Autor: Sánchez-Gijón, Antonio. 
   Gibraltar y Malvinas: ni tan distintos ni tan distantes     
 
 ABC.    08/04/1982.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

4/ A B C OPINIÓN JUEVES 8-4-82

Gibraltar y Malvinas: ni tan distintos ni tan distantes

No ha interpretado bien el Gobierno español el sentimiento de la gente, al, abstenerse nuestro

representante en el Consejó de Seguridad de las Naciones Unidas en la resolución que pedía a

la Argentina la retirada de sus fuerzas de las islas Malvinas. La gente hubiera esperado que

nuestro Gobierno rechazase esta demanda. Tampoco tiene razón el señor Calvo-Sotelo

cuando dice que el asunto de las Malvinas y el de Gibraltar son distintos y distantes. Si como él

dice no cabe establecer paralelos por la distancia, la historia y la población de los dos

territorios, sí cabe establecerlos en el terreno diplomático y político, como veremos después.

Una cosa es renunciar al uso de la fuerza en el caso de Gibraltar y otra muy distinta, negar que

la fuerza tenga un papel legítimo en el sistema internacional, como aparece implícito en la

abstención española. Si la fuerza no pudiera ser empleada por los más débiles, cuando las

circunstancias de tiempo y lugar tes son favorables, el mundo no sería más que el predio de los

fuertes, y eso no sería bueno ni para el orden internacional ni para el progreso de la

Humanidad. En esta sociedad española de nuestros dolores, ninguna institución, ni las Fuerzas

Armadas ni mucho menos el Gobierno o la oposición, parecen tener una idea muy concreta del

lugar que la fuerza legítima de un Estado puede ocupar en el sistema internacional, ni conciben

siquiera que la fuerza tenga unos usos políticos y diplomáticos muy precisamente definidos.

Pero tratemos de probar que los casos de las Malvinas y de Gibraltar no eran distintos ni

distantes en la semántica de la diplomacia, aunque fueran redactados con sintaxis diferentes.

Ambos casos fueron incluidos al mismo tiempo (diciembre de 1965) en la agenda

descolonizadora de las Naciones Unidas. La resolución 2065 invitaba a Argentina y a Gran

Bretaña a proseguir «negociaciones» en torno a «la soberanía», teniendo en cuenta los

«intereses» de los malvinos; la 2070 era de mucho menor alcance: invitaba a España y a Gran

Bretaña a iniciar «conversaciones», que debían resultar en «negociaciones», en torno a la

«aplicación de la declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos

coloniales» al caso de Gibraltar.

En aquellas fechas los aspectos más afrentosos de la agresión británica a las Malvinas

quedaban muy atrás en la Historia: 1833, fecha de la ocupación de las islas; a España le

quedaba todavía sufrirlos. En efecto, fue en mayo de 1966, con la oportunidad exquisitamente

elegida de la visita del ministro español de Asuntos Exteriores a Londres, cuando Gran Bretaña

anunció que consideraba la zona neutral del istmo de Gibraltar territorio de su soberanía. La

vigorosa acción diplomática española de entonces permitió remediar algo el atropello, aunque

ello conllevase un aumento fulminante de las tensiones entre los dos países: así se obtuvo la

aprobación de la resolución 2353,que incluía un mandato explícito de «negociación» y

establecíale! principio por el cual debía llevarse a cabo la descolonización: el de la integridad

territorial, que en el caso de la resolución 2065 sólo se hallaba implícito.

¿Qué pasaba entretanto con el ejercicio descolonizador argentino-británico, en que Buenos

Aires se hallaba políticamente en mejores términos que España, aunque no tan claramente

respaldado diplomáticamente? Se había iniciado un proceso de contactos, que los ingleses se

obstinaban en llamar conversaciones y que los argentinos querían convertir en negociaciones

sobre la sustancia del asunto, la soberanía. Los británicos insistían en la importancia de

progresar en la cooperación económica entre tos dos países, como parte importante del

proceso; Argentina siguió este Camino durante bastante tiempo, resolviendo los problemas de

comunicación de los isleños, construyendo, por ejemplo, la pista aérea de Port Stanley, que ha

servido para el desembarco militar argentino en fechas recientes. ;¿Qué quedaba de la

cuestión de la soberanía al cabo de diez años? En 1976 el primer ministro Callagham decía

que la discusión de la soberanía de las Malvinas le parecía una cuestión «estéril»; para

Inglaterra lo importante era ahora el deseo de autodeterminación de los malvinos.

¿Posición firme y definitiva de Gran Bretaña? No, por Dios. Un encomiable sentido económico

aconsejó a Gran Bretaña, un cambio de orientación, a raíz de que la misión Shackleton sobre el

futuro de las Falkland (Malvinas) descubriese que las que se estimaban ingentes riquezas de la

región no podrían ser explotadas sin la cooperación argentina. Este informe pareció inspirar al

Foreign Office desde entonces, y fruto suyo fue la declaración argentino-británica de 23 de

febrero de 1977, por la que los dos países se comprometían a abrir «negociaciones», según la

resolución de las Naciones Unidas, teniendo en cuenta «los intereses», (¿dónde se habían

quedado los deseos?) de la población. Aunque, eso sí, todo el proceso debía ir acompañado

otra vez más de la cooperación económica entre los dos países en la zona.

Este comunicado se parece en dos puntos a la declaración Oreja-Carrington de Lisboa, de 10

de abril de 1980: en ésta se aplica a Gibraltar, por primera vez, el principio de las

negociaciones y se pone también el énfasis en la importancia de la cooperación. En otro punto

se diferencian, sin embargo: mientras el comunicado argentino-británico habla, como hemos

dicho, de los «intereses», en el. hispano-británico aparece nítidamente reafirmado el

compromiso inglés de respetar «los deseos libre y democráticamente expresados de la

población de Gibraltar». No hay duda de que para Londres era más fácil torear el toro español

que bailar el tango con una porteña algo esquiva El caso es que,al fin y a la postre, Gran

Bretaña, nunca se mostró suficientemente satisfecha de la marcha de la cooperación con

Argentina como para negociarla soberanía.

La verdad irreductible de la cambiante posición británica resultó ser aquel calificativo de

«estéril» aplicado a la discusión de la soberanía de las Malvinas. ¿Llegaremos alguna vez a

que en el caso de Gibraltar la discusión de la soberanía sea una cuestión fecunda? El Gobierno

español, el Gobierno de UCD, así nos lo asegura. Habrá que verlo. Por lo pronto ya ha sonado

la palabra «estéril» una vez aplicada a la exigencia española de un trato no discriminatorio para

los españoles en Gibraltar. ¿Qué se puede decir del retorno del presidente del Gobierno,

Calvo-Sotelo, con las seguridades verbales de que «él derecho de pernocta de los españoles

en Gibraltar estaba asegurado? En el mejor de los casos ese supuesto derecho equivale sólo a

que a los españoles no se aplique el insidioso «apartheid» local, resultante de los poderes del

gobernador, no a una verdadera reciprocidad de los derechos que gibraltareños y británicos, o

cualquier otro extranjero, disfrutan en España.

Lo que transpira en todo esto es el tema de la libertad de acción de los Estados; el argentino ha

creído disponer de toda la necesaria, incluso la de usar la fuerza. El español no sólo ha

renunciado a ésta, sino que ni siquiera se ha sentido con ganas de exigir que se dejase sin

efecto la anexión del istmo de Gibraltar u obtener garantías escritas y constitucionales (de la

Constitución de Gibraltar) de que no había discriminaciones contra los españoles, como no las

va a haber para los gibraltareños en España.

¿No habrá un punto medio de acierto en la actuación del Estado, tal como la interpreta el

Gobierno de UCD, entre enviar la flota al estilo argentino y enviar al director del centro de

convenciones de Torremolinos a la zona del Campo de Gibraltar para encarnar los intereses

del Estado español y para hacer además algo de campaña electoral pro UCD en los ratos

libres? Dentro de unos años (esperemos que no sean los diecisiete que ha tenido que aguardar

Argentina:), Ia respuesta—Antonio SANCHEZ-GIJON.

 

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