Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La marcha del embajador ruso     
 
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La marcha del embajador ruso

Por Abel HERNÁNDEZ

SERGUEI BOGOMOLOV, primer embajador soviético en Madrid tras cuarenta años de relaciones

suspendidas, ha sido llamado a Moscú. Probablemente se va para no volver. Algo verdaderamente grave

ha ocurrido, si se confirma la noticia, para que el Kremlin tome esta decisión.

De acuerdo con nuestras fuentes, dignas de todo crédito, el candidato número uno para suceder a

Bogomolov en Madrid Yuri Dubinin, jefe del departamento de Europa en Moscú, se entrevistó anteayer

con el ministro español de Asuntos Exteriores, señor Oreja, en el palacio de Santa Cruz. Es muy posible

que Dubinin acompañe, en el mismo avión, a Bogomolov a la capital soviética. El segundo candidato a la

Embajada en Madrid es V. Pershov, especialista clave en temas ibéricos en el Kremlin.

A Bogomolov no le ha servido en esta ocasión la vieja amistad de Gromyko y su padre. Se asegura que

era un hombre demasiado hermético y conflictivo. No tenia buenas relaciones con las autoridades

españolas y eran francamente malas y poco inteligentes con el P.C.E. de Santiago Carrillo. Aunque en los

últimos meses ha habido problemas de espionaje ruso en España con presencia descubierta de algún

destacado agente de la K.G.B., parece que, tras la expulsión de dos «diplomáticos» soviéticos al principio

de las relaciones, no han sido los espías los que han condicionado la caída de Bogomolov.

¿Qué entonces? Dicen que se abre una nueva etapa de amplia cooperación en todos los terrenos entre la

UR.S.S. y España y que para esta esperanzadora etapa hacía falta un hombre nuevo. ¿Intenta el Kremlin

«compensar» a España con ventajas económicas su oposición a nuestro ingreso en la O.T.A.N.? Por

cierto, Oreja irá a Moscú antes del veranó, y no es cierto que, hasta el momento, las autoridades soviéticas

hayan cursado invitación oficial al Bey de España. De todo esto hablaron, probablemente, anteayer el jefe

de la diplomacia española y Dubinin. Estas extraordinarias perspectivas de cooperación pueden ser una

razón para el llamativo y fulminante relevo. ¿Pero es la razón decisiva? Casualmente ha coincidido con la

negativa de las autoridades españolas —negativa revelada por el presidente Suárez anteayer a la Prensa

extranjera— a la instalación de una «base pesquera» soviética en Algeciras, frente a Gibraltar, cuando

parecía que el acuerdo estaba hecho. ¿Ha habido fuertes presiones extranjeras? Todo es posible. Un día de

éstos hablaremos del decidido apoyo del Partido Comunista de la U.R.S.S. al .P.S.O.E. en la lucha para

obtener el Poder en España en el más breve plazo, y del retraimiento de la C.E.E. al ingreso de España

por miedo a esta alternativa política. Pero esta es otra historia.

 

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