Autor: Iraburu, Beatriz. 
   El gobierno británico no ha convencido con su explicación sobre el incidente con España     
 
 Diario 16.    24/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

RELACIONES EXTERIORES 24 julio-81/Diario16

El Gobierno británico no ha convencido con su explicación sobre el incidente con España

Asegura el Foreign Office que ya sabían que la escala de los príncipes de Gales en Gibraltar iba a enfadar

a España, pero dicen que no imaginaban que tanto. Explica que, más que preguntar su opinión al

Gobierno de Madrid, veinticuatro horas antes de que Buc-kingham Palace hiciera público el itinerario, se

limitó a informarle: «Eso se hace siempre por pura cuestión de cortesía, por la sensibilidad que el tema

despierta en España.

Londres:

Beatriz IRABURU,corresponsal

No hay por donde coger las declaraciones del portavoz. ¿Por qué informar a España si nuestro país no

tiene derecho a la soberanía del Peñón como mantiene la tesis británica? ¿Sólo por que está cerca? Y si

sabían la sensibilidad que el tema despierta, ¿por qué no desaconsejaron a los príncipes que hicieran

escala en el Peñón? Un poco absurdo, también, esto de informar a un Gobierno, sin intención de tomar

nota sobre su reacción.

A los periódicos londinenses tampoco les cabe en la cabeza lo ocurrido: podían haber, embarcado en

cualquier otro sitio, dicen varios a coro. El portavoz del Foreign Office, sin embargo, se niega a comentar

una palabra sobre la reprimenda que les ha llegado ayer desde prácticamente todos los rotativos de la

capital.

En contra

Y es que resulta tan evidente que el ministro británico de Exteriores es quien tiene la culpa de que los

Reyes de España hayan cancelado su asistencia a la boda, que a la inmensa mayoría de los editorialistas

no les ha quedado más remedio que reconocerlo. Hay alguno, entre los periódicos populares, que continúa

sin querer o poder entender. Como «The Express»: «Gran Bretaña ha respaldado con energía la entrada de

España en el Mercado Común. Y, hay que decirlo, la economía española se beneficia mucho de los

turistas británicos. Ofender a Gran Bretaña no le conduce a España a ninguna parte, y sólo reforzará

nuestra resolución de que Gibraltar continúe siendo británico tanto tiempo como su población lo desee.»

Y «The Sun», siempre vociferante, brama: «Gibraltar es británico. A ver si se enteran los españoles.»

Estos son las excepciones. Incluso «The Mail», ferviente patriota, piensa que «el Foreign Office debía

haber avisado al príncipe Carlos de que una escala, aun cuando sólo dure unas horas, en Gibraltar, podía,

casi con toda seguridad, causar una trifulca diplomática».

Imagen del Rey

Al «Daily Telegraph», como al resto, y en esto no hay excepción, de los periódicos, le da pena que no

vengan los Reyes. Hasta los que nos ponen de vuelta y media por la cancelación, sólo tienen adjetivos

buenos para colocarle a la persona del Rey. Dice el «Telegraph» que «el Rey Juan Carlos es un

prominente ejemplo de un activo Monarca que ha prestado —y continúa haciéndolo— servicios

impagables a la difícil transición española». Opina este rotativo —y la opinión, con distintos matices, la

encuentras en todos los editoriales— que los extremistas de izquierda y derecha hubieran aprovechado la

escala de los príncipes en la Roca, después de que los Reyes hubieran asistido a la ceremonia, para volver

el episodio en contra del Rey español. Y, sigue, «lo que resulta extraordinario, y muy lamentable, sobre

este triste episodio, es que nadie en el Foreign Office tuviera el sentido común de prever lo que iba a

ocurrir, antes de que nada se hubiera hecho público».

«The Times»

El liberal «The Guardian» se siente igual de perplejo de que «los planes para la luna de miel de los

príncipes de Gales hubieran llegado hasta ese punto, sin que nadie pareciera darse cuenta de que la escala

en Gibraltar podía causar un serió problema político a un monarca amigo». «The Guardian» no tiene

dudas sobre donde buscar a los culpables: el Foreign Office, «puesto que ningún miembro de la familia

real se mueve un centímetro del Reino Unido sin recibir consejo formal sobre la oportunidad del viaje que

se proponen hacer». Insiste el editoria-lista en que los altos funcionarios del Foreign Office sabían,

porque han participado personalmente, que las negociaciones sobre Gibraltar han sido extremadamente

delicadas desde 1980.

«The Times» intenta explicarse cómo el Gobierno británico ha sido capaz de cometer un error de este

calibre, y se le ocu-rren varias respuestas. Una, que el Gabinete no fuera capaz de prever la reacción

española, y que, para cuando Madrid le explicó cual sería, ya era demasiado tarde para cambiar de planes:

«Eso sería de una incompetencia inexcusable.» Otra hipótesis es que sabían lo que iba a ocurrir, pero no

les importó, «lo cual sería aún peor». La tercera, «y la más intolerable de todas, es que el Gobierno sabía

que iba a haber problemas, pero, deliberadamente, aconsejó a Buckingham Palace seguir adelante, con la

intención de demostrar lo irracional es que la actitud española hacia Gibraltar. Esto parece poco probable,

pero muchos lo creen en España», De cualquier modo, la equivocada decisión de usar Gibraltar como

punto de partida de la luna de miel real no ha dejado a Juan Carlos más salida que ceder a la presión de la

opinión pública, especialmente a la del ala derecha».

La «chapuza»

La teoría de la «chapuza» por parte del Foreign Office es la más extendida entre los comentaristas. Sin

embargo, resulta difícil apoyarla sin reservas, sabiendo los esfuerzos que hizo el Ministerio de Exteriores

español para que sus colegas británicos, incluidos lord Carrington, supieran las consecuencias que

tendrían la escala en el Peñón. Es increíble, de todos modos, que no las hubieran previsto. Carrington se

entrevistó con Pérez-Llorca hace poco más de dos semanas en Bruselas, el subsecretario Duran estuvo en

Londres el 15 de julio. Ha habido contactos más que suficientes en los últimos días para que los británicos

supieran cuál era en este momento el talante español respectó a Gibraltar.

En octubre, los mismos funcionarios que no han desaconsejado la escala de los príncipes en el Peñón, se

cuidaron muy mucho de que el yate Bri-tannia, en el que la reina volvía dé una visita oficial a Argelia, no

ya recalara en la Roca, sino ni siquiera atravesara el Estrecho. Por temor a que las manifestaciones pro

británicas de los gibraltareños irritaran a nuestro país, el Foreign Office pidió a reina que volviera avión.

Por aquel entonces estaban aún frescos los acuerdos de Lisboa a que llegaron lord Carrington y Marcelino

Oreja. Ahora que las negociaciones están en punto enormemente complejo y delicado, el Foreign Office

se vuelve torpe y no es capaz de calibrar de antemano la reacción española. Resulta extraño que en

octubre fueran tan hábiles y justo en este momento se porten como novatos.

 

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