Autor: Díaz-Alejo, Raimundo. 
   Las naves de Hernán Cortés no se quemaron  :   
 Fin de la segunda noche trite entre dos pueblos. 
 Ya.    29/03/1977.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Las naves de Hernán Cortés no se quemaron

Fin de la «segunda noche triste» entre dos pueblos

A la caída de Porfirio Díaz (que hace ahora justamente un siglo, comenzó su segunda presidencia, luego

convertida, en la etapa siguiente, en larguísima dictadura) se sucedieron en la jefatura del Estado

mejicano, entre otros caudillos y generales, Madero, Huerta, Carranza, Obregón, Plutarco Elias Calles,

Portes Gil, Ortiz Rubio y Abelardo Rodrigues, bajo cuyo Gobierno se realizó en los jardines del Buen

Retiro de Madrid una muy meritoria exposición de trabajos realizados en las escuelas mejicanas por

alumnos de los grados inferiores. El intercambio cultural y artístico estaba en el orden del día entre

Méjico y España. Hasta que comenzó una "segunda noche triste" entre los dos países, aquellas fraternas

relaciones no se interrumpieron. Ello aconteció durante la presidencia del general Lázaro Cárdenas, el

hombre que nacionalizó los petróleos mejicanos contra viento y marea. Pero la "segunda noche triste" no

fue total durante los cuarenta años transcurridos. Fueron y vinieron artistas, acotres, cantantes, hombres

de negocios, toreros, poetas, ensayistas y maestros de maestros. Hace veinte años me encontré con don

José Vasconcelos en su despacho de la dirección de la Biblioteca Nacional de la ciudad de Méjico y me

expuso su creencia de un reencuentro que borrase el paréntesis abierto; un paréntesis durante el que han

desfilado por la presidencia de Méjico (después de Cárdenas) Manuel Avila Camacho, Miguel Alemán,

Adolfo Ruin Coruñés, Adolfo López Mateos, Gustavo Días Ordaz y Luis Echeverría. Un paréntesis que

ha cerrado José López Portillo—"Don Pepe"—, un descendiente de riojanos españoles.

Comentaba yo mi viaje con Manuel Aznar. Y el apostilló:

—Entre todos los pueblos americanos ,tal vez sea el mejicano el más español. Los mejicanos tienen de la

vida el mismo sentimiento fatalista, heroico, trágico y hasta despectivo que los españoles.Son tan toreros

(o mejores) como los españoles y sus cristeros fueron durante la revolución tan fanáticos como nuestros

navarros en las guerras carlistas.

Los periódicos de Méjico destacan hoy a toda página con alborozado contento el fin del paréntesis de la

"segunda noche triste" hispano-mejicana. Las naves de Hernán Cortés no se quemaron. Siguen

navegando.

Raimundo DIAZ-ALEJO

 

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