España-México: Ya estamos todos     
 
 Informaciones.    29/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

INFORMACIONES

ESPAÑA-MEJICO: YA ESTAMOS TODOS

Alas cinco de la tarde de ayer, 28 de marzo de 1977, España y Méjico volvían a encontrarse para caminar

de nuevo juntos en la historia común que les une desde hace casi cinco siglos. El ministro de Asuntos

Exteriores español, Marcelino Oreja, y su colega mejicano, Santiago Roel, firmaban los documentos por

los que se formalizaban las relaciones diplomáticas entre nuestros dos países —algo de nuestro tiene

también aquél—, después de treinta y ocho años de separación, de intento de olvidarse, pues la raza

común siempre encontró motivos de apreciarse o de odiarse, que es lo contrario de la indiferencia que

pretendían los Gobiernos respectivos.

El acto de París, calificado de histórico» por el canciller Roel, se firmó en el suntuoso salón Napoleón del

elegante hotel George V y fue sellado con un abrazo apretado, cual corresponde a dos hermanos que

vuelven a sentirse solidarios en el patrimonio común de la sangre.

Con ese abrazo, españoles y mejicanos, ya no necesitan hablarse a escondidas de tantas y tantas cosas

comunes que les identifican. Desaparece la segunda y larga «noche triste» que ensombreció voluntades de

concordia por la obstinación de unas circunstancias políticas, que ya están superadas. Con Méjico

recuperado, ya estamos de nuevo, todos juntos.

Con este abrazo de París, España recupera su orgullo hispánico pleno. Ya no hay fronteras para los

españoles de hablar y sentir común con sus hermanos de América; se ha roto el maleficio de las dos

Españas irreconciliables por desconocidas. No puede haber independencia absoluta entre hombres que

sienten por igual, escriben y hablan en el mismo idioma y arrastran en común el noble peso de la Historia

que les corresponde por designios de Dios y de la sangre.

Al cancelarse oficialmente lo que nos separaba, renace lo que nos une con más fuerza; la fuerza que nace

de los errores tiene más fundamento para los aciertos. Estos treinta y ocho años de obstinada divergencia

enriquecen la jurisprudencia y será difícil que vuelva a repetirse el fenómeno a poco que quieran —y

quieren— ambos pueblos encontrarse en el camino de la concordia.

Un hombre de cuarenta y dos años recién cumplidos, Marcelino Oreja, es hoy el español del abrazo de

España a su hermano de Méjico. Ayer, en París, nuestro ministro de Asuntos Exteriores dijo que en la

política exterior española de establecer relaciones con todos los países del mundo, expresada en el

mensaje de la Corona y reiterada en numerosas ocasiones por don Juan Carlos, «Méjico suponía una clara

prioridad, y hoy hemos venido a París a confirmarlo». Añadió el ministro que España quiere ser puente

entre el continente americano y Europa, a través, sobre todo, de nuestra integración en la Comunidad

Económica Europea». En estas palabras, el portavoz español realiza la síntesis de un propósito que está

más allá de los puros conceptos históricos, pero que se ensambla en ellos para una nueva estrategia de

vínculos en donde tengan cabida las relaciones que estrechan, en verdad, los lazos entre los pueblos: la

mutua colaboración técnica y empresarial, los intercambios de ideas, de cultura; los contactos para cosas

prácticas de interés mutuo.

Esta es la nueva Hispanidad que desde ayer ya vuelve a ser plena y de derecho. Ahora, a trabajar, a

recuperar el tiempo perdido en apologías líricas y sólo líricas o en enfrentamientos. Somos hermanos de

idioma y cultura y además tenemos que serlo también en el terreno de los intereses prácticos.

El patrimonio común de los que nos entendemos sin intérprete tiene una traducción práctica, por

necesaria. España, desde su puesto en Europa, es el vínculo natural del continente iberoamericano. Con

Méjico como aliado, ya no hay obstáculos para llevar a cabo ese objetivo. Por eso el ministro español, en

el salón Napoleón del hotel George V, de París, le ha dicho a Europa que España es el puente entre

Iberoamérica y Europa. No es una frase lapidaria para las antologías, pero es la expresión de una realidad

que hoy recupera toda su fuerza con el abrazo a Méjico.

 

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