Relaciones con México. 
 Fin de una sinrazón     
 
 ABC.    29/03/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

RELACIONES CON MÉJICO

FIN DE UNA SINRAZÓN

El restablecimiento de vínculos diplomáticos plenos y normales entre Méjico y España, formalizado ayer

en París con un canje de notas entre los ministros de Asuntos Exteriores respectivos, viene a resolver, a

satisfacción de todos, una demorada anomalía. Al poner razón y calismo donde antes sólo habían

imperado sentimientos, respetables sin duda, pero en desacuerdo con, la realidad de las cosas.

Hace ya casi seis meses, a comienzos del mes de octubre, escribíamos en estas mismas páginas: «Si

dentro de unos meses Méjico y España establecen relaciones diplomáticas plenas, no habra sucedido sino

que cada uno de los dos Gobiernos se ha colocado a nivel y en paralelo con su pueblo respectivo.»

Lo formalizado ayer, naturalmente, nos colma de satisfacción. Pues si había uno entre los puntos

pendientes de desarrollo diplomático que nos desazonara especialmente ese punto era Méjico. Era un

absurdo, desde cualquier lado que se le mirase el vacío que representaba en el concierto del mundo

hispánico el problema resuelto ahora.

En lo político carecía absolutamente de razón que España mantuviera relaciones diplomáticas plenas y

cordiales con todas las naciones del mundo iberoamericano, excepto con una, con Méjico. Y lo paradójico

era que, a contrapelo de tal falta de reconocimiento formal, los contactos directos y personales, todas las

demás relaciones, el propio y recíproco sentimiento popular entre los dos países, estaban situados, más

que a un nivel normal, en planos de afecto y correspondencia excepcionales.

Y, sin embargo, el asunto España-Méjico sólo se ha podido resolver cuando ha desaparecido el único y

solo obstáculo que existía frente a ello: el llamado Gobierno español en el exilio, con personalidad

únicamente reconocida por el Gobierno azteca, dejaba hace unos días de ser beneficiario de tan singular

favor. Méjico rompía sus relaciones con los supervivientes de la legalidad republicana. Un residuo más de

la guerra civil venía a desaparecer. Y es de esperar, asimismo, que en breve plazo —quizá cuando se

hayan celebrado las elecciones— decidan los últimos náufragos de la II República disolver y resolver la

representación que todavía se atribuyen.

La terquedad, al fin y al cabo, es virtud y limitación de españoles. Y los Gobiernos de Méjico, al haber

dispensado durante tanto tiempo, larga y tercamente, su reconocimiento a aquellos españoles del exilio,

participaron de tal limitación y tal virtud nuestras. No en vano Méjico es una de las más hispánicas de

entre todas las naciones, que forman nuestra comunidad histórica.

Ahora sí cabe pensar, como un político español —ilustre profesor además— ha dicho, que la guerra civil

ha pasado definitivamente a la Historia.

El de ayer ha sido un omento histórico, como bien subrayó en las declaraciones que hizo en París el

ministro español de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja, tras el intercambio de notas entre ambos países.

Un momento histórico del que nos congratulamos.

 

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