México, al fin     
 
 Arriba.    29/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

MÉJICO y España cerraron ayer, a! restablecer sus relaciones diplomáticas plenas, un largo

período de treinta y ocho años de incomprensible separación. Una separación —hemos de

apresurarnos a decirlo— que nunca fue sentida por sus respectivos pueblos, sino solamente

por la incomprensión a nivel de Gobiernos. Méjico lo hizo posible al dejar de reconocer al

llamado «Gobierno Republicano en el Exilio», y España no dudó en transformar ese gesto en el

punto de partida para una plena normalización de relaciones. Sabemos que la noticia es hoy

una noticia feliz para varios millones de españoles que no podían comprender el divorcio entre

dos países que, además de considerarse hermanos, se sienten afines en todas sus

manifestaciones colectivas.

También en este caso concreto ha triunfado el realismo, y nos felicitamos por ello. El profesor

Tierno Galván vio en el gesto mejicano el fin del último resto de la guerra civil, y compartimos la

idea. Por lo demás, la política exterior es una política de realidades, incluso de realidades

acuciantes, y es necesario saber verlas, saber servirlas y saber acomodarlas, desde su

aceptación, a los intereses colectivos. Esto es lo que Méjico y España acaban de hacer al

restablecer sus relaciones diplomáticas plenas.

Por parte de España se ha dado un paso más, y muy significado, hacia la normalización de

nuestra presencia en el mundo. Se terminó una ficción. La política oficial se puso a la altura de

los sentimientos populares. Por eso, al escribir «Méjico, al fin», no estamos expresando la

sensación de un triunfo, sino proclamando una normalidad que nunca debió dejar de serlo. Y

saludamos la desaparición del último escollo para que trescientos millones de ciudadanos

puedan pensar en esa comunidad hispánica de naciones que inspira el Rey Juan Carlos y que,

sin Méjico, sería impensable.

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