Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
 El ministro de Asuntos Exteriores:. 
 No habrá política de partidos de cara al extranjero  :   
 En el tema Argelia-Sahara no somos partidarios de las rupturas abiertas. 
 El Imparcial.    20/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 22. 

página 10 EL IMPARCIAL 20 diciembre 1977

Nacional

El ministro de Asuntos Exteriores:

No habrá política de partidos(de cara al extranjero)

En el tema Argelia-Sáhara no somos partidarios de las rupturas abiertas.

LA respuesta ha sido contundente: —Una sola política. Porque yo le había preguntado en mi última

crónica al ministro de Asuntos Exteriores si había llegado el momento de que los partidos políticos

tuvieran cada cual su propia actitud y su propia estrategia, como parece desprenderse de los

comportamientos de algunos, en descarada contraposición, a veces, con los intereses de España en el

plano internacional. Ha añadido:

-Esto no quiere decir, sin embargo, que los partidos no deban o no puedan tener divergencias con la

actuación del Gobierno en el exterior; sobre todo, cuando se trata de aspectos concretos y particulares. El

debate es muy importante, sin olvidar que la conducción de la política exterior es en todos los países

competencia del poder ejecutivo. Y en ese debate lo que debe buscarse es el consenso.

Hace un inciso y sugiere:

—Por ejemplo, yo no sólo aceptaría, sino que desearía un gran debate parlamentario acerca de nuestro

ingreso en la OTAN. Pero la política exterior ha de ser una política de estado, y no algo referido

únicamente a la plataforma ideológica de unos determinados partidos, definida muchas veces por razones

de coyuntura, a menudo electoral.

Estaba muy ocupado el señor ministro, mucho y la entrevista la hemos tenido a medias entre el teléfono y

el despacho, un despacho la mar de ajetreado, por cierto, en el que estaba tratando de meterse a toda

urgencia un personaje importante que no llegue a saber quién era.

Le llevaba dos temas: el triangular Argelia-Sáhara-Canarias y el de la condena a los regímenes sudameri-

canos, que puedan no gustarnos, o, simplemente, no gustar a cualquiera de los partidos en un determinado

momento.

-¿Cómo podíamos condenar a Chile el mismo día que se retiraba la condena a Uganda? Sin olvidar que,

según «Amnesty International» son 117 los Gobiernos que en el mundo violan los derechos humanos.

Creo que en este caso hemos hecho lo más justo; un alto comisionado de la ONU para la defensa de estos

derechos en la ONU, puede cumplir mejor que cualquier acción unilateral esta misión en todo el mundo.

Aparte de que reconocer no es aprobar.

—¿Y el caso de Israel?

—Bueno, a Israel lo tenemos reconocido, aunque no sostengamos relaciones.

A mí eso no deja de parecerme una sutileza, pero de sutilezas está hecha la diplomacia. Diré a ustedes

que, por lo que entreoí a los parlamentarios que asistieron a la sesión informativa del ministro en el

Congreso, lo de Israel deja una puerta abierta a la esperanza: el arreglo del tema en Oriente Medio. Entre

tanto, esperará turno.

Queda el primer tema, la primera pregunta, respondida sin ambajes: nuestra política exterior no puede ser

la política de un partido, ni puede tolerarse que cada uno de ellos tenga la suya propia. Pero de ahí pasa-

mos a la segunda cuestión:

—Entonces, ¿cómo se entiende que, en materia tan delicada para nuestra soberanía nacional como la

cuestión de Canarias, haya algún partido que se ponga decididamente del lado de Argelia, que a su vez

está atacando a España por todos los medios, desde la propaganda oficial a la subvención a movimientos

separatistas?

El rostro del ministro de Asuntos Exteriores es una súplica de comprensión. No, no quiere contestar.

—¿Por qué? ¿Es que una respuesta del ministro pondría en cuestión nuestras relaciones con Argelia?

No soy partidario de esas rupturas. Bueno, tradicionalmente, no lo es nuestra política exterior. Guinea,

por ejemplo, es un caso en el que hubimos de padecer insultos y hasta agresiones, pero estimamos que era

peor romper todos los lazos, que en realidad era romper todas las trabas a cambio de una mera actitud de

dignidad ofendida.

—Ya es, en cierto modo, una respuesta. Pero yo quisiera llevarme una actitud, en la que todos los

españoles pudieran tener una explicación a lo inexplicable en la actitud de algunos partidos.

—Jamás los intereses de un partido pueden llevar a otra cosa que a defender los intereses de España en el

Sahara y Canarias.

Insisto, pero el ministro está decidido a eludir el tema ya recibir, por fin, la visita que hace antesala.

Todavía me hace algunas reflexiones acerca de la política exterior de otros países, que todos procuran

poner por encima del partido que ocupe el poder. Me menciona, por ejemplo, la política francesa,

inalterable con nosotros hace siglos. Y deja caer un a modo de reproché para los periodistas:

—Y no sólo por encima de los partidos, sino de los periódicos. Porque a veces...

JOAQUÍN AGUIRRE BELVER

 

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