Autor: Fajardo, José. 
   Nueva política española en la América Latina     
 
 Diario 16.    11/08/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

Nueva política española en la América Latina

José Fajardo

«Con la visita de Adolfo Suárez, y los anteriores viajes de Juan Carlos a otros países, España pretende

entender un mundo del que quedó políticamente distanciada en las cuatro décadas de Franco. Entenderlo

y hacer que el mundo entienda sus propias dificultades en la reconstrucción nacional perturbada por

quienes desean amarrarla a una «hispanidad» de nostalgia medieval y los que imaginan que es posible

erigir el futuro sobre cráteres».

Así escribió un comentarista de «Folha de Sao Paulo», mientras el presidente español se dirigía a

Ecuador, después de conseguir en Brasil varias cosas importantes, entre ellas una que no podrán olvidar

los españoles que aquí habitan, ni los brasileños o residentes de otras nacionalidades: el fin del depósito

previo de casi 60.000 pesetas que se exige a cada persona que viaja al extranjero.

Oyendo las reivindicaciones de los integrantes de las colonias, españolas, el presidente Suárez había

planteado a su colega brasileño la posibilidad de no exigirles ese depósito a los residentes españoles que

desearan visitar España. Adolfo Suárez recibió un telefonema del canciller Saraiva Guerreiro:

«Perdóneme que le moleste, senao presidente; pero el presidente Figueiredo me pidió que le dijera que, en

atención a usted, va a anunciar el próximo fin del depósito exigido a los viajeros».

Poco después, el general Joao Figueiredo anunciaba que esa exigencia se acabaría a partir del primero de

enero próximo. El depósito regía desde 1976, cuando fue implantado por el ministro de Hacienda Mario

Henrique Simonsen. El acabó esa impopular institución, y presentó la dimisión su creador Simonsen, que

era ministro de Planeación en este Gobierno.

Completo éxito

El rápido paso de Adolfo Suárez por Sao Paulo ha sido un completo éxito, desde el serio encuentro con

los más fuertes empresarios locales, que terminó con la creación del comité empresarial hispanobrasileño,

hasta el popular gesto de vestir la camiseta corinthiana número diez, antes de Rivelino y ahora de

Sócrates.

A los empresarios les expuso el camino recorrido por España bajo su presidencia y los convenció de que

«es perfectamente posible la convivencia de la democracia con una economía en desarrollo y con la libre

iniciativa».

Los hombres de negocios brasileños dijeron al abandonar la reunión que la charla de Suárez había sido

«una verdadera aula» y elogiaron el modelo político español, un ejemplo de democracia sin retroceso

económico».

Esa conversación con la clase empresarial estuvo a tono con el estilo práctico y directo de la visita

presidencial, que culminó en un comunicado conjunto calificado como «un instrumento ilustrado con

posibilidades concretas» por Itamaraty, que es el ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil.

Las fuentes de la cancillería brasileña dijeron que la próxima semana iniciaran los trabajos de preparación

de la extensa pauta de asuntos a tratar, inclusive la cooperación, en el campo de la energía nuclear, y

afirmaron que a los éxitos económicos se suman los políticos, porque esta visita «rompe una tendencia

secular en el contexto de la política externa, española, que coloca a Brasil en una posición secundaria en

relación a los países de la llamada América Hispánica».

Contactos con la oposición

Y hay que agregarle a esas conversaciones con los medios; gubernamentales las sostenidas con

destacados líderes de la oposición progresista, como el cardenal Paulo Evaristo Arns y el sindicalista Luis

Ignacio da Silva, el popular «Lula» que preside el sindicato metalúrgico de Sao Bernardo do Campo, que

tiene más de 200.000 afiliados.

Suárez converso con el cardenal de Sao Paulo, quien le habló de su satisfacción por tener en su

archidiócesis el mayor número de religiosos españoles de todo Brasil y le sugirió que escribiera un libro

sobre cómo se realizó «el cambio de un régimen declaradamente fascista a un sistema democrático que

llevó a su país a no tener ningún preso político».

Según el cardenal Arns, esa «experiencia es muy importante y debe ser relatada a todo el mundo». El

presidente le hizo una exposición rápida y profunda de la evolución democrática española y le habló de su

amistad con el cardenal Tarancón, elogiando el comportamiento de la Iglesia española durante la

transición y su laudable imparcialidad. Puntualizó que «en España, como en Brasil, la Iglesia no se

entromete ni se entrometerá en política, pero está muy próxima del pueblo». El cardenal dijo que Suárez

no había hecho ningún comentario sobre el proceso brasileño de apertura política.

Durante la conversación con el sindicalista Lula el presidente le explicó la organización del movimiento

sindical español; su convicción personal de la «necesidad de tener centrales sindicales muy fuertes y

profesionales», y su incredulidad de que Lula consiguiera su manifestado propósito de crear un partido

sólo de trabajadores, sin ideología.

Lula le habló a Suárez del interés de los sindicalistas brasileños en establecer un intercambio de

experiencias con los españoles, y el presidente prometió que transmitiría ese deseo a los sindicalistas

españoles.

Según Lula su sindicato no tiene definición ideológica y mantiene contacto con los franceses, alemanes y

norteamericanos, pero no con los españoles hasta ahora. Al preguntarle qué opinaba del estatuto de los

partidos, Lula dijo que no creía en él porque la finalidad era crear un partido oficial mayor y mejor.

Evitar comparaciones

Durante todos sus encuentros, Adolfo Suárez evitó establecer comparaciones entre el proceso de

democratización español y la situación brasileña y no dudó en cancelar su visita a la cámara his-

panobrasileña de Comercio, cuando las autoridades brasileñas le informaron sutilmente de que su

presencia podría ser aprovechada por los organizadores de una manifestación de protesta contra el

régimen local.

 

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