramón PEDROS.

 

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