Autor: Medina, Tico. 
   La bandera de España, izada en México  :   
 El ex embajador de la II República hizo entrega a nuestro representante diplomático del edificio de la antigua Cancillería. 
 ABC.    05/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. MARTES 5 DE ABRIL DE 1977

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LA BANDERA DE ESPAÑA, IZADA EN MÉJICO

El ex embajador de la II República hizo entrega a nuestro representante diplomático del edificio de la

antigua Chancillería

MÉJICO, 4. (De nuestro enviado especial.) Esta es la crónica, del escalofrío. Esta es la crónica de la

emoción, al haber visto izar por dos veces la bandera española en dos momentos distintos. Esta es una

crónica histórica. Un hecho impar al que el periodista ha tenido la suerte de asistir. Porque a las once y

veinte de la mañana, hora dé Méjico, dé hoy, día 4, en el viejo palacio semiderruido, donde hasta ahora

estuvo instalada la Cancillería y Embajada de la República española en el exilio, con un nudo en la

garganta hemos asistido a un hecho que, será dificil de olvidar, aquel en el que el viejo mástil de la terraza

del caserón Londres, esquina a Roma, ondeó por primera vez en muchos años la bandera roja y gualda

con el escudo de España.

El hasta ahora embajador de la República española en el exilio ante Méjico, señor Martínez Feduchi, hizo

entrega a la puerta del palacio al notario de los quince folios de apretada escritura, en los que se hacia

relación detallada de los viejos muebles, los viejos cuadros y de alguna forma también de todo un viejo

pasado a olvidar. Inmediatamente después de aquel acto, ante las cámaras de la televisión y un grupo de

fotógrafos y periodistas españoles y mejicanos, el encargado de Negocios hasta ahora, ministro de España

en Méjico, señor. Amaro, abrazó en un gesto diplomático y humano, entrañable y emotivo, ante la verja

de hierro, al señor Martínez Feduchi.

DESPEDIDA. — La Misión diplomática española que visita estos días Méjico para asistir a este acto

trascendental, saludó efusivamente con algo que estaba muy por encima del protocolo y de las palabras

vacías, a Martínez Feduchi. De esta forma se abría una página en el recuerdo de uña nueva España y se

cerraba otra en lo que ya es, digamos, la nostalgia de una vieja España olvidada. Hemos paseado, con un

nudo de emoción en la garganta, por los salones llenos de goteras, de desconchones, de alfombras raídas,

de lo que hasta ahora fue la Cancillería española de la República, y hemos podido ver cómo ondeaba

después la bandera española al viento de la tarde.

Las últimas palabras de Martínez Feduchi, que se marchó calle adelante, él sólo, como en una triste

estampa, triste y un poco amarga estampa, fueron las siguientes: «Aquí os dejo esto. Yo me marcho. Aquí

lo tenéis.» Inmediatamente allí, al hombre que durante dieciocho años ha guardado la casa de la vieja

República, hizo el contrato verbal de que siguiera sirviendo a España.

Desde allí fuimos hasta el lugar que hasta ahora el agregado de Negocios, señor Amaro, en una moderna

avenida de Méjico. Durante un largo minuto de silencio, en el que había lágrimas en muchos ojos, la

bandera española ondeó en lo que de hecho y de derecho es ya hoy nuestra Embajada en Méjico. Hubo un

largo ¡Viva España!, quizá el más hermoso al que haya contestado el periodista y Ángel Carchenilla

también enviado especial de ABC, conmigo en está ocasión, y el grupo de españoles que asistimos al acto

dijimos, también con lágrimas en los ojos, un ¡Viva el Rey! y un ¡Viva López Portillo!, que, insisto, no va

a ser fácil de olvidar.

EMBAJADOR.—Esta es una crónica dictada menos quizá con el rigor que con la emoción. Ya sonaba el

nombre del embajador Díaz Ordaz, que ahora se confirma en Madrid. Un miembro de la Misión

diplomática española llamó por teléfono al Rey de España, Don Juan Carlos. Desde allí mismo pudo

escuchar la voz del Rey que le dijo: «Siento una gran emoción al recibir tus palabras. Estoy fracameñte

emocionado. Os doy las gracias por todo lo que habéis hecho por España.»

Al aire de un día caliente de Méjico dos banderas españolas oficiales ondean sobre el paisaje de una

ciudad que está llena de afecto y de amor hacia España.—Tico MEDINA.

 

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