Autor: Campo, Isabel. 
   Radiografía de la delegación comercial soviética     
 
 Ya.    04/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

RADIOGRAFIA DE LA DELEGACION COMERClAL SOVIETICA

Con motivo de la expulsión del ingeniero Yuri Pivovarov, delegado de la Unión Soviética en la misión

comercial de este país en Madrid, publicamos un reportaje sobre dicha delegación comercial en la capital

de España

La Delegación Comercial de la Unión Soviética está enclavada en la calle Matías Montero, número 14.

Funciona como tal desde hace más de tres años, y, por lógica, suponemos que será el lugar que ocupe la

próxima Embajada, al menos con carácter provisional y hasta que encuentren otro lugar para el

emplazamiento de la misma.

El señor Koshin, jefe de la Delegación, nos asegura que el chalé no será la Embajada. "Buscaremos otro

local, pues éste se queda pequeño. No, tampoco puede hablarse de Embajada provisional", anuncia ante

nuestras insinuaciones. Una verja verde, a modo de puerta, impide el acceso al recinto. Tras tocar un

timbre, ésta se abre. Ya estamos en suelo soviético. Un jardín rodea el edificio de cuatro plantas, un

garaje y una azotea. La entrada al mismo es por una pequeña puerta lateral. Unas escaleras la separan de

la verja. Nada más entrar hay un felpudo incrustado en el suelo de parquet. A continuación se extiende un

alfombra estampada, en" la que predomina el color granate. Cuatro sillones marrones contribuyen a que la

espera sea mas grata. En el lateral izquierdo del recibidor cuelga fastuosa una diapositiva de la plaza Roja

de Moscú. Sólo verla impresiona. Su aire de majestuosidad resulta estremecedor. La imaginación te sitúa

en plena capital, moscovita.

Frente a esta bella estampa, en el lateral derecho, varias fotografías grandes del XXV Congreso del

PCUS, Las fotografías, en blanco y negro, destacan sobre un tapiz rojo que las enmarca. Este color, a su

vez, resalta enormemente con el tono beige de las paredes. Una puerta grande de madera, que da a la sala

de proyecciones, separa en dos mitades la pared lateral derecha. Con un tapiz igual al anterior, y

produciendo el mismo contraste, hay colgados varios libros de bolsillo. Uno es de Marx; otro, de la

industria en Rusia; otro, de su agricultura, etc. Todos tienen matiz científico. Frente al recibidor se halla

una pequeña centralita. Una recepcionista trabaja allí. Un cristal la separa del resto del vestíbulo. En

recepción cuelga un mapa de Madrid y un calendario con un barco. Hay un pequeño radiador, que no

debe estar muy fuerte, y una estufa de gas. La recepcionista, desde su puesto, observa, mediante un

televisor, quién se acerca por la calle.

878 metros cuadrados

"El edificio mide aproximadamente 878 metros cuadrados—nos dice el jefe de la Delegación—.

Trabajamos aqui doce personas fijas, aunque entre técnicos, diplomáticos, secretarias... hay veces que

somos veinte."

Pasamos a la sala de proyecciones. Dos diplomáticos nos siguen a todas partes. La sala es grande. Muy

apropiada para coloquios y debates. "No, no—aseguran nuestros acompañantes—, aquí no nos reunimos.

Esta es la sala de proyección de pe1ículas comerciales. Al fondo hay una pantalla blanca. El resto de la

pared es de tela azul. El suelo, en todo el edificio, es de. parquet. Unas cincuenta sillas marrones rodean el

perímetro de la habitación. Están colocadas muy juntas y forman un circulo. Hay una percha y, ¡curioso!,

una máquina de juegos como las de los billares. Junto a la pantalla hay una larga mesa de caoba con un

par de ceniceros. De las paredes cuelgan varios cuadros de un joven pintor soviético. Uno es de una

bailarina con su traje típico. Otro es un paisaje moscovita. Está la foto de una deportista famosa y de una

niña sonriendo. "Muchos de nosotros no tenemos aquí a nuestros hijos, se lamenta uno de los

diplomáticos, y la foto de la niña nos sirve de recuerdo." También hay una vista de los rascacielos

neoyorquinos. "Este cuadro no es nuestro, nos asegura. Pertenecía al señor que nos alquiló el local. No

nos importa que esté, y por eso no le quitamos."

Parece ser que el chalé situado en lo calle de Matías Montero será la futura Embajada El jefe de la

Delegación, sin embargo, aseguro que buscarán otro local para el emplazamiento de ésta

II triunvirato

Pero a pesar de que los cuadros son muy bonitos, la vista se va hacia las grandes fotos del triunvirato que

se impone en la sala. Está el Presidente del Soviet Supremo, señor Podgorny; el secretario general, señor

Brezhnev, y el primer ministro, señor Kosyguin. Debajo de los tres grandes, que están situados a la misma

altura, hay unas veinte fotos realizadas con motivo del setenta aniversario del señor Brezhnev. Aparece

retratado saludando a diversos políticos extranjeros. .

Después pasamos al despacho destinado a los visitantes. Hay una mesa de madera y varias sillas haciendo

juego. El color es marrón. Las paredes, verde pálido. Hay una ventana que da a la calle. Los visillos son

grisáceos, y de tergal, como en las demás ventanas del edificio. Hay una televisión en blanco y negro, un

par de cuadros y un jarrón con espigas. El radiador está protegido y sobre él, un mármol. También tienen

un ventilador encima de un aparador marrón con un cristal que protege unas guías telefónicas. En la

habitación destaca una vitrina del mismo color. Allí hay una pequeña exposición de típicos productos de

exportación soviética. Varias botellas de vodka, preciosas matriuscas, cuchara y pucherito tradicionales,

aviones y tractores en miniatura... "El vodka" es sólo de adorno, y no piensen que trabajamos con la

botella en la mano", nos advierte uno de los diplomáticos sonriendo. Por último, y casi de pasada, vemos

un despacho. Hay un retrato de Kosyguin. Una mesa con muchos papeles, dos sillones y un par de sillas.

Las puertas son de madera. No hemos visto ninguna lámpara y todo son placas luminosas, incrustadas en

el techo.

Sin lujo

"Bueno, ya no pueden ver más—nos dicen lo» diplomáticos—. Hay aproximadamente once despachos,

pero no van a entrar allí, pues están trabajando. Ya han visto bastante. Tienen la exclusiva. Como pueden

observar no hay lujo y todo lo que hay es material imprescindible para el trabajo. Los despachos no se

diferencian uno de otro. No hacemos distinciones, aunque no somos chinos y nuestra única variación se

manifiesta en la forma de vestir. Nos comunicamos por teléfonos internos y no hay timbres para llamar a

las secretarias. Tenemos tres lineas telefónicas." Amablemente sonríen, pero su paciencia empieza a

agotarse. Nos cogen del brazo y nos acompañan a la puerta de salida. Nuestra visita a la Embajada,

perdón, a la Delegación Comercial Soviética, ha durado una hora. Nuestras relaciones han empezado con

buen pie. Esperemos que asi continúen.

Isabel Campo

(Fotos: Carvajal.)

 

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