Autor: Aguirre López, José María (AMÉRICO VÉLEZ). 
   Bonn desconfía de Estados Unidos y contemporiza con el eurocomunismo     
 
 Informaciones.    23/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

NOTA INTERNACIONAL

Bonn desconfía de Estados Unidos y contemporiza con el eurocomunismo

Por Americio VELEZ (Corresponsal diplomático en Europa occidental.)

COLONIA, 23.

* LEMAN1A Federal está sólidamente instalada en el «club de los grandes», decían la semana pasada

los expertos americanos en distintas materias que, tras haber acompañado la anterior al Presidente Carter

durante sus jornadas diplomáticas de Londres, se reitegraban a sus bases «europeas.» de Bruselas.

En la capital de Bélgica, en efecto, se bailan casi todos los centros de dirección de las actividades

(oficiales y privadas) de los Estados Unidos en el Viejo Mundo, acentuando así la atmósfera cosmopolita

que imprimen a la ciudad los organismos principales, civiles y castrenses, de la Alianza Atlántica, las

instituciones de los movimientos sindicales internacionales de inspiración cristiana o independiente (tal

es el carácter que, por ejemplo, se atribuye la C.I.O.S.L., que al menos lo que a Europa respecta reúne

sobre todo organizaciones de influencia socialista y socialdemócrata), los de las famosas corporaciones

multinacionales... y lo esencial de las redes más o menos secretas del, espionaje político, militar e

industrial del bloque del Este.

Pero concentremos, por el momento, la atención en esta fascinante Alemania occidental. El

«Wirtschaftlichs-wunder (milagro económico) de la inmediata posguerra se ha convertido en

característica permanente del país. Abandonando la ilusoria teoría «progresista» que consiste en aceptar la

inflación con la esperanza de reducir el desempleo, los Gobiernos socialdemócratas de los señores Willy

Brandt y Helmut Schmidt este último sobre todo— han reducido actualmente al 4 por 100 esa terrible

epidemia de las economías.

Se explica así que las personas sin trabajo (1.094.000 exactamente,según la última estadística) gocen de

un nivel de vida superior al de las que, por ejemplo, en otros países del Mercado Común, trabajan

cuarenta horas semanales. Por no mencionar ahora con detalle las carencias que, en todos los órdenes,

soporta el ciudadano medio de la «otra Europa», la marxistizada.

No es, sin embargo, admisible que en ninguna clase de sociedad la proporción de gentes ociosas en

condiciones físicas de trabajar alcance ese nivel. Los expertos de la R.F.A, en materia social buscan

afanosamente soluciones al grave problema, sin que sus esfuerzos hayan dado, hasta el presente,

resultados tangibles. Tal vez por ello, el presidente de la, gran central sindical D.G.B. (que agrupa unos

diez millones de cotizantes), señor Oskar Vetter, ha hecho no hace mucho esta sibilina e inquietante

declaración: «Si la economía de mercado no logra reducir el desempleo, tendremos que buscar otras

soluciones...»

Pero la cuestión ne se ha planteado todavía oficialmente. Sin duda, porque la coyuntura sigue siendo

favorable. :En el Ministerio de Economía de Bonn se calcula —por lo bajo— que la tasa de crecimiento

para el ejercicio próximo será del 4 por 100.

Los Institutos no oficiales especializados presagian un mínimo del 5. Basan sus cálculos en que, a finales

de abril, los carnets de pedidos de las empresas industriales registraban un 3,5 por 190 en más que el «es

precedente y un 10,8 con relación a la misma fecha de 1976. La industria del automóvil trabaja al máximo

de su capacidad. La del utillaje, la textil y la de aparatos eléctricos reanudan una actividad que había

decrecido en meses anteriores. Como en el resto de Europa, la siderurgia está en baja. También la

construcción de edificios.

Pero las exportaciones aumentan. El pilar del «Wirts-chaftlichswunder», el comercio exterior, no parece

afectado por la crisis mundial que han estudiado hace dos semanas en la capital británica los siete

«grandes» del Occidente industrializado, las mercancías oeste-germanas abundan en todos los mercados,

incluidos los del lado de allá del muro de Berlín y los de los países asiáticos de economía estatal, como la

China Popular y Vietnam. En el Asia libre —o semilibre—: India, Pakistán, Bangla Desh, etc., los

productos alemanes compiten con los del Japón. Y en Taiwan, Filipinas, Indonesia, Australia y Nueva

Zelanda con los americanos. En muchos sectores, ventajosamente.

Hasta el año pasado, me dicen en el terreno de lo confidencial colegas de los principales periódicos —y

no lo desmienten, más bien lo confirman con sonrisas discretas cuando se les habla del asunto,

funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores o del de Fuerzas Armadas—, Bonn compartía (con

algunas excepciones las líneas generales de la política exterior de Washington Las cosas han cambiado

actualmente.

En el aspecto militar, las dudas sobre la firmeza de las promesas americanas de asegurar la defensa de

Europa en caso de agresión del Pacto de Varsóvia sen anteriores. Datan de la retirada de las tropas que en

Vietnam del Sur se obstinaban en lachar por mantener una democracia inexistente. Ahora, los medios

oficiales, oeste-germanos y, desde luego, los periodísticos, se manifiestan escépticos en cuanto a la

«voluntad de lucha» del pueblo americano. Y, consecuentemente, ante las afirmaciones dé cooperación

militar estadounidense, en el cuadro de la O.T.A.N., si estallase —eventualidad muy improbable— un

conflicto armado Este-Oeste.

«El único movimiento que cabria esperar de las unidades americanas, las convencionales o las dotadas de

armas atómicas, destacadas aquí —dice con gesto convencido un periodista de Bonn especializado en

político internacional—, sería el de cruzar rápidamente el Atlántico en sentido inverso. América no quiere

luchar más en campos de combate extranjeros. Ni en Asia, ni en Europa, ni en África, ni en ninguna parte.

Cárter anunció en 1976, durante uno de sus debates televisados con Ford, que si la U.R.S.S. invadiese

Yugoslavia, los Estados Unidos no intervendrían...

El diálogo transcurre en el confortable restaurante de un «club» privado, de Colonia.. Es el fin de semana

y hay pocos comensales. Mis anfitriones —todos ellos colegas de Prensa comparten el criterio pesimista

del preopinante. Por el salón pasa un ángel.

El silencio, cargado de malos augurios, lo rompe al fin el corresponsal dé fin gran diario de Francfort.

«Por eso —dice— el canciller Schmidt, el vicecanciller (ministro, además, de Negocios Extranjeros),

Genscher, el Gobierno entero y gran parte del Bundestag, incluso los cristiano-demócratas, piensan de

nuevo en la "Ostpolitik" y, desde luego, en la coexistencia con el "otro Estado" de la nación germana.»

Otro tertuliano recuerda que cuando, en marzo, se reunió en Roma el «Consejo europeo»

(«cumbre» de Jefes de Estado o de Gobierno del Mercado Común . Herr Helmut Schmidt

mantuvo, al margen de una recepción ofrecida por el Presidente Leone, en el Quirinal, en honor de los

«nueve, (bajo la mirada recelosa de «mosieur» Giscara d´Estaing y la tal vez cómplice del «signore»

Andreotti), una discreta conversación con el camarada Enrice Berlinguer.

«La aparente tolerancia ante el eurocomunismo -comenta con sarcasmo un tercer colega— es tal vez lo

único "común" que nos queda de la época de coincidencias políticas entre Bonn y Washington...))

23 de mayo de 1977

 

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